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  • La comuna debe financiar obras anunciadas por Nación

    10/9/2014
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    Las obras financiadas por el gobierno nacional en Zárate representan un ejemplo más de cómo el propio peso burocrático del Estado nacional se desploma sobre los municipios bajo el lema “cortoplacista” de “empecemos la obra y luego veamos cómo hacemos”; dando cuenta de que no hay planificación, por más que las obras las haya anunciado el ministerio de Planificación Federal.
    Abril del 2009, año político. El titular de aquella cartera, Julio De Vido, desembarcaba con una comitiva ministerial, nunca antes vista, al palacio municipal. Y ante un salón de actos colmado anunció una batería de obras millonarias para Zárate por 36 millones de pesos; arrogándose así características históricas, como de quien viene a salvar una ciudad del ostracismo y la decadencia eterna. Finalmente, el tiempo demostró que la campaña de prensa superó al desempeño y la voluntad puesta en las obras anunciadas, motivo de su visita.
    En la calle, muchos vecinos se preguntan qué sucede con las obras que tardan tanto en terminarse y, en definitiva, para qué agregan un plazo que nunca se cumple. Y para eso hay una sola explicación; más allá de algún problema particular con ciertas empresas que llegaron a Zárate, causalidad mediante, con el paquete de obras de De Vido.
    El inconveniente es que el Gobierno nacional gira los recursos a “cuentagotas” y que todas las obras anunciadas, y financiadas por el gobierno kirchnerista tienen un “monto fijo”. Esto quiere decir que una obra se presupuesta en 5 millones de pesos, por ejemplo, y el gobierno solamente se limita a enviar ese monto pero no todo junto, sino en “cómodas cuotas”. Lo curioso es que estos montos no se adecúan a la inflación anual y no existen las readecuaciones. Entonces a los dos meses, este perverso mecanismo, comienza a generar problemas. Las empresas no cobran, se corta la cadena de pagos, la obra se detiene y tiene que salir el Municipio a solventarlas con el erario público para avanzar. Sucedió con todas las obras financiadas por el gobierno nacional.
    “Muchas veces hay problemas con las propias empresas y también pasa que transcurre mucho tiempo entre la certificación de obra y el cobro de la empresa de ese certificado para iniciar cada proyecto. Lo cierto es que el gobierno nacional gira los recursos en una cuenta, y quizás pasan 2 ó 3 meses en reunir los fondos suficientes para avanzar con la obra, por lo tanto el avance depende de esa racionalidad que se tiene en los pagos. Además, se trata de todas obras con monto fijo y ya en 2 meses se pierde el valor de lo presupuesto en primera instancia. Por lo tanto, algunas empresas no tienen espalda financiera para soportar ese desfasaje de costos y allí tiene que aparecer el Estado municipal. Por lo tanto se genera una logística y una movida burocrática aparte para refinanciar la obra”, explicó a LA VOZ el intendente Osvaldo Cáffaro, sin ningún tipo de tapujo.
    Es sabido que este gobierno comunal apoya al gobierno nacional pero no disimula estos mecanismos que lleva a tener como ciudad un inmenso obrador, de calles cortadas, con una sensación de “en obra permanente”. Muchas de ellas en proceso de ejecución desde hace cinco años.
    “Entonces es el Estado municipal quien sale a complementar los recursos que faltan. Pero para ello hay que realizar todo un proceso de ampliación de obra, de pedir permiso a la Nación y demás gestiones”, agregó Cáffaro. Claro está que todo esto complota con la terminación de la obra.
    Vale aclarar que el intendente, mientras explicaba esta operatoria, no lo expresaba como una crítica al gobierno nacional sino como un proceso natural, como una regla de juego propia planteada por el gobierno nacional.
    “Lo que quiero dejar bien en claro para todos los vecinos es que todas las obras iniciadas se concluirán. Todo lo que se empezó está terminado o en vías de terminarse, falta la terminal de ómnibus de la rotonda, el centro cultural de calle Brown, el Camino Viejo a Lima, que está a punto de terminarse, y aún restan algunos desagües pluviales pero se trata de todos montos ínfimos”, concluyó el intendente.

    En virtud de este proceso, las obras que llegan al distrito para solucionar un problema específico se vuelven sobre sí mismas y generan otros problemas endémicos, propios de estos mecanismos. Aquel viso de “histórico” que se le quiere dar a estas baterías de obras financiadas por el gobierno nacional no es acorde a lo que terminan siendo en la realidad.
    De aquí surge la certeza ineludible que son los propios ciudadanos zarateños que, con sus impuestos municipales, financian la obra dado que el propio gobierno comunal termina solventándolas. De hecho, haciendo un rápido cálculo matemático y teniendo en cuenta la inflación, cabría preguntarse quién puso más en las obras iniciadas desde el 2009, el gobierno nacional o el gobierno comunal.
    De aquel tiempo ni los carteles políticos-técnicos anunciando la obra quedan en pie. Como corolario, está claro que en este sistema y en este contexto inflacionario, la variable del tiempo no está del lado de los vecinos.

    Año 2009: el ministro De Vido anunciaba junto a  Cáffaro un millonario paquete de obras para la ciudad.

    Año 2009: el ministro De Vido anunciaba junto a
    Cáffaro un millonario paquete de obras para la ciudad.

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