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  • Diez años después, la justicia confirmó una condena a perpetua para los cuatro asesinos de una familia

    21/11/2018
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    Marcelo Mansilla (41), su mujer, Sandra Rabago (37), y sus hijos Agustín (12) y Milagros (8) habían sido vistos por última vez el 24 de julio de 2008. Cinco días después, la pareja apareció asesinada al costado de la Panamericana, en Campana. Los cuerpos de los chicos fueron hallados luego. A una década de aquel cuádruple crimen, la Suprema Corte bonaerense confirmó las condenas a prisión perpetua para los cuatros homicidas.
    El caso, conocido como el cuádruple crimen de Campana, tuvo gran impacto en 2008 porque uno de los detenidos y ahora condenado, Angel Antonio Fernández, cumplía prisión domiciliaria por otro asesinato y había violado el sistema de la tobillera electrónica.
    Diez años después del brutal homicidio de la familia Mansilla, fuentes judiciales informaron que la Suprema Corte Bonaerense confirmó las condenas para Fernández y los otros tres detenidos por el cuádruple crimen: su hijo, Cristian David Fernández; su esposa, Stella Maris Cáceres; y su socio, Daniel Darío “Sordo” Vera.
    El fallo del máximo tribunal de la provincia de Buenos Aires coincidió con el del Tribunal Oral en lo Criminal de Zárate-Campana, que en septiembre de 2011 había establecido que los tres hombres fueron responsables de cuatro “homicidios calificados por el concurso premeditado de dos o más personas con alevosía”, luego de privar de la libertad a sus víctimas y robarles.
    En esa misma sentencia, la única mujer detenida, Cáceres, también fue hallada responsable de los cuatro homicidios, aunque en su caso no se acreditó culpa en la “privación ilegal de la libertad” de la familia Mansilla.
    Además, la Justicia ratificó la inocencia de un hermano de la mujer, Osvaldo Cáceres. “Quedó definitivamente libre de culpa tras este fallo y se confirmaron todas las condenas”, dijo su abogado, Hugo López Carribero, quien agregó que podrán pedir la libertad condicional a los 35 años de haber cumplido la pena.
    EL CASO
    El crimen de la familia Mansilla conmocionó a la sociedad. Aquel 24 de julio de 2008 por la madrugada una banda de ladrones entró a la casa que compartían en José C. Paz y se llevaron cautivos a la pareja y a sus hijos. También desapareció su Volkswagen Polo.
    Cinco días después, la pareja apareció asesinada a mazazos en un descampado cercano a la autopista Panamericana, en el kilómetro 60 del ramal Campana, a la altura de Altos Los Cardales. Y el coche robado a los Mansilla fue hallado incendiado al día siguiente en Los Polvorines.
    La investigación avanzó rápidamente: allanaron una casa en el barrio Frino de José C. Paz, donde testigos habían visto el coche el mismo día en que la familia desapareció. Allí apresaron a Ángel Fernández, que tenía prisión domiciliaria por un homicidio y estaba monitoreado con una tobillera electrónica que aparentemente no funcionaba. Al detenerlo, los policías también hallaron elementos robados a los Mansilla.
    A las 24 horas del arresto de Fernández, su hijo, Cristian, reveló que los hijos de los Mansilla estaban muertos y dio datos a la Policía para que hallara sus cuerpos. Eso ocurrió el 2 de agosto. Estaban al costado de la Panamericana, en otro descampado, seis kilómetros más adelante de donde habían sido encontrados los cadáveres de sus padres.
    La autopsia realizada por los peritos del Cuerpo Médico Forense había determinado que los cuatro integrantes de la familia Mansilla fueron asesinados de varios golpes en la cabeza, posiblemente con un hacha. Además, se determinó que a los chicos los narcotizaron antes de asesinarlos a mazazos; siete golpes le dieron a Agustín, dos a Milagros.
    Más tarde, los investigadores determinaron que el “Sordo” Vera habría participado junto a los Fernández del robo y saqueo de la casa de los Mansilla, ya que fue visto por un testigo descargando electrodomésticos del auto robado a la familia.
    La hipótesis del caso, en su momento, fue que los Mansilla conocían a quienes los mataron desde principios de los 90 porque eran vecinos –y hasta amigos– en el barrio Frino. Se sospechó siempre que el móvil del crimen había sido una venganza, ya que supuestamente Rabago había declarado contra Ángel Fernández en un juicio.

    El matrimonio Mansilla y sus hijos.