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  • Los ligustros en flor nos embriagan con su aroma

    16/12/2017
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    El aire vuelve a enriquecerse, especialmente al atardecer, con el aroma de los ligutros en flor que abundan en las veredas de la ciudad. Superada la floración de los tilos, que endulzaron con su perfume el aire urbano, ya estallaron en flor los ligustros con sus múltiples ramilletes de flores blancas, de perfume intenso.
    El ligustro es una planta de las oleáceas que incluye varias especies; dos de las más comunes son el ligustro común y la ligustrina. Tiene un denso follaje que es perenne, con hojas de formas elípticas y puntiagudas, flores blancas muy pequeñas, pero que dan un perfume muy agradable con frutos ovalados y carnosos, de un color negro azulado. Las diferentes especies, originarias en su mayoría pero no exclusivamente son de China, Japón, Corea y el Himalaya, donde se lo encuentran en montes , y de un tamaño máximo que puede alcanzar los 20 metros.
    Entre nosotros, el uso que se le da es para embellecer jardines, en las veredas o como seto para parques. Su corteza, hojas, flores y frutos pueden ser utilizados para muchos otros fines. En efecto, la corteza puede utilizarse para obtener una tintura amarilla, mientras que de los frutos del ligustro común (que en su estado natural son tóxicos) puede extraerse una tinta violeta que se usa como colorante para el vino. En cuanto a las hojas, antiguamente se las utilizaba en cestería y en medicina como astringente y cicatrizante. Las flores se usaban como remedio en el tratamiento del reumatismo y la celulitis.
    El argentino Juan José Saer, un escritor con una conciencia perceptiva increíblemente poética y maravillosa, es autor de una novela que lleva su nombre “Ligustro en flor” donde describe a esta planta, o mejor dicho al envolverte e inolvidable aroma de sus flores que traen recuerdos pasados, de infancia: “Desde acá sigue siendo un enigma, pero un enigma familiar como el de mis pies, de los que no podría asegurar si existen o no, o como el enigma de que haya plantas por ejemplo, de que haya una planta a la que le dicen ligustro y que, cuando florece, despida ese olor y que, cuando se la huele, es el universo entero lo que se huele, la flor presente del ligustro, las flores ya marchitas desde tiempos inmemoriales y las infinitas por venir, pero también las constelaciones más lejanas, activas o extintas hace millones de años atrás, todo, el instante y la eternidad.
    Y, sobre todo que, gracias a ese olor, por alguna insondable asociación, mi vida entera se haga presente también, múltiple y colorida, en lo que me han enseñado a llamar mi memoria, ahora en que al pasar junto a un cerco, en la oscuridad tibia, fugaz, lo siento.”

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