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  • Osvaldo Montferrand cumple 50 años como sacerdote

    22/12/2018
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    Algunos vecinos memoriosos recuerdan que solamente levantaba la vista de su bicicleta para saludar, fiel a su tesón de juventud pero cordial y generoso con sus pares. Ha padecido inviernos gélidos en los que pedaleaba de Villa Fox hasta el hospital, para visitar a los enfermos. Una sudestada vespertina lo tomó de sorpresa mientras terminaba de colocar ladrillos para una medianera que luego se transformaría en parroquia.
    Bastaba un solo llamado para que salga corriendo hacia la sala velatoria o para colaborar en algún otro proyecto. Siempre dispuesto, contemplativo, de mirada firme pero de palabra justa.
    Osvaldo Montferrand se ordenó en la parroquia Nuestra Señora del Carmen el 22 de diciembre de 1968, y cuatro años más tarde ejerció la suplencia del Padre Antonelli en Villa Fox, para quedar finalmente como párroco de aquella comunidad. Precisamente desde la década del setenta acompaña al movimiento de Vida Ascendente en los grupos parroquiales y también en otras provincias, brindándose siempre por los abuelos.
    A partir de 1976 fue enviado a Francia y en 1981 Monfe desembarca en la localidad de Matheu, donde se establece la parroquia San Juan Bautista. Tras una ardua labor, once años más tarde regresa a Villa Fox, a su segundo período.
    En esa comunidad dejó una huella imborrable, como también la dejó a partir del 2010 en Villa Massoni, cuando asumió como sacerdote de la Parroquia Nuestra Señora de Luján, por expreso pedido de él para continuar su labor al frente de otra sede parroquial. En ese nuevo barrio fue notorio el trabajo desempeñado por toda la comunidad de Nuestra Señora de Luján en los diferentes vecindarios aledaños y, esencialmente, en el hospital; continuando su acompañamiento a los enfermos.
    Doctrina Social y Vida Ascendente
    Osvaldo, desde muy joven, adhirió al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que se trató de un movimiento carismático dentro de la Iglesia Católica argentina que intentó articular la idea de renovación subsiguiente al Concilio Vaticano II, con una fuerte participación política y social. Este movimiento estuvo formado, principalmente, por sacerdotes activos en villas miseria y barrios obreros, entre 1967 y 1976 referenciados en Carlos Mugica, en Capital Federal.
    Precisamente cuando estuvo en Villa Fox y en Villa Massoni elaboró profusamente artículos que resumían parte de esta ideología aplicada a la Doctrina Social de la Iglesia; “el objetivo de esta Doctrina es transmitir que si todo lo que nosotros predicamos en la iglesia, a través del Evangelio, no afecta la vida que llevamos es porque estamos predicando en las nubes o estamos predicando algo que no tiene nada que ver con las personas. En cambio si predicamos lo que el Evangelio predicó, y nos mandó a predicar, encontramos directamente a nuestro hermano; y lo que a él le hagamos se lo estaremos haciendo también a Dios. Entonces la idea es ocuparse de los problemas sociales, de los conflictos, siempre con los preceptos de nuestra religión y con nuestra fe. Las palabras que hablan muy bien, los discursos y todo lo que se pueda llegar a decir no tienen ningún valor si no se llevan a la práctica. El Evangelio a esto lo llama ser la levadura de la masa. Por eso debemos preocuparnos e intervenir en la sociedad, en los problemas sociales”, éstas eran las palabras con las que resumía parte de esta ideología que siempre lo acompañó. Hoy estos problemas forman parte central de las homilías del propio Papa Francisco I, con quien Monfe se siente muy cercano en su trabajo pastoral.
    Pero fue a principios del año 2008, el por entonces Papa Benedicto XVI, quien lo nombrar “Capellán de su Santidad”, y por ende miembro de la Familia y de la Capilla Pontificia.
    En 2015, y al cumplir los 75 años de edad, lo “obligaron” a jubilarse. Esto de la obligación fue comentado a modo de broma por él mismo, ya que sigue colaborando incansablemente con la comunidad que lo vio ordenarse hace cincuenta años.
    Hasta ese año desempeñó un activo rol de asesor latinoamericano y nacional de “Vida Ascendente”. Recorrió varios países de Latinoamérica, como Ecuador y Colombia. Sigue participando de encuentros cuando el movimiento de Vida Ascendente se extiende a otros países latinoamericanos; alentado por la Conferencia Episcopal de América Latina (CELAM). “Para nosotros el adulto mayor es protagonista en su grupo, no es objeto de cuidado y de ayuda de los demás miembros de la comunidad. A toda edad se puede ayudar a los ancianos que están solos o visitar geriátricos, en los grupos de Vida Ascendente son los propios mayores quienes se reúnen y deciden. Muy a menudo las personas que llegan a la edad madura tienen la impresión de que su vida se ha acabado. Tienen tendencia a remitirse al pasado con nostalgia, para ellos es vital encontrarse entre mayores, salir del pesimismo y de la soledad, y decidirse a seguir viviendo, recorrer una nueva etapa”, explicó en una entrevista que le hiciera una revista de República Dominicana, en uno de sus últimos viajes a Ecuador.
    Del Papa Francisco
    Actualmente y aprovechando el tiempo libre de no estar a cargo de una comunidad parroquial sigue difundiendo el mensaje de Francisco, en medios gráficos y radiales.
    Todos los que lo conocen a “Monfe”, coin-cidirán en que una felicidad muy especial lo invadió cuando en marzo del 2013 el Cardenal Jorge Bergoglio fue nombrado como el nuevo Papa, tras la renuncia de Benedicto XVI. “Los que éramos jóvenes cuando se vivió el Concilio Vaticano II, vivimos una alegría semejante. Nos llenamos de esperanza de ver que el Evangelio volvía a ser proclamado con toda su `buena noticia´. Las cualidades que hoy se consideran tan claras en Francisco, no eran tan apreciadas entre nosotros, en nuestra manera de tratarnos no se privilegiaba ni lo simple, ni lo pobre, ni la cercanía con la gente ni la distancia con los favores del gobierno. Pretender vivir pobre, negarse a ser cortesano. Hacer una capilla en un barrio, antes de la asunción de Francisco, no se consideraba estar en lo importante. Hoy la opción por los pobres no podremos ignorarla más. Hace tiempo nos parecía un sueño imaginar una Iglesia donde nos guste vivir, donde se pueda decir lo que se piensa. Una Iglesia que escuche en lugar de hablar, que reciba en lugar de juzgar, que perdone sin querer condenar. Donde se pueda ser uno mismo sin sentirse excomulgado”, estas fueron parte las palabras que Monfe compartió al enterarse de la noticia de la asunción de Bergoglio.
    “¡Dios te bendiga, hermano!”, era el cierre de la carta con la que Osvaldo le daba la bienvenida al nuevo Papa.
    Esas palabras hoy resuenan en Villa Fox, en Villa Massoni, en Francia, en Colombia, en el seno de su familia, en sus amigos; también en otros planos donde se hallen otros compañeros de ruta muy queridos para él como Carlitos Barbero, y en todas las capillas en las que “Monfe” trabajó y compartió su pasión por Cristo. Esas mismas palabras son las que se repiten hoy en día, cuando el sábado cumpla 50 años de un verdadero sacerdocio. Para ello se espera que muchos amigos y conocidos de Monfe se acerquen a compartir la misa del sábado en la parroquia Nuestra Señora del Carmen, a las 20 horas; que estará oficiada por él.

    Mons. Osvaldo Montferrand.