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  • Narcóticos Anónimos: la voluntad del “solo por hoy”

    24/4/2015
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    Desde hace ocho años funciona en la ciudad un espacio para quienes hayan padecido algún tipo de adicción a las drogas, tal vez con poca divulgación, pero con férreos intereses en ofrecer a la comunidad, una manera de vivir sin drogas. El grupo se reúne lo sábados de 19 a 20:30 horas y los miércoles de 20 a 21 horas en la iglesia Nuestra Señora del Carmen, en Justa Lima 65.
    La propuesta gratuita y confidencial de Narcóticos Anónimos, compuesta por hombres y mujeres, busca brindar una solución para quienes el consumo de drogas se ha convertido en un problema grave con repercusiones en la vida social del adicto.
    “El único requisito para ser miembro es el deseo de dejar de consumir”, reza un volante del grupo. Y así es. El grupo se compone por adictos en recuperación que se han visto sumidos en la más terrible realidad que representa una adicción a algún tipo de drogas. No importa cuál haya sido la sustancia de inicio, ni su cantidad. En las reuniones de NA no se busca una clase ni una terapia de grupo, sino el simple hecho de compartir experiencias personales como parte de un programa de recuperación.
    La mecánica es similar a otros centros de recuperación, donde entre las premisas principales, se intenta establecer el reconocimiento de la enfermedad y la existencia de “un poder superior” como una fuerza que ayuda a mantenerse limpio.
    “El adicto es el que mejor puede entender y comprender a otro adicto”, explica Eduardo, miembro de NA. “Nosotros tenemos una enfermedad que no se cura, pero se detiene a través de no consumir y de practicar el programa”, agrega.
    La confraternidad es una asociación sin fines de lucro, que busca la abstinencia completa de todo tipo de drogas, a través de una serie de principios escritos en forma sencilla, a fin de seguirlos diariamente.
    En el grupo de Zárate participan alrededor de 15 personas y han realizado diferentes charlas en unidades penitenciarias y centros, como parte del programa de divulgación del mensaje.
    “Las drogas no son buenas ni malas, a mí me hacen mal, yo necesito ir a los grupos para mantenerme limpio”, señala Leandro, otro integrante del grupo.
    Una de las claves para el ingreso al consumo compulsivo de drogas, refiere a una serie de condiciones intrínsecas en la personalidad del adicto que llevan a “llenar un vacío” existente enel sujeto dependiente. Por otra parte, algo que reconocen quienes llevan adelante un proceso de recuperación, es que el alcohol, es una de las llaves de ingreso a la problemática.
    Quizá, lo más difícil de aceptar para el grueso de la sociedad, es el carácter de enfermedad que representa cualquier tipo de adicción, al tratarse de una necesidad que no obedece razones lógicas que amparen el consumo: “Siempre tuve una conducta adictiva, tal vez, cuando era chico no eran las drogas porque no tenía el uso, pero la compulsión se manifestaba con la comida, o problemas de sentirme solo y no encontrar un lugar de pertenencia. Siempre iba en contra de la corriente. Hoy lo estoy trabajando en el programa de NA y haber tocado fondo me hizo dar cuenta que mi problema empezó mucho antes. Nunca me sentí pleno con mi vida o mi entorno”, explica Leandro.
    Por otra parte, los miembros de NA aseguran que en un comienzo el consumo puede parecer divertido -aunque diferencian que no todas las personas tienen características adictivas-, pero que en un determinado momento, una vuelta de timón puede derivar en un problema que amenaza con destruir la salud y las relaciones del consumidor.
    “Mi vida giraba en torno a la droga y creía que era divertido, pero en un momento la gente que me vendía me decía: ¿otra vez viniste?”, cuenta Eduardo.
    Narcóticos Anónimos cumple la premisa de “lo que se dice en las reuniones, queda en las reuniones”, allí, nadie obliga a nada, no están afiliados a ninguna otra organización, ni grupo político o religioso. Cualquiera puede unirse sin importar raza, edad, identidad sexual o credo, la vocación es la de ayudar a quien acude en busca de contención.
    En relación al señalamiento que el adicto recibo por parte de la sociedad, Leandro sostiene: “El programa te ayuda a no darle el poder de tu vida a la palabra del otro, sino a valerte por lo que realmente sos”.
    Muchas veces, el adicto ha llevado su cuerpo a situaciones extremas, sin reparar en el impacto que tal acción genera en la integridad de la familia y de sus vínculos sociales: “Lo que me detuvo fue ver a mi familia destruida y verme destruido a mí, hice lo imposible para morirme consumiendo, siempre hubo algo que me trajo de nuevo”.
    En un punto, quizá el más crítico, quien sufre algún tipo de adicción goza de un breve espacio de lucidez donde puede decidir su rumbo, puede o no, elegir el cambio. Ahí, en ese punto, es donde todo se transforma en una chance, en una nueva oportunidad, de un día a la vez, sólo por hoy.

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