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  • Del Papa Francisco

    26/5/2015
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    Refugiados, sin techo, discapacitados, ancianos solos, las primerísimas filas del aula Pablo VI del Vaticano, fueron todas para ellos. Precisamente los lugares reservados normalmente para las autoridades fueron asignadas a ese pueblo -dos mil personas- emocionado y feliz por este nuevo regalo del Papa: una entrada para el concierto de la orquesta filarmónica salernitana y el coro de Roma.
    En los mismos días habló con ocasión de la inauguración de la Exposición universal de Milán, y el tema era el mismo: “El Obispo de Roma que habla en nombre del pueblo de Dios, la voz de tantos pobres que forman parte de este pueblo y buscan ganarse el pan con dignidad. Esta exposición es una ocasión propicia para globalizar la solidaridad. Hagamos que esta exposición sea ocasión de un cambio de mentalidad, para dejar de pensar que nuestras acciones cotidianas no tienen nada que ver con quienes sufren hambre”.
    “No obstante los esfuerzos realizados, la paradoja de la abundancia y el hambre, aún persiste, obedece a la cultura del derroche, del descarte. Los investigadores y los dirigentes tienen la gran responsabilidad en el proyecto de solidaridad mundial: nutrir el planeta en el respeto de todo hombre y mujer que lo habita y en el respeto del ambiente natural, hay que acabar con el abuso en el jardín que Dios nos ha confiado, para que todos puedan comer de sus frutos”.
    “Que nadie sea privado de esta dignidad, que ningún pan sea fruto de un trabajo indigno del hombre. El Señor que es la verdadera energía para la vida nos dé el amor para saber compartir el pan, nuestro pan de cada día, en paz y fraternidad. Y que a cada hombre y cada mujer no les falten el pan y la dignidad del trabajo”.
    Y una semana después se reunió con toda la Conferencia Episcopal Italiana, y les dijo: “Anunciar la alegría del Evangelio en un momento histórico tan difícil como el actual, supone para los obispos ir contra la corriente, tener sensibilidad eclesial que significa tener los sentimientos de Cristo, humildad, compasión, misericordia”.
    “Tener esa sensibilidad significa que no sean tímidos a la hora de denunciar y luchar contra la mentalidad generalizada de corrupción que ha empobrecido, sin avergonzarse, a las familias, a los jubilados, a los trabajadores honestos, y han descartado a los jóvenes privándolos de cualquier esperanza para su futuro, sobre todo marginando a los más débiles y necesitados”.
    “Tener sensibilidad eclesial se manifiesta a la hora de tomar decisiones pastorales y elaborar documentos, que no prevalezca el aspecto teórico-doctrinal abstracto, como si no estuvieran destinadas a nuestro pueblo, a nuestro país, sino solo a algunos estudiosos o especialistas. Les pidió esforzarse por elaborar propuestas concretas y comprensibles”.

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