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  • El Ñacurutú y sus ceibos en flor

    12/11/2018
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    La primavera aporta el color de la naturaleza al paisaje que se renueva cada año para admirarla y gozarla con todos los sentidos. Y así es, entre esos colores que fluyen entre el verde de las hojas, el azul intenso del cielo y el brillo y movimiento del agua, están los ceibos, nuestra flor nacional. Y donde mejor admirarlos que en el arroyo Ñacurutú de nuestro gran delta, un lugar encantado al que lamentablemente solo se puede acceder cruzando el río, lo que no es accesible para todos. Pero hay testigos privilegiados , como los remeros que hacen de este deporte ya un hobby. Uno de ellos, Manuel García Blanco, ex remero del Club Náutico de Zárate, nos habla de esta maravilla que es recorrer el arroyo en esta época del año.
    “Para mí y para algunos ex-remeros es nuestro lugar en el mundo”, nos dice al describirlo como extremadamente pintoresco, “sus aguas reflejan la belleza de su vegetación y el cielo, que sólo se interrumpe si el viento las agita, mientras sus curvas y contra curvas convierten en muy amena la navegación”.
    Y Manuel nos cuenta: dicen que en su nacimiento existió un cementerio Indígena, motivo de investigación de grupos arqueológicos, también que fue un lugar elegido por Sarmiento, que utilizaba para reflexionar y descansar, durante su paso por Zárate en épocas de la creación del Arsenal de Artillería de Marina.
    “Cuando yo era más joven este arroyo tenía una población estable importante con plantaciones para extracción de madera, también había grandes montes de cítricos, naranjas, mandarinas, limones, pomelos y “si pedíamos, los quinteros te decían: llevate toda la fruta que entre en el bote, pero si no la pedías y te veían robarla, tiraban unos tiros al aire para ahuyentar te.
    El número importante de pobladores del lugar llevó a la creación de una escuela primaria, la Nº 30, que “tenía un roble que sirvió de punto de referencia para hacer una tradicional Regata, en botes de paseo, desde el Club Náutico ida y vuelta al roble”. Lamentablemente, la despoblación de la zona hizo que esa escuela se cerrara, y hoy solo quede su recuerdo.
    “En esta época el arroyo se caracteriza por sus ceibos en flor, que le da un toque especial entre todos los matices de verdes y que se aprecian con singular belleza. El Arroyo Ñacurutú es elegido como lugar predilecto de paseos de remos, kayaks, y en los fines de semana es frecuentado por cruceros, veleros y lanchas deportivas. También se observa un grupo de nadadores de aguas abiertas que eligen el Arroyo para entrenar desde allí hasta los clubes náuticos”, nos relata Manuel.

    El arroyo Ñacurutú fotografiado con sus ceibos en flor.

    Quien es el Ñacuturu
    El Ñacurutú es un ave de presa nocturno, una especie de lechuza o búo de pico corto y muy curvo, con patas dotadas de fuertes garras.
    Ave rapaz, posee una vista muy desarrollada, tiene ojos grandes dispuestos frontalmente como los humanos, lo que le permite una visión binocular con un campo visual de alrededor de 110 grados. Su cuello es corto y de gran movilidad lo que le permite rotar la cabeza en 180 grados. Su oido es muy desarrollado , los sonidos que pueden oir son mucho más amplio de lo que percibe un ser humano,
    De día permanece posado en la rama de un árbol dormitando o acicalándose, donde es muy fácil verlo por su gran tamaño. Dicen que es extremadamente manso por lo que esto es un problema para su supervivencia.
    Cazador nocturno, todo bicho que vuele o camina es su presa, cuises, ratas, ratones, murciélagos, pájaros, reptiles, sapos, pequeños felinos, aves de corral.
    La denominación de Ñacurutu para este ave se refiere a la onomatopeya de su grito, grito melancólico, un poco lúgubre que se oye desde que aparecen las primeras sombras de la noche y que da lugar a diversas leyendas entre la gente, ya que se le adjudica a este canto, el triste mérito de presagiar desgracias, olvidando la utilidad de la presencia del “ñacurutú” en los campos, pues es un gran cazador de ratones, víboras y otras sabandijas, de las que se alimenta.
    Este arroyo nuestro lleva su nombre, no se sabe desde hace cuánto tiempo se lo denomina de este modo, pero seguramente fue la presencia de estas aves en su frondosa vegetación, la que llevó a llamarlo Ñacurutú.
    Tal vez los indígenas en tiempos que eran los amos y señores de nuestro Delta, lo bautizaron así.