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  • Primavera: Los ceibos en flor, emblema nacional

    9/11/2017
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    La flor que fue declarada en 1942 como símbolo nacional no pasa desapercibida: con su color llamativo, el ceibo atrae colibríes y miradas.
    Intensa y llamativa, la flor del ceibo es la especie que representa a la Argentina. Para obtener su título compitió con otros ejemplares de la flora autóctona, como la flor del jacarandá y la pasionaria. La elección fue realizada por medio de una serie de encuestas en las que participaron miles de habitantes de las diferentes zonas del país y contó con el asesoramiento de un grupo de científicos.
    La iniciativa de tener una flor como símbolo nacional surgió en 1910 pero tardó más de 30 años en concretarse y tuvo muchas idas y vueltas: la primera consulta popular, que se hizo en 1928, obtuvo como ganadora a la magnolia, pero el resultado fue anulado porque no se trataba de una especie autóctona. El decreto que finalmente, en 1942, declaró al ceibo como emblema enumera como características destacadas de esta flor que se puede ver en una gran cantidad de regiones del país y cuyo color es similar al del gorro frigio que se halla en el escudo nacional. Además, el ceibo ha sido evocado en una gran cantidad de leyendas, canciones y poemas de todas las épocas de Argentina.
    Cuando se anunció que se había convertido en un símbolo nacional, su popularidad creció aún más: en muchas escuelas se plantaron árboles al lado de la bandera y su figura comenzó a dibujarse en billetes de lotería y sellos.

    CARACTERISTICAS
    El ceibo es una especie leguminosa típica de Argentina, Brasil, Paraguay, Bolivia, Perú y Uruguay. Crece en zonas húmedas, como en las cercanías a los ríos, lagos y zonas pantanosas, y no soporta heladas ni climas fríos. En Argentina se encuentra principalmente en las provincias de Misiones, Corrientes, Entre Ríos, el delta del Paraná, Santa Fe, Santiago del Estero y en algunas zonas de Tucumán, Salta y Jujuy. Su nombre científico, Erythrina crista-galli, significa cresta de gallo roja y se debe al color y apariencia de sus flores, que crecen en forma de racimos. También se la conoce como seibo, bucaré, árbol del coral, pico de gallo, suñandí y, en Brasil, corticeira. Es un árbol mediano que generalmente mide 4 o 5 metros, aunque puede llegar a los 10 o 20 en algunos casos. Tiene un follaje verde caduco, es decir, que cae en otoño y renace en primavera. Su tronco es retorcido y su madera es blanca y blanda.

    En varios sitios de nuestra ciudad, y especialmente en la zona costera e isleña, abundan los ceibos que aportan al paisaje su color vibrante. En el paseo de la Costanera, convive con otras plantas autóctonas como lapachos, jacarandarás y palo borrachos. Pero, en este tiempo, los ceibos que están frente a la planta de Celulosa tienen un atractivo especial, vale la pena detenerse frente a un ejemplar frondoso que en estos días desata todo su esplendor floral, y mirar en detalle esas bellas flores en racimos que asemejan, como lo dice su nombre científico, a crestas de gallo. Imperdible belleza para el deleite de la vista.

    Las flores rojas contrastan con el azul del cielo