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  • Secuestran a una mujer, le roban el auto y la dejan en un descampado

    16/3/2011
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    La actividad delictual en Zárate no ha mermado y se agravan las modalidades empleadas por los delincuentes para cometer los hechos que dejan a la comunidad sumida en un estado de paranoia e impotencia que altera el orden social.
    El viernes pasado, una vecina de la ciudad fue víctima de un secuestro y robo. Alrededor de las 19.50 horas, al llegar a su casa ubicada en inmediaciones del Juzgado de Menores, en Belgrano y Máximo Paz, fue abordada por delincuentes a mano armada. Se subieron a su auto y la obligaron a permanecer en el mismo hasta que la abandonaron en Campana.
    Según informó la propia víctima a LA VOZ, el hecho sucedió cuando estacionó su vehículo frente a su domicilio. En ese momento observó que otro auto, de color rojo, estacionó a la par del suyo, en doble fila. Descendieron dos sujetos que, intimidándola con un arma de fuego, le exigieron que abriera la puerta. La empujaron al asiento trasero y comenzaron a manejar, mientras el otro vehículo, en el que quedó solo el conductor, los seguía de cerca.
    Bajo constantes amenazas la llevaron hasta la localidad de Campana, donde la dejaron en un descampado cercano a la unidad penitenciaria.
    “Caminé hasta la primera casa que encontré”, dijo la mujer, “ahí me ayudaron y me llevaron hasta el destacamento policial más próximo donde radiqué la denuncia”.
    La vecina, a quien no es la primera vez que asaltan, describió el miedo que la invadió en el trayecto del viaje y la impotencia que sintió al no poder actuar desde el primer momento. “Pasaban personas por mi vereda pero nadie se dio cuenta, vivo frente al juzgado, donde hay guardias de seguridad”, expresó.
    “Lo vivido me lleva a advertir a las demás personas que se cuiden, les dije a mis vecinos y todos conocen hechos de inseguridad en Zárate, es grave”, agregó.
    No se equivoca al sostener que no hay persona en la ciudad que no haya sido víctima de un hecho delictivo o que conozca a alguien cercano al que le haya sucedido.
    Al igual que a ella, otros dos hechos de similares características ocurrieron durante el verano, al menos dos que hayan trascendido ya que, cabe remarcar, que en materia de seguridad se aplica la teoría del iceberg, donde sólo un décimo de lo que sucede es visible, el resto por distintas razones se hace imperceptible.
    Uno ocurrió los primeros días de enero. Un joven que llevaba a su novia a la casa fue abordado por dos motocicletas tripuladas por cuatro sujetos. Dos de ellos se bajaron e intimidándolos con armas de fuego los obligaron a pasarse al asiento trasero. Minutos más tardes, los dejaron abandonados en el viejo camino a Lima. Del mismo modo, una mujer que descendía de su camioneta para guardarla en una cochera céntrica fue amenazada con arma, la secuestraron y la dejaron a la deriva lejos del casco urbano.
    En los tres casos, los delincuentes se llevaron los vehículos. Incluso, en el hecho más reciente, los delincuentes le aclararon a la mujer que “solo querían el auto”.
    No todas las personas víctimas de ilícitos hacen la denuncia, ni formal ni pública, principalmente por temor. Eso crea una falsa realidad en la que se escudan los organismos oficiales a la hora de hablar de seguridad y dar cifras al respecto.
    Las fuentes policiales solo reconocen los delitos registrados en sus dependencias pero ¿a caso el resto dejan de ser delitos y los que los sufren víctimas?
    Hay una cifra negra que solo parece conocer el vecino común, que es el que sufre a diario las consecuencias de una delincuencia que no disminuye. No porque no haya denuncias dejan de suceder delitos, los cuales se ponen en evidencia solo cuando ya es muy tarde, cuando los mecanismos de prevención fallaron.

    TIRAN PIEDRAS EN PANAMERICANA

    En la madrugada del sábado, aproximadamente la 01.30 – fue asaltado un auto que se circulabapor la Panamericana en el carril hacia  Capital ,a la  altura del Km 67 a la altura del Puente de Otamendi, en el que viajaban dos matrimonios, vecinos de Campana.
    Según relatan los protagonistas de lo que fue una odisea de horror, cuando circulaban por la ruta, se encontraron con una piedra por lo que  el conductor trató de esquivarla perdiendo el control del rodado por evitar que lo chocara un auto que venía detrás. Luego pudo frenar unos metros más adelante, verificando que la rueda estaba rota.  Fue cuando el conductor y el otro hombre que viajaban  caminaron unos metros para ver contra qué habían chocado, y luego decidieron volver al auto a cambiarla la rueda  Cuando estaban en ese trámite, aparecieron tres individuos portando armas largas y cortas, encapuchados ,quienes tras amenazarlos les sustraen todo el dinero que tenían los cuatro, se apoderan de las carteras de las señoras, relojes, celulares y todos los documentos- tras lo cual huyeron internándose en el campo.
    Las víctimas intentaron pedir auxilio pero nadie detenía su vehículo hasta que una pareja con un niño  quienes circulaban en moto  por la colectora  se les  acercó y desde su celular pudieron llamar a la policía y a una remisería que les prestaran una llave cruz. Según relataron, el motociclista les comentó que paró porque hace unos días a su padre le había posado lo mismo y que es una zona donde se perpetran son frecuentes estos tipos de asaltos.
    Según comentaron la Policía cuando llegó les dijo que no podían hacer nada porque los asaltantes habían huido por el campo.  A la mañana siguiente,  los damnificados fueron a recorrer el lugar y encontraron una bolsa con os documentos y tarjetas de crédito robadas.
    El hecho es de suma gravedad y una seria advertencia para quienes circulan por la panamericana que se ha convertido en tierra de nadie ya que no hay patrullaje policial ni de la empresa concesionaria del peaje. Hace poco más de un año, en la misma autopista en Zárate, a la altura de la calle Pellegrini con la misma modalidad, fue asesinado el joven empresario Federico Perau  por varios delincuentes que armados salieron d e un campo y le dispararon mortalmente tras intentar detener su camioneta en la que viajaba con su familia,  para robarle tirando piedras en el pavimento. Sobre este caso, no hay detenidos ni sospechosos, una investigación policial-judicial que pese a los reclamos de la familia de la víctima parece que quedó abandonada.