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  • Ricardo Chacón, vecino de Villa Massoni: Una vida dedicada al fútbol, la familia y la huerta

    17/2/2018
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    Ricardo Rubén Chacón es un vecino más de Villa Massoni que ha dedicado su vida a la tierra, a su huerta, al trabajo, al fútbol infantil y a compartir estas pasiones con su familia y amigos; al fin y al cabo su bien más preciado.
    Los recuerdos que se acumulan en la cabeza de Ricardo luego de 71 años de vida son muchos y diversos. Sus ojos vidriosos hablan del amor, de la entrega y del cariño que ha sabido sembrar y hoy cosecha entre algunos amigos “atorrantes” que le vienen a preguntar si ya terminó el gancia casero; otra de las particularidades que lo destacan a Ricardo en la cuadra y en el barrio.
    Él trabajó 30 años en el fútbol infantil de la Liga Zarateña, 10 años en Mitre y otros 20 en “El Indio”. “Yo comencé a acercarme al fúbol infantil cuando mi hijo menor empezó a jugar en Ferro a los 4 años. Me fui metiendo y luego me hice entrenador y así siguió mi vida vinculado al fútbol y a los pibes”, repasó el conocido vecino de Villa Massoni que nació en la ciudad entrerriana de Urdinarrain.
    La última categoría que tuvo fue la 99 de Belgrano hasta el año 2014, que salió campeona. A raíz de ello el propio entrenador invitó a todos los jugadores a su casa para festejar el triunfo.
    El secreto de Ricardo, como el de todo hombre, es que tiene a su lado a una gran mujer, a una fiel compañera llamada Delia, con la que lleva 49 años de casados. Con ella tuvo cuatro hijos, Rubén Alejandro, de 48 años; Néstor Ricardo, de 47; Adriana Esther, de 42, y Raúl José de 35.
    Volviendo al principio de todo, el motivo de que Ricardo esté saliendo en esta página es su tarea como huertero, otra de sus actividades por la cual es conocido en el vecindario. “Ya en Zárate, a los 11 años, mi madre nos daba la pala y salíamos con mis hermanos a trabajar un terreno de 48 metros. Además mi padre era carpintero y nos fabricó un carro para salir a vender lo que cosechábamos y con eso teníamos algo de dinero para nosotros”, recordó.
    Hizo toda la primaria en la Escuela 15 y en el año 1968 ingresó a trabajar a la obra de Atucha I, con el mismo oficio de su padre carpintero y armador; aunque después agregó el oficio de albañil. Hoy es jubilado y persigue el lema que en su casa “nada se tira”, se reutiliza todo o va a parar al compost para engordar la tierra y seguir con su huerta.
    “El secreto del tomate”, dice Ricardo, “está en podarlo y dejar una rama sola hasta 1,20 metros. Luego recién trasplantarlo y pasarlo a tierra”.
    Su método es la huerta intensiva, y en poco espacio tiene berenjenas, morrones, zapallitos, maíz, tomates y han comenzado a aparecer las primeras hojas de los zapallos de tronco, que con paciencia y delicadeza fue enrredando por las medianeras y el techo de un galponcito.
    Otro “secreto” que confiesa Ricardo es que también utiliza como abono la bosta de caballo y aserrín. “Recuerdo que cosechamos un zapallo plomo de 9 kilos; con ese me hice famoso”, comentó. “Y por cómo viene este cálido verano quizás estaremos en ese peso con la nueva siembra”, se entusiasma.
    En su casa vive bien, vive tranquilo; disfruta de su nieta, que es también su ahijada. Se llama Delfina, tiene 8 años y practica Taekwondo. “Estoy rodeado de amigos, de mi mujer que siempre me acompaña y de las pequeñas cosas, de la tierra y de todo lo que fuimos sembrando”, concluyó el vecino. Y deslizó un último secreto: “también me estoy preparando para los 50 años de casado”, dijo feliz, esbozando un risa cómplice mientras Delia sonreía desde la cocina.