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  • Se espera un amplio debate por el aumento de las tarifas del agua

    17/8/2010
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    El Cuerpo Legislativo mantendría mañana en la tarde una reunión conjunta a fin de que cada uno de los ediles fije su posición en torno a la solicitud de Aguas de Zárate (AZSA) de modificar el cuadro tarifario de los servicios sanitarios.
    El encuentro sería a puertas cerradas, según informaron fuentes parlamentarias, y abriría un debate que en los últimos meses se vio opacado por la reforma fiscal e impositiva que comenzará a efectivizarse el próximo mes.
    Mientras las autoridades de AZSA muestran a diario su preocupación por la situación económico financiera de la empresa, llama la atención de los concejales la relajada posición del Ejecutivo municipal como accionista mayoritario de la entidad y porque, hasta el momento, no ha logrado concluir la renegociación de la deuda que la empresa mantiene con la Cooperativa de Electricidad  en concepto de provisión de energía para las bombas.
    Es precisamente ese uno de los interrogantes de un amplio sector de la oposición dentro del Concejo Deliberante. El destino que la concesionaria de los servicios daría a la nueva recaudación, de aprobarse el aumento,  sería uno de los puntos que se trataría en la reunión de mañana. El saldo de una parte de la deuda con Cooperativa Eléctrica tendría mayor prioridad que la inversión en nuevos pozos de bombeo dentro de la agenda de AZSA, señalan algunos ediles.
    La empresa se encuentra desfinanciada y las principales razones tienen que ver con dos puntos claves aún irresueltos, la morosidad y el atraso en las tarifas. La prestación ha estado siempre al borde del colapso y no ha sido nunca óptima. Por estas razones las autoridades de AZSA reiteraron su pedido para la actualización de la tarifa proponiendo, por ejemplo, duplicar el precio del metro cúbico de agua de 0,35 a 0,70 centavos, lo que elevaría el costo para los usuarios de 28,49 pesos mensuales a 58,52 pesos por mes.
    La medida, según sostienen desde la empresa, permitiría superar el estado de emergencia en el que se encuentra la prestación, tanto de agua como de cloacas, aunque el problema de fondo, generado por el desfinanciamiento de la empresa, requerirá otras alternativas para ser superado.
    Mientras tanto, la prestataria se enfrenta casi todos los días a problemas de salida de servicio de pozos que dejan sin agua a distintos barrios de la ciudad y desbordes en el sistema cloacal. La semana pasada se acumularon varias quejas por olores nauseabundos y presencia de efluentes cloacales en el zanjón del ex ferrocarril Urquiza proveniente de un caño roto en la zona cercana a la avenida Lavalle.
    Estos y otros disímiles inconvenientes por los que atraviesa la empresa, a los que también puede nombrarse dilemas con sus trabajadores, ponen en duda la viabilidad de AZSA en los 26 años que le quedan de concesión. Desde su creación en 2006, no ha logrado conservar un balance positivo.
    ONCE POZOS DEBERIAN QUEDAR FUERA DE SERVICIO
    Al menos tres ya deberían haber dejado de funcionar. Se trata de los pozos N° 8 (Córdoba y Dorrego), 10 (Anta y Bolívar) y 13 (Gallesio y Ameghino). Sin embargo, aún no han sido desarticulados definitivamente.
    Pero otros ocho pozos de bombeo deberían salir de servicio a la brevedad. Estos son los número 1 (Alem e Yrigoyen), 3 (Ameghino y Conesa), 5 (Laprida y Justa Lima), 6 (Mitre y Lavalle), 15 (Juan B. Justo y Anta), 27 (España y Espano), 28 (Almafuerte y Larrea) y 29 (Calle 34 y Valentín Alsina).
    Son once en total y la inversión necesaria para lograr sus reemplazos es de aproximadamente 300 mil pesos por cada nueva perforación. Algo que la empresa ni el Municipio por sí solos o por separado estarían en condiciones de desafiar.
    Si bien con los trabajos realizados en la zona oeste de la ciudad se prevén mejoras en las prestaciones de agua potable en los barrios del lugar, problemas de distintas magnitudes se advierten en el casco viejo de la ciudad, incluido el centro, por la falta de este tipo de inversión.
    MANTENER EL MODELO PRESTADOR
    Al traspasar los servicios de agua y cloacas de Cooperativa Eléctrica a una empresa de mayoría accionaria estatal, la premisa era la recuperación del rol del Estado municipal en la gestión del servicio y avanzar en la ampliación de los servicios sanitarios. Puntos que no se han logrado a cuatro años de creación de AZSA.
    Algunas obras se han encarado pero, el contexto en el que se anunciaron e iniciaron y el freno puesto en varias de ellas, hacen dudar sobre su posible conclusión y la llegada concreta de solución a los problemas inmediatos de la comunidad.
    El término de duración de la empresa es de 30 años con posibilidad de prórroga pero los problemas que afronta ponen en duda su continuidad como tal o al menos en los términos en los que ha funcionado hasta ahora. El año pasado egresó más del 65 por ciento de lo que ingresó a las arcas de la prestataria. De lo recaudado, sólo el 5 por ciento se invirtió en obras, del resto, un 45 por ciento fue a gastos de personal y un 18 por ciento a electricidad. Lo demás se distribuyó en gastos operativos, gastos comerciales y financieros, impuestos y otros.
    La empresa esta compuesta por tres tipo de acciones, las clases “A” y “B” que representan el 90 por ciento del total y son de titularidad de la Municipalidad y las acciones correspondientes a la clase “C”, que representan el 10 por ciento y pertenecen en régimen de propiedad participada a los empleados.
    Sin embargo, las primeras, que representan el 51 por ciento del capital social, no pueden ser transferidas, mientras que las  acciones clase “B” sí pueden transferirse en forma onerosa, previa aprobación del Concejo Deliberante.
    Si bien por el momento no es una alternativa la posibilidad de traspasar la empresa a manos privadas ya que se intenta mantener el modelo prestador a toda costa, los problemas de viabilidad del sistema como tal dejan esa alternativa abierta, aunque sea como último recurso. No obstante, la transferencia de las acciones de tipo “B” surge como eventual opción ante la adversa circunstancia aunque se reconoce que nadie querría invertir en una empresa que ha resultado deficitaria.

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