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  • Salvador y la historia de mamá Sol y mamá Pili

    22/10/2018
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    Pilar la conoció a Soledad en el Colegio Industrial, ya que ambas son docentes; Pili de Física y Sol de Arte. Pasó un buen tiempo hasta que comenzaron una relación que hoy lleva más de 11 años.
    Mientras piensa, Pili toma dimensión del tiempo; suspira, abre los ojos y comenta; “Una relación de dos mujeres en el año 2007 no era tan fácil como lo es ahora. Pareciera que es poco tiempo pero en los últimos años pasaron muchas cosas que llevaron a que hoy se hable y se tome al tema de otra manera. En aquel momento era muy complicado contarle a la gente de nuestro amor. Entiendo que luego todos crecemos, la sociedad evoluciona y vemos la vida de otra manera”.
    Ambas decidieron convivir y llevar su relación a otra etapa, con la inauguración de la librería Juanele. En aquel primer momento asociadas a Luisa Sorolla.
    A la par, en julio del año 2010, Argentina se convirtió en el primer país de América Latina en reconocer el derecho a matrimonio entre personas del mismo sexo a nivel nacional. Esta ley es el resultado de amplias campañas llevadas a cabo por las organizaciones LGBT, que van desde proyectos de leyes de unión civil a una serie de amparos y fallos judiciales.
    En este nuevo contexto Pili y Sol se casaron, dos años y un mes después de aprobarse la ley y como prueba de los alcances misteriosos que puede tener una película dominguera y pochoclera de televisión de aire, con todo lo que ello implica, Sol terminó de ver “Marley y yo” y soltó; “quiero ser madre”. Cuando anteriormente ni siquiera había pensado en ello. En realidad hoy lo cuentan como anécdota pero fue un “despertar maternal” que casi termina en ruptura porque Pili buscaba vacaciones, viajar, seguir con la librería y otras circunstancias que terminen alimentando a la pareja desde las inquietudes personales y los vínculos. No obstante, cada noche Sol hablaba de ello en la cena.

    Una flor nace
    “Y deberás plantar, y ver así a la flor nacer. Y deberás crear si quieres ver a tu tierra en paz. El sol empuja con su luz, el cielo brilla renovando la vida”, canta el flaco Luis musicalizando en otro plano aquel momento en que Sol y Pili decidieron finalmente ser madres.
    El método elegido fue el de inseminación artificial, por ser el de menor complejidad.
    “Cuando decidimos buscar a Salvador era todo nuevo para los médicos, siempre nos excusábamos primero, ya que pesaba sobre estos procedimientos una objeción de conciencia de parte de los profesionales. Lo que hacíamos era plantearle de antemano al profesional nuestra intención, le decíamos: `nosotras queremos ser madres, si vos no querés iniciar el tratamiento con nosotras lo entendemos y seguimos buscando a otro´. Finalmente nos atendió una médica y comenzamos con tres prácticas, y si no funcionaba vamos a la in vitro. Luego de tres intentos Sol no quedó embarazada pero la médica insistió que probáramos una cuarta vez. Justo esta cuarta práctica se dio antes del Día de la Madre, para estas fechas pero cinco años atrás. Nos olvidamos de hacernos el test y el lunes posterior recibimos la noticia de que esperábamos un hijo. Fue inolvidable”, se emociona Pili.
    En el caso de ellas, Sol decidió llevar el embarazo ya que Pili se operó de columna, justo a una semana de casarse. “Lo más duro de todo este proceso eran los negativos, los momentos en que nos enterábamos que no habíamos quedado embarazadas eran devastadores. Porque uno en esto pone el corazón y todo tipo de sentimientos. Hay que aclarar también que no son nada baratos estos tratamientos, ya que recién las obras sociales los empezaron a cubrir luego del nacimiento de Salvador en el 2014. Era procesos de inyecciones, pastillas y esperar 15 días para hacernos el test. Por otro lado nos corría el tiempo porque yo cumplí 40 años y al otro mes nació Salvador. No fue fácil y no es fácil”, evaluó Sol.
    Pero la búsqueda de ambas no terminó allí; luego de Salvador intentaron tener otro hijo con el mismo método pero probaron tres veces y decidieron parar ahí.

    “Los vínculos se construyen día a día”
    “Todo fluyó naturalmente”, resumieron ambas madres. La etapa de los prejuicios y las miradas de los otros estuvo presente siempre en la pareja y la maternidad. “Todo el contexto social en el cual fue desarrollándose nuestra pareja hubo de todo. Lo que sucedió es que uno como persona también va armando una familia diferente desde las amistades. En nuestro caso, los amigos eran nuestra familia y luego nos pasó que todo fluyó naturalmente porque los vínculos, ya sean amigos o familias, se construyen diariamente. Y en ese sentido está en uno relacionarse con personas que no prejuzguen o juzguen sin saber”, reflexionó Sol.
    “Lo que todavía vemos es que hay un pensamiento general que, desde los prejuicios, establece que todo amor entre personas del mismo sexo implica promiscuidad; que dos mujeres no podrían establecer una pareja estable. Y también vemos que desde estas parejas hay como una necesidad de estar mostrando al otro que uno puede tener los mismos sueños y el mismo proyecto de vida que cualquiera, cuando en realidad lo que debe cambiar es esa mirada, ese pensamiento de muchas personas. Por otro lado, pienso que es increíble como una ley condiciona el pensamiento de una sociedad como la nuestra, ya que a partir de la ley del 2010 esos prejuicios no desaparecieron pero muchas personas se los tienen que guardar”, comentó Pili.
    “Y en cuanto a la maternidad, finalmente Salvador fue esperado, la familia lo esperaba y hasta nos trajeron regalos gente que no nos conocía o clientes de la librería. De hecho Salvador fue bautizado. Para esto fuimos a buscar al entorno que sabíamos que nos iba a recibir de la mejor forma, no queríamos provocar e ir a cualquier templo o golpearnos la cabeza contra la pared”, aclaró Sol.

    Soledad y Pilar, las madres de Salvador.

    «Donde hay compromiso y amor, hay una familia»

    Hoy Salvador va al jardín y en la sociabilización aparecen ciertas preguntas que en algún momento se iban a presentar. Ellas recuerdan una vez Salvador preguntó; “Por qué yo no tengo papá”. “Nosotras le respondimos naturalmente que él tenía dos mamás, como hay quien no tiene papás y tiene tíos o abuelos que lo criaron, o un solo papá o una sola mamá. No hay mucha vuelta con eso. Y él lo tomó con la misma naturalidad con la que nosotros se lo explicamos y con la misma naturalidad que creemos tiene el caso”, recordó Sol; que resolvió el enigma de cómo Salvador demanda de una y otra aclarando a quien llama; “Mamá Sol” o “Mamá Pili”.
    Como a todos y todas que tuvieron hijos, la llegada de Salvador les cambió la vida. Ya nada será igual en la pareja. “Donde hay amor y compromiso, hay una familia. Para nosotros esa es la clave de todo”; dejó caer, como al pasar, Pili. Y ambas sonrieron.

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