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  • El sacerdote Roberto Musante ofició la misa de San Cayetano

    8/5/2015
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    El sacerdote Roberto Musante volvió a Zárate para compartir ayer la misa anual de San Cayetano, como se realiza todos los días 7 de cada mes. Esta celebración fue importante también porque eran las vísperas de las fiestas patronales de Nuestra Señora de Luján.
    “Se dio la posibilidad de poder regresar a Argentina y la verdad es que es toda una alegría poder estar acá trayendo el cariño de la gente de Angola. Estamos en las vísperas de las fiestas de la Virgen de Luján, celebrando que hace ya 395 años que la virgen eligió quedarse con nosotros. Lo cual también es muy grato poder estar compartiendo esto en la conmemoración mensual de San Cayetano; pidiendo por el pan y el trabajo para nuestra tierra, para nuestra América Latina y también para el sufrido pueblo africano, muchas veces olvidado. Recordemos que 15 millones de esclavos fueron vendidos a América. Y bueno, para remediar esto nosotros elegimos la oración y renovar el compromiso con la gente necesitada”, comenzó diciendo el sacerdote Roberto Musante; un cura salesiano, argentino, que fuera ordenado en 1961 por monseñor Enrique Angelelli; preso y asesinado en la dictadura por su cercanía a las Madres de Plaza de Mayo.
    Actualmente lleva a cabo una importante obra misionera en la periferia de Luanda, en Angola, desde hace 9 años. Antes de radicarse allí peregrinó por Isidro Casanova, La Rioja y la Patagonia. Soñó con África, y se afincó definitivamente en el año 2006.
    Su trabajo en Angola
    Su labor misionera en África consiste en devolverle la esperanza a cientos de jóvenes angoleños sumidos en la pobreza extrema y ahogados en las drogas, fortalecer su autoestima y enseñarles un camino posible. “Estoy trabajando en una gran villa de emergencia, donde la gente se amontonó por la guerra, que duró 28 años. Somos 15 curas salesianos argentinos los que realizamos esta tarea en 13 comunidades de Angola. Sobre todo trabajan con adolescentes de hasta 15 años del sector más pobre y abandonado. El trabajo es estar y trabajar en la calle, por la noche acercándonos a ellos y convidándolos a alejarse de la calle y de las drogas. La idea es que adquieran un oficio y que se reconcilien con sus familias, de manera que algunos vuelven a sus casas con un oficio y otros emprenden una vida ya con un trabajo. Lo cual es muy gratificante. Y así seguimos en este camino, no solamente los salesianos sino muchos religiosos están tratando de que África siga adelante y, como siempre digo, siguen adelante porque son un pueblo muy religioso y que tiene el alma en los labios y en el corazón, por la manera en que ellos se aman y se quieren”, destacó Musante.
    “Les damos herramientas para enfrentar la vida; además de alfabetizarlos les enseñamos oficios y deportes para apartarlos de la única realidad que conocen y que los encuentran aspirando combustible, el equivalente al Paco argentino. Es un proyecto muy lindo, los chicos que quieren, tienen que venir por su cuenta y decidirse a dejar la droga y la calle, comenzar un nuevo camino de la mano de Jesús”, comentó el sacerdote.
    En una segunda instancia de este trabajo llevado a cabo por los salesianos, se procura la reconexión familiar mientras se les enseña un oficio. Quienes no cuentan con el apoyo familiar pasan sus días en el Complejo Don Bosco, a tres kilómetros de la capital anogoleña. Un lugar que para muchos es más que un refugio donde comer, dormir y educarse, es un espacio donde integrarse socialmente y donde ven la esperanza.
    Musante es adorado en el barrio donde trabaja y no hay nadie que no lo salude cariñosamente. “Quien sobrevive a la calle sobrevive a todo”, había mencionado en una entrevista anterior.
    Y los frutos se ven; la obra salesiana creció enormemente y a la escuela asisten más de 400 alumnos por día, distribuidos en tres turnos. Su otro gran paso fue montar un centro de salud, donde se atienden entre 10 mil y 12 mil personas al mes. La poliomielitis es la enfermedad más común.
    Amigo de Francisco y de la comunidad de San Cayetano
    “Siempre que volví de Angola me recibió con mucho cariño cuando aún no era Papa. Tengo una foto de cuando hacíamos el seminario, él de 13 y yo de 15, siempre la muestro porque es un orgullo tener un Papa amigo y con el perfil que le está dando a la Iglesia, renovada, pobre y para los pobres”.
    Musante estuvo visitando la ermita de San Cayetano, de Anta y Estrada, en enero del año pasado y regresó a África en febrero.
    Sin embargo volvió a su país y regresó también a Zárate, para compartir una misa junto a toda la comunidad de la ermita; con la que tiene un cariño muy especial. A su lado, como siempre, estuvo otro sacerdote muy querido por toda la comunidad religiosa local, Carlos Barbero.
    “Saludos a toda la gente de Zárate, que Dios lo bendiga y que piensen en que un día Dios no nos preguntará de qué religión fuimos sino que nos preguntará por el amor y el servicio que brindamos a nuestros prójimos. Aquel que hizo el Bien, Dios lo recompensará de alguna manera, ya que todo lo que hacemos por los pobres lo estamos haciendo por Dios”, concluyó el sacerdote Roberto Musante, nuevamente de visita por Zárate.

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