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  • Una causa de ayuda a los sectores más vulnerables

    24/1/2019
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    Eran los últimos días del mes de noviembre del año pasado, en un verano entre caluroso y húmedo que aún persiste hasta estos días, cuando Gastón Vigo Gasparotti, decidió renunciar a la fundación Conin y emprendió su travesía hacia la cuarta isla más grande del mundo: Madagascar.
    Su misión, también fue una búsqueda. Hace aproximadamente cuatro años decidió darle espacio a una vocación de hacer algo por los sectores más vulnerables de la sociedad. Fue a través de libros, artículos y documentales, que conoció la obra del Padre Pedro Opeka -hijo de inmigrantes eslovenios que migraron de Europa hacia nuestro país y que se abocaron a la construcción-, y quien a través de un trabajo constante que inició en la década del ’60, desarrolló Akamasoa (buenos amigos), una causa que combina un cambio de conciencia, con ayuda humanitaria.
    Decimos causa, porque Gastón aclara que no se trata de un proyecto, con un encuadre teórico y acotado, sino que se propone como algo mucho más dinámico, que apunta no solo a dotar de una vivienda propia a personas con esa necesidad, sino también abastece otras insuficiencias como la educación y la formación.
    Gastón comenzó para trabajando para Conin, abocado a combatir la desnutrición infantil: “Empecé a hacerlo en Conin que tenia presencia en 18 provincias, y de las 4100 villas que hay en el país, por lo menos 200 conozco. En un determinado momento, después de escuchar a Pedro Opeka, me di cuenta que necesitaba poder dar un paso más. Qué afectar a los menores de 5 años para recuperarlos de su desnutrición con sus familias, es fundamental porque evito el daño cerebral o la muerte temprana, pero que había otras etapas donde yo podía intervenir”.
    “Si vas a ayudar, ayudá hasta el final”, fue la frase bisagra que oyó de la boca de Opeka y que cambió la concepción de este joven de 30 años, oriundo de la capital santafecina; a partir de ahí, todo lo que vino fue una experiencia extraordinaria
    “Madagascar es el infierno, es el quinto país más pobre del mundo, el 80% de la gente vive con menos de dos dólares, y la mortalidad infantil es del 600 por mil. No hay rutas, casi no hay animales. La gente se muere de enfermedades y en el mes que estuve ahí, presencié cuatro funerales. La obra de Opeka es tan coherente en esto de ayudar hasta el final, que tiene cuatro cementerios. Era una muerte tras otra”, detalla Gastón. La causa, propone vivir con una filosofía comunitaria, “con reglas simples, pero reglas, no sugerencias”, donde la educación y el trabajo son los pilares fundamentales. En Akamasoa, hay barrios que van creciendo a un ritmo de 100 casas por año, construcciones dignas con patios y con un entramado social que dota de herramientas a la gente para dignificar su vida. Allí, hay canteras donde los pobladores pican piedras que utilizan para la construcción (estandarizada y de aproximadamente 60 m2), o bien, que venden como materia prima a empresas. Ninguna casa se regala, sino que los propietarios pagan la edificación con su fuerza de trabajo, a lo que se suma una cuota ínfima y simbólica durante 6 años. En simultáneo, la organización de Akamasoa gestiona los recursos a través de donaciones de gente de todo el mundo, o bien de empresas, para continuar con el desarrollo.
    “En los barrios hay escuelas de todos los niveles y ya hay un magisterio para seguir formando a las personas; hay talleres de metalmecánica, entre otras cosas. El Estado allá es inexistente, hasta 1960 fueron colonia francesa, convivieron entre dictaduras, y hoy son una república democrática, donde en un proceso de elecciones se demoran tres semanas en saber los resultados. En Madagascar, de 22 millones de personas, 18 millones son pobres. Akamasoa va creciendo, comenzó en un basural muy grande y lo que uno ve es una obra en constante movimiento; nosotros también trataremos de hacer eso”, cuenta Gastón.

    Mario Blanco y Gastón Vigo Gasparotti.

    No es un proyecto, es una causa
    “Se trata de poner de pie al pobre, en el medio de ellos, y con ellos. Esto es ayudar sin asistir.
    Estoy harto de escuchar que la gente busca culpables, quiero ser parte de la solución”, dice Gastón, que comenzó hace varios años escribiendo carta de lectores, luego algunos libros, para luego ingresar a Conin para trabajar contra la desnutrición infantil.
    Tiempo atrás, se contactó con Lucía, la hermana de Pedro Opeka, le dijo que lo quería conocer y fue asi, que en julio del año pasado, en una recorrida por Argentina y otro países de sudamerica que realizó el sacerdote, finalmente se encontró con él: “Él decía ‘no vengan a Madagascar a buscar una pobreza exótica’. Argentina, en casi 40 años mantiene un 30% de pobreza, y los culpables somos todos nosotros. Opeka nos decía que ‘Argentina tiene sus propios África, trabajen en lugares necesitados, construyan oasis de esperanza’. Si se tiene vocación de ayudar a los pobres, modificá tu metro cuadrado que seguro hay alguien pasándola mal”.
    Gastón Vigo Gasparotti estudió administración de empresas y economía; esa formación, sin duda fue clave al momento de tomar la decisión de iniciar una experiencia como la de Madagascar en Argentina, más precisamente en Zárate y específicamente en la localidad de Lima. “Si no me juego en esto, en lo que creo, me voy a arrepentir de porque no lo hice. Yo no me voy a ir de Lima hasta que no haya un oasis, me puede llevar toda la vida o menos tiempo. La idea es extenderse, comenzamos por Lima porque creemos que a todos los municipios cerca les tiene que llamar la atención, es un municipio que se puede poner de pie”.
    Luego de una recepción con mucho cariño en la localidad de Lima, comenzaron a trabajar con la Fundación Mas Humanidad, que a su vez, trabaja con la Fundación Conin. Allí, comenzaron a ponerse en contacto con 23 familias que reciben ayuda de estas instituciones.
    En su incipiente desarrollo en Lima, la causa Akamasoa que conduce Gastón Vigo Gasparotti ya cuenta con un predio de 400 metros cuadrados, ubicado en calle 14 entre 7 y 9. “Es una tierra que la vamos a explotar al máximo con una huerta hidropónica, probablemente con un consultorio odontológico. Está muy bien ubicado; probablemente esté por aparecer una donación de dos hectáreas y ahí vamos a toda marcha a empezar la construcción de las primeras viviendas. La huerta es indispensable para asegurar una dieta equilibrada, y no solo te da disciplina sino la posibilidad de una fuente laboral”.
    Gastón aprendió de Opeka que “no existe un manual de cómo llevar a cabo la causa; haremos nuestro propio diseño de casa, y por eso invito a la gente de Lima, a la gente de Zárate y alrededores, a que nos pongamos de acuerdo en un punto. Para mí la Argentina tiene que ser siempre mirada como un abanico, el abanico se abre de derecha a izquierda, pero la fuerza está en el anillo que amalgama los elementos. Podes ser de derecha, de izquierda, liberal, pero tu condición, tu anillo, es ser argentino. Yo no voy a distinguir ni ideología, ni sexo ni credo religioso”.
    Su equipo está compuesto por 30 profesionales que desarrollan tareas en distintas localidades, y que ahora, se encuentran realizando un trabajo mancomunado por el objetivo en Lima.
    “Va a haber una convocatoria de voluntarios. Una vez que entrás a Akamasoa es para servir, no paraa servirse”, sintetiza. A través de los trabajos de relevamiento realizados, son alrededor de 1077 las personas que en este momento requieren de este tipo de ayuda en la zona. Este dato, se trata de una muestra y no de un número definitivo.
    “Esto tiene mucho de cultural, de cambiar ese chip de estar todo el día pensando en que me van a asistir, no a ayudar. Todos dicen que es necesario dar una caña y no un pescado, pero le hago un agregado, también es necesaria la fuerza para sostener la caña. El plan social para la contingencia, la emergencia, para el que no puede esperar, no se puede negar, hay que dárselo”, explica.

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