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  • Santa Teresa de Calcuta, una mujer que entregó su vida por los demás

    5/9/2017
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    Hace veinte años, fallecía en la India, la hermana Teresa de Calcuta, y hace un año que el papa argentino Francisco presidió la ceremonia de su canonización en el Vaticano.
    La vida y obra de esta santa está también vinculada a nuestra ciudad ya que aquí echó raíces la primera congregación de las hermanas Misioneras de la Caridad en la Argentina. En 1978, se creó en nuestra ciudad la sede de las Misioneras de la Caridad, el hogar llamado de la Paz y la Alegría, situado en la Costanera sur donde llegó la Madre Teresa en 1979, poco antes de recibir el premio Nobel de la Paz. Asistió en forma silenciosa, visitó Villa Angus, Villa Ciriaco y la Carbonilla, pues según sus palabras: “aquí la gente conoce del hambre, la pobreza y el frío”. La Madre Teresa visitó Argentina Zárate en otra oportunidad, en 1982, donde recorrió otros barrios, fue a la Municipalidad y visitó la sede de Cereliza.
    Aquí dejó en el país una cantidad innumerable de ejemplos de vida y de inspiraciones con las que hoy sus discípulos continúan trabajando en pos del cuidado de “los más pobres de los pobres”. “Calcuta no es sólo un lugar geográfico. Cada uno, esté donde esté, tiene su propia Calcuta donde abrir su corazón para experimentar el amor personal de Jesús en la cruz y expresar luego ese amor en el servicio a los demás, sean la familia, los compañeros de trabajo o los vecinos”, de esta manera explican las hermanas misioneras su labor cristiana.
    En Zárate, está la primera sede argentina de la congregación, la cual está radicada en un predio donado por la Provincia en la avenida Costanera donde funciona un hogar de ancianos que fueron abandonados por los familiares en hospitales o recogidos de las calles a quienes asisten con total entrega y afecto. Allí estuvo la Madre Teresa, cuando visitó la ciudad. Según los registros periodísticos y eclesiásticos de esos años, la Madre Teresa ingresó en la sede “con una presencia frágil, pequeña y etérea, todo pareció iluminarse y lentamente recorrió sus instalaciones, los pacientes asombrados la miraron y con lágrimas en los ojos no podían creer que era ella. Comenzaron a besarle las manos, temblando de emociones e incomprensión. Ella en silencio sonrió y les acarició la frente, bendiciéndolos”.
    Desde su última visita hace 35 años, los voluntarios que trabajan en Argentina en las organizaciones de caridad que llevan su nombre o ejemplo se ven potenciados por la figura de aquella mujer que entregó su vida por los demás, y jamás podrá ser olvidada.

    La Madre Teresa durante una de sus visitas a Zárate