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  • Comenzaron las fiestas patronales de la Virgen de Luján

    9/5/2015
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    Un gran número de fieles participaron ayer por la tarde de la procesión y misa en homenaje a la Virgen de Luján.
    “Honramos a la Santísima Virgen saliendo por todo el barrio, reuniéndonos como sus hijos en este día festivo. La virgen nos debe unir, es nuestra Madre del Cielo, de nuestra Patria y de nuestra comunidad de Villa Massoni”, era el mensaje que se compartió ayer.
    La larga columna de fieles estuvo guiada por la imagen de la Virgen y terminó recorriendo gran parte del barrio de Villa Massoni.
    Luego, el padre Osvaldo Montferrand presidió la tradicional misa en una parroquia repleta de fieles.
    En realidad los festejos comenzaron por la mañana, cuando el Padre Osvaldo compartió una celebración litúrgica en el Instituto San Francisco de Asís con cientos de alumnos de todos los cursos, docentes y directivos.
    Los festejos continuarán hoy, con la Fiesta Diocesana de la Virgen de Luján. Será a partir de las 9 horas en la capilla Santiago Apóstol de Baradero, con reuniones de instituciones, procesión y misa, con la presencia de todas las comunidades de la Diócesis.
    Y mañana, domingo, el obispo Monseñor Oscar Sarlinga visitará la parroquia de Villa Massoni para celebrar la misa de las 10:30 horas.
    Virgen de Luján
    El 8 de mayo se celebra el día de Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina. Desde que fue erigido su primer santuario, el 8 de diciembre de 1763, a ella se encomendaron algunas de las figuras más importantes de la historia argentina, como Manuel Belgrano y José de San Martín. También rezaron a sus pies, entre otros santos, los beatos Pío IX y Álvaro del Portillo, y los santos Luis Orione, Juan Pablo II, y Josemaría Escrivá. Este último llegó a decir incluso: “Cuando me vaya, me quedaré a los pies de Santa María de Luján; ahí dejo mi corazón”.
    La imagen original de María, que desde las alturas y sobre el altar recibe la piadosa mirada de cientos de peregrinos a diario en la basílica, mide 38 centímetros. Está hecha de terracota y representa a la Inmaculada Concepción. De pie sobre un nimbo de nubes donde aparecen cuatro cabezas de ángeles, presenta a ambos lados de la figura las puntas de la luna en cuarto creciente. Tiene las manos juntas sobre el pecho en señal de oración y un manto azul cubierto de estrellas. Se la cubre con un manto exterior celeste que se renueva anualmente antes de esta gran fiesta.
    La imagen llegó a la Argentina en mayo de 1630. El hacendado portugués Antonio Farías Sáa vivía en Sumampa, Santiago del Estero, y quería colocar en su estancia una capilla en honor a la Virgen. Con ese cometido, le pidió a un amigo que le enviara desde Brasil una imagen que representara a la Inmaculada Concepción de María. El amigo le envió dos imágenes, la encargada y otra de la Virgen con el Niño Jesús. Cuando las imágenes llegaron a Buenos Aires, las colocaron en un carruaje y luego de tres días de viaje pararon en la ciudad de Luján a descansar. Al día, siguiente cuando quisieron continuar viaje, los encargados del traslado no consiguieron que los bueyes se movieran. Intentaron de todas formas, bajaron la mercadería, colocaron más bueyes, pero estos no se movían. Sólo cuando bajaron uno de los cajones la carreta avanzó. Estaba allí la imagen de la Inmaculada Concepción. Así comprendieron que no era casualidad sino un acto providencial, y entregaron la imagen para su custodia a Don Rosendo de Oramas, quien edificó una primera ermita de la Virgen. Otra señora, Ana Mattos, al tiempo asumió la custodia de la imagen, no sin antes tener que organizar una solemne procesión desde la capilla original, ya que la imagen misteriosamente regresaba a su ermita original. Custodiándola desde un primer momento, mientras las peregrinaciones iban haciéndose más frecuentes, estaba el esclavo Manuel, testigo del acontecimiento de la carroza y cariñosamente conocido en la Argentina como el Negrito Manuel. En 1677, Ana Mattos donó el terreno para realizar un nuevo templo para la Virgen, donde hoy se emplaza la actual Basílica de Luján. Durante todo el año miles de argentinos peregrinan a los pies de María que desde allí, como dice la oración por la Patria, pide “Argentina canta y camina”.
    En 1982, y como inmortaliza una placa en las escalinatas, en ese templo celebró por primera vez en suelo argentino un Sumo Pontífice, Juan Pablo II. Fue en 1982 en la efímera visita al país por la Guerra de Malvinas. Se espera que en 2016 se añada una placa similar en la visita del papa Francisco a un templo al que, de no haber sido elegido Papa, Jorge Bergoglio se ilusionaba con visitar anualmente para confesar peregrinos. Según comentan cada mes de octubre, en horas de la madrugada, se le podía ver sentado en un confesionario recibiendo a los jóvenes de la peregrinación juvenil.

    Un gran número de fieles participó ayer por la tarde de la procesión y misa en Villa Massoni.

    Un gran número de fieles participó ayer por la tarde de la procesión y misa en Villa Massoni.

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