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  • Con una ecografía a tiempo, se pueden detectar el 45% de las malformaciones de los bebés

    11/11/2014
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    En la actualidad, cuando de asegurar la buena salud tanto de la mujer embarazada como del bebé por nacer se trata, existen dos clases de estudio de diagnóstico prenatal: los no invasivos y los invasivos.
    Ambos permiten identificar tempranamente aquellos pocos embarazos que tienen una patología materno-fetal o un mayor riesgo de desarrollarla, con la intención de ofrecer cuidados perinatales de alta complejidad para mejorar los resultados. Por otro lado, en la gran mayoría de los casos, brindan a los padres la tranquilidad de que su bebé se desarrolla normalmente.
    “Entre los no invasivos se encuentran las E1 y E2, nombre con el que hemos designado a las dos ecografías de screening más importantes del embarazo desde que, en el año 2009, comenzó a funcionar en el Hospital Universitario Austral (HUA) la Unidad de Medicina Fetal. Screening, por su parte, se llama al o los estudios que se ofrecen universalmente a una población para identificar tempranamente pacientes con patología o factores de riesgo”, postuló el Dr. Adolfo Etchegaray, jefe de la Unidad.
    “Dado que todos los embarazos presentan cierto riesgo de tener complicaciones fetales o maternas, los estudios de cribado o screening prenatal actúan como ‘filtro’, lo que permite separar tempranamente a las pacientes con mayor riesgo de las de bajo riesgo, y por ende concentrar los recursos médicos en aquellas embarazadas que más los necesitarán y ‘desmedicalizar’ o intervenir lo menos posible los embarazos que se desarrollan normalmente. Pero para que esta estrategia funcione, es importante que todas las pacientes sean cribadas tempranamente en el embarazo, ya que algunas de las intervenciones profilácticas sólo son efectivas si se las aplica a edades gestacionales precoces”, destacó el especialista.
    Detalles de las ecografías
    La E1 tiene como objetivo obtener de forma fehaciente la edad del embarazo, revisar en detalle la anatomía temprana del feto, evaluar el riesgo de que el bebé esté afectado por una enfermedad cromosómica, y saber si la mujer embarazada tiene riesgo aumentado de problemas placentarios como la preeclampsia y la restricción de crecimiento.
    Además, mediante la E1 es posible detectar el 45% de las malformaciones mayores; e implementar intervenciones profilácticas en las mujeres con alto riesgo, que sólo han demostrado ser efectivas si se aplican antes de las 16 semanas de gestación.
    “Por su parte, los objetivos de la E2 son reevaluar la anatomía con un especial interés en el corazón (ecocardiografía), el cerebro (neurosonografía) y otros sistemas como el respiratorio y el urinario (ecografía morfológica detallada), así como también evaluar por primera vez el crecimiento fetal y la función placentaria mediante el estudio del flujo en las arterias uterinas, para de esa forma decidir cuál es el mejor esquema de seguimiento del crecimiento basado en una evaluación objetiva del riesgo de insuficiencia placentaria”, detalló el Dr. Etchegaray.
    Por último, aunque no menos importante, este estudio incluye la medición por vía transvaginal del cuello uterino (cervicometría) que es el mejor método para identificar a las mujeres con mayor riesgo de parto prematuro espontáneo, y por ende actuar precozmente para evitarlo.
    En cuanto a los tiempos, el especialista refirió: “La E1 combina un análisis hormonal que se realiza entre las 9 y 13 semanas, con una ecografía especializada que debe realizarse entre las 11 y 13 semanas. Por su parte, recomendamos hacer la E2 entre las 20 y 24 semanas”.
    Cabe destacar que todos estos estudios deben ser realizados por operadores certificados por la Fetal Medicine Foundation, una entidad inglesa que certifica y audita internacionalmente a los médicos habilitados para realizarlos.
    Otros estudios
    Desde 2013 también están disponibles estudios de screening con ADN fetal en sangre materna, que tienen una tasa de detección mayor al 99% para las enfermedades cromosómicas más frecuentes. Estos estudios pueden realizarse desde la semana 9 de gestación y las muestras se envían al exterior.
    Otros, considerados según la clasificación del comienzo como invasivos, son la resonancia magnética fetal que se utiliza en algunos casos de malformaciones para obtener más información sobre la naturaleza del defecto y el pronóstico; así como también procedimientos para analizar los cromosomas fetales como la amniocentesis y la biopsia corial.
    “En casos especiales, realizamos punciones del cordón umbilical (cordocentesis) para el estudio de anemia y otras enfermedades fetales. Además, en la Unidad se realizan procedimientos terapéuticos fetales como la colocación de catéteres de derivación en caso de obstrucciones urinarias o quistes pulmonares, transfusiones fetales para fetos con anemia y drenajes de líquido amniótico cuando este se encuentra en exceso y genera riesgo de parto prematuro”, consignó el especialista y agregó: “Este año comenzaremos a ofrecer –en colaboración con el Children´s Hospital de Cincinnati- tratamientos quirúrgicos innovadores mediante endoscopia fetal para algunas patologías fetales severas”.

    ecografia