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  • Hermanas Pasionistas: Apoyo e inclusión para los más chicos

    20/3/2015
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    En el año 1997 llegaron a la Zarate en busca de un lugar donde continuar su misión, con un grupo conformado por personas de diferentes puntos del país. El barrio Matadero fue el elegido por la Congregación de las Hermanas Pasionistas, tras conseguir una casa a través de sus vínculos con los Padres Salesianos.
    “Geográficamente el barrio era distinto, antes no estaba tan urbano. Y cuando vinimos a vivir acá, teníamos en claro que no queríamos repetir cosas que se hacían en la Parroquia”, explica Roxana, una de las Hermanas Pasionistas.
    Por esta razón, el grupo conformado por una hermana mayor y tres hermanas jóvenes, pasó alrededor de dos años observando el lugar, las costumbres, las necesidades y la idiosincrasia de los habitantes del barrio, con el único objetivo de lograr un análisis que permita identificar su lugar dentro de la comunidad.
    “En esa observación, vimos que los chicos estaban siempre en la calle, y una de las hermanas tenía la costumbre de sentarse en la esquina y tomar mates de leche con ellos. Y ahí surgió el tema con ellos y dijimos que algo había que hacer”, relata la hermana.
    A través de ese análisis, el grupo de hermanas identificó un patrón, una problemática repitente que dio el puntapié para abrir un espacio de inclusión y contención hacia los seres más vulnerables de la sociedad: los niños.
    Las intenciones, vigentes hoy en día, siempre fueron de brindar un lugar donde los chicos pudieran hacer sus tareas, tener alguien que los escuche, los acompañe, que les preste atención y los incentive.
    Ante la necesidad de contar un inmueble donde llevar a cabo su misión, las Hermanas Pasionistas se comunicaron con los Padres Salesianos, quienes les cedieron la capilla del barrio, ubicada a pocos metros de la casa comprada por la Congregación.
    Con el correr del tiempo, y luego de la integración en el barrio, los chicos comenzaron a acercarse y a adoptar las actividades realizadas en “La Salita” de las hermanas, como método de vida, incorporadas a su rutina diaria.
    Actividad educativa
    “La Salita”, cuenta con aulas separadas, con su respectivo mobiliario, además del espacio destinado a área informática donde los chicos asisten a las clases. El cuerpo de docentes está compuesto por tres maestras, una profesora de educación física y un profesor de computación, que trabajan mancomunadamente con una coordinadora.
    “Los chicos ingresan a las cinco y media, de martes a viernes, toman la merienda y después empezamos con las actividades diarias. Brindamos apoyo escolar, ellos traen todas las falencias de la escuela y nosotras, como docentes, apoyamos y reforzamos en los que les cuesta más”, explica Mariana Suarez, docente.
    La lista de maestras se compone por Lujan Brelli (1º y 2º grado), Fernanda Medina (2º y 3º grado), Mariana Suarez (4º y 5º) y Yesica Iglesias (Ed. Física).
    “Es un lugar de integración para los chicos. Además de cubrir eso les damos talleres y un espacio de recreación”, señaló Fernanda Medina.
    Debido a la masividad de asistencia, desde el cuerpo docente debieron poner un límite al cupo, reduciéndolo a 20 chicos por curso, ya que una cantidad excesiva de niños, afectaría el propósito de la misión, siendo que es distinta la atención que se puede brindar en grupos grandes, en comparación con otros más reducidos.
    Un detalle que marcaron las docentes, es la diferencia en la actitud de algunos chicos que han manifestado cierta reticencia al asistir a clase en las escuelas, algo que no sucede con “La Salita”, donde concurren a diario y por propia voluntad. Esto, se ve reflejado regularmente cuando, antes del horario de ingreso, según cuentan, los niños ya se presentan en las puertas del lugar requiriendo el ingreso: “Entran y hacen todas las actividades que les damos”, afirman.
    La propuesta, trabaja relacionada a un programa similar en el barrio de San Cayetano, en Campana. Al respecto, Ximena Boggero, coordinadora docente, explicó: “Por un lado cuando uno puede reducir el grupo, puede hacer un tratamiento más personalizado. Por otro lado, es la educación de las chicas de prestar atención al niño que tienen adelante. Ellas eligen venir a trabajar acá, poner el cuerpo y aceptar trabajar con chicos que vienen con otras características económicas, sociales y con otras necesidades”.
    En lo que refiere a las adversidades que enfrentan a diario, las docentes señalaron que uno de sus mayores problemas recae sobre es la merienda y los útiles, ya que a veces resulta difícil afrontar tal gasto, considerando los recursos disponibles.
    “Necesitamos materiales para los talleres, temperas, hojas, plasticolas, acrílicos, pinceles y todo tipo de material didáctico. También nos hace falta calzado infantil”, detallaron y agregaron que sería bueno incluir recurso humano a la iniciativa, con personas que sepan dar talleres o puedan brindar a los chicos algún tipo de actividad y, así, fomentar el lema de “La Salita” y el apoyo escolar, que reza: “Dejen que los niños vengan a mí”.

    Yésica, Yoana, Mariana, Fernanda, Ximena, Luján, Axel y Nicole.

    Yésica, Yoana, Mariana, Fernanda, Ximena, Luján, Axel y Nicole.

     

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