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  • Prisión perpetua para el asesino de Bautista González

    1/5/2012
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    El 28 de mayo del año 2009, el cuerpo de Bautista Enrique González fue encontrado en un descampado a metros de la Ruta Panamericana. Su familia había avisado tres días a la policía que no había vuelto a su casa y toda la fuerza lo estaba buscando.
    Personal policial pudo dar con el cuerpo tras la confesión de un conocido de la víctima, Ángel David Surraco, de quien se sospechaba era el autor del disparo que presentaba González en su cabeza. Al entregarse dijo a los investigadores que el arma se disparó en forma accidental.
    El viernes, a casi tres años, el Tribunal Oral Criminal N° 2 lo condenó a prisión perpetua. Fue encontrado culpable del delito de “homicidio criminis, causa agravado” por el uso de un arma de fuego.
    El Tribunal que integran los doctores Liliana Miriam Dalsasso (presidente), Daniel Claudio Roppolo y Elena Beatriz Barcena, encontró a Surraco, de 26 años, como culpable del homicidio y lo condenó a la máxima pena que establece el código penal de la provincia de Buenos Aires, desestimando la petición de la defensa del imputado que pedía considerar al hecho como accidental. Según postuló el abogado defensor durante las audiencias el joven había disparado sobre González de forma accidental en medio de un juego amoroso sadomasoquista.
    El homicidio se produjo en la noche del sábado 23 de mayo de 2009, cuando el ahora condenado le efectuó un disparo en la cabeza a González, luego de mantener relaciones sexuales dentro del Fiat 147 de la víctima. El joven trasladó el cuerpo hasta una zona descampada ubicada a un costado de la Ruta Panamericana, a la altura de la planta de Isenbeck en Zárate.
    Allí lo arrojó y luego llevó el auto hasta el barrio Santa Lucia de Campana, donde intentó contactar a quienes le iban a comprar el auto. Pero estos, al constatar que había sangre en el asiento del vehículo, no lo quisieron; por lo que el joven pidió ayuda a otros conocidos del barrio y desmantelaron en la madrugada de ese domingo el vehículo, dejando los restos del mismo escondidos en un campo vecino al barrio.
    La policía encontró el auto días después y luego de detener a los sujetos que habían participado del desarme del mismo, determinó que Surraco -quien se mantenía prófugo ocultó en una iglesia, según se estableció en el juicio- era el autor del homicidio, pero no sabían dónde estaba el cuerpo. Días después, acorralado por la policía, el joven se entregó y confesó el hecho indicando donde estaba el cuerpo.
    “La actuación del atacante fue con intención y con la finalidad de hacerse del auto de la víctima”, aseguró el Tribunal en su fallo. “No fue un disparo producto de una imprudencia al manipular el arma para jugar, sino todo lo contrario”, asegura el veredicto en donde se da por probado que Surraco le disparó a González -con quien sí era cierto mantenía una relación sentimental- para sustraerle su automóvil Fiat 147, el cual ya había ofrecido a un comprador que lo quería para poder utilizar algunas autopartes en su vehículo de la misma marca y modelo.
    “El imputado mató a la victima para quedarse con su auto, para cuyas autopartes ya tenía un interesado que se las compraría”, consideraron los jueces, encuadrando de esta manera el delito de homicidio criminis causa, es decir cuando se mata para tapar otro delito”, concluyó el Tribunal en su fallo.