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  • Por qué fracasan las dietas

    4/11/2017
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    Bajar de peso se convierte en un objetivo permanente que puede conducirnos durante años de un régimen alimenticio a otro, sin que apenas se llegue a superar la barrera de la primera semana. Los dietantes crónicos viven la frustración y el inicio de una nueva dieta como un círculo vicioso, con sus consiguientes efectos poco saludables, tanto para el metabolismo como para el estado anímico. Las razones que nos llevan al fracaso cuando se intenta adelgazar cambiando de régimen son muchas y la personalidad de cada uno juega un papel fundamental, pero existe una serie de elementos comunes:
    -La presión social: Si seguir una dieta es un camino lleno de obstáculos, intentar llevarla a cabo de manera individual cuando las personas que nos rodean sí pueden comer todo lo que quieran es un verdadero suplicio. Mucho más cuando tratan de seducirnos para que comamos ciertos alimentos “prohibidos”.
    -Hambre crónica: Sentir constantemente la sensación de insaciabilidad es el peor enemigo que una dieta pueda tener. Es una señal indicativa de que la dieta que se está siguiendo es inadecuada o, al menos, desequilibrada. Además de que será prácticamente imposible seguir un régimen en estas condiciones, es totalmente inútil porque el cuerpo intentará preservar las reservas de energía y apenas se logrará adelgazar.
    -Antojos: La privación total del placer de la comida puede llegar a ser contraproducente y uno de los principales motivos por los que se acaba abandonando una dieta.
    -Cambios en el estado anímico: Las dietas de hambre son demasiado estrictas. Esto genera cambios de humor relacionados con la irritabilidad, la fatiga física y la dificultad para concentrarse, además de los sentimientos de culpa al abandonar la dieta.
    -Atracones como respuesta emocional: Nuestro cerebro vincula las respuestas emocionales (positivas o negativas) a la comida. Es lo que se conoce como el mecanismo cerebral de recompensas.
    Al hacer dietas de hambre, el cerebro siempre tratará de protegerse, tratando de buscar alimentos de cualquier manera. Para no caer en esta “trampa” de las dietas infinitas, se debe pautar objetivos posibles con el profesional. La clave es el orden y la planificación. Comer variado asegura que los cambios iniciados se sostengan en el tiempo y no nos centremos en el peso como único objetivo del tratamiento.
    Lic. Marisa Vanden Ryn
    Nutricionista clínica y deportiva UBA Antropometrista ISAK 2
    15 535162 / licvandenryn@hotmail.com