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  • Carlos Mozzi: Vida y alma de una guitarra

    17/2/2019
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    Una noche, en una cena con amigos, una médica austríaca le pidió a Carlos si podía mirarle sus manos. “Mueva los dedos, abrila, cerrala”. Y tras haberlo examinarlo informalmente en la sobremesa, decretó que no tenía manos de guitarrista. O sea, que sus manos, fisonómicamente, no estaban conformadas para tal arte en relación a las manos de otros músicos. Y a partir de ese comentario, todos los comensales largaron una carcajada. Lo miraron a Carlos y coincidieron en señalarse la cabeza, como él mismo hoy reconoce, “está todo aquí, en la cabeza”. Como dirían en España, “menudo rollo, entonces”.
    Hoy mueve esas prodigiosas manos mientras habla y recuerda tal anécdota, de visita por Zárate. No aparenta tener 78 años pero lo que sí irradia naturalmente “Pelito” es buen humor, optimismo y ante el saludo de alguien por la calle pueden caérsele cientos de anécdotas para compartir. Sin reconocerlo, él simboliza el talento musical de una primera camada de guitarristas, de una época gloriosa para el jazz y la música popular local y es un referente zarateño ineludible de las seis cuerdas.
    A partir de su legado, se desarrolló luego una generación de eximios guitarristas zarateños: Fabián Alberto, con quién compartirá el escenario del Forum hoy en sus 40 años con la música; Sergio Román; Christian Vidal; Pablo Cámara y Claudio Posadas; por citar algunos nombres. Aún sin ser el docente particular de cada uno de ellos, con su legado abrió un camino nuevo para las nuevas camadas de guitarristas y fue, y es, referencia obligada de la música.
    Carlos Mozzi de chico quería tocar, aprender música pero tocando. Él quería, de todas las formas posibles, tocar. De hecho a la tercera clase de solfeo con una profesora “de método tradicional” abandonó porque no encontraba diversión en ese proceso de aprendizaje. Luego de pocos meses encontró otra forma de estudiar, con el método del Colegio Berklee, donde comenzó a aprender música tocando desde la primera clase. Y quien dice Berklee dice jazz. Por lo tanto de adolescente ya se había transformado en un guitarrista de jazz con un gusto musical fenomenal.

    Virgilio, su gran maestro
    A los 17 años ingresó como músico estable de la recordada orquesta “Jazz Club” de Zárate, junto a otro pilar de la música zarateña, Mario Alguer. “`Mirá pibe´”, me dijo un día. `Nosotros nos juntamos todos los sábados después de comer en mi casa. Nos reunimos a tocar jazz y a improvisar. Puede venir el que quiera y tocar lo que quiera y si querés venite este sábado´. Y la verdad es que no recuerdo cuántos sábados de zapadas tuvimos pero sí recuerdo que eran las ocho de la noche y no podíamos parar de tocar”.
    Entre sus referentes musicales destaca a Astor Piazzolla, Horacio Malvicino, Django Reinhardt, Waldo de los Ríos y eleva al rango de “maestro” a Virgilio Expósito, a quién conoció de cerca. “Era muy creativo y tenía un conocimiento musical infernal. Un día me llamó y me dijo: `Pibe, tocas bien. Pero tenés que aprender música. Tocar sólo de oído no te sirve, te genera un techo´”, recordó con ternura, a sus 78 años, “Pelito” Mozzi. “Recuerdo otra oportunidad en la que me enseñó a tocar tango, nada más ni nada menos que Virgilio Expósito. Y a través del tango me fue enseñando armonía.
    También otra anécdota que siempre cuento con Virgilio, fue en la época en la que compartimos la orquesta. Tocábamos a la noche en el legendario Club Central Buenos Aires, que antes se ubicaba al lado del Café Ceres de calle Justa Lima, y cuando se estrenaba alguna película íbamos al cine con Virgilio esa misma tarde, nos sentábamos en la última fila con un cuaderno pentagramado y una linterna. Y de esta manera nos poníamos a anotar las notas musicales del tema principal de la película para tocarlo esa misma noche en el baile. Virgilio tenía algo que nunca lo vi en otro músico; estaba hablando con alguien y se le venía una melodía a la cabeza, entonces sacaba un cuaderno y la anotaba para no olvidársela. Y como si nada, proseguía charlando con quien estaba, respetando el hilo de la conversación”, destacaba entre risas el guitarrista radicado hace treinta años en Islas Canarias. “Además tenía una mentalidad súper abierta para la música y una creatividad absoluta. Yo tengo un disco que grabó solo, tocando el piano, y cuando lo escucho sentado con mi guitarra siento que me vuelve a enseñar cosas”, resumió Carlos en diálogo con LA VOZ.
    Una temporada de treinta años
    Luego de varias décadas de tocar con la Jazz Club y otras orquestas zarateñas y porteñas, como la orquesta de Rudy Machado por citar solamente una, en el año 1989 surgió la oportunidad de viajar a Mallorca para tocar por una temporada. “Se trataba de una orquesta para tocar en hoteles, aprovechando el fluido turismo de la isla. Pero necesitaban un bajista, así que viajé con la guitarra, solo, y me compré un bajo allá. Hice la temporada en Mallorca y allí fue donde surge la posibilidad de viajar a Canarias y radicarme allí. Entonces al cabo de un tiempo la llamé a mi mujer y le dije, `vendé todo y venite con Guido´; que tenía nueve años. Y así fue cómo ya nos radicamos en la isla”.
    Su talento no tardó mucho en propagarse por todo el archipiélago, y así comenzó a tocar con diferentes proyectos musicales en los cuales arregló e interpretó infinidad de temas. Ha llegado a girar por todo el mundo con el coro de la “Asociación Cultural Reyes Bartlet” de Puerto de la Cruz, Tenerife. “Era un coro de cincuenta personas que buscaba un músico argentino para interpretar `La Misa Criolla´ y me convocaron a mí. Con ellos tocamos por Inglaterra y Alemania. Luego ingresé a tocar en un grupo de folklore canario de treinta personas llamado Tigaray y estuve otros once años tocando con ellos; arreglando temas, girando y viajando por todo el mundo. Y compartí escenario con el genial músico canario Pedro Izquierdo, con quien estuve otros once años y fue una gran experiencia”, enumeró Mozzi.
    Hoy Carlos está jubilado aunque no retirado de la música, sino que sólo se dedica a grabar temas que le gustan y su hijo, Guido, los sube a Youtube como pasatiempo y para dar a conocer la música de su padre.
    Precisamente en el canal “Guido Mozzi” se podrá escuchar a Carlos tocando temas de The Beatles, canciones brasileras, temas folklóricos argentinos, improvisaciones, grandes piezas del Real Book, de Jazz y Blues, y otros temas de un amplio repertorio. Aún en esas grabaciones caseras se nota el buen gusto, el talento y el respeto por lo que ama, la música y su guitarra.

    Carlos Mozzi visitó la redacción de LA VOZ.

    Frases
    -“La música es un modo de expresión, quien tenga técnica podrá expresarse mejor. Además es un lenguaje universal, tal como dicen todos. Yo he tocado con suecos y alemanes con quienes no tenía otra forma de comunicarme más que con la música. Terminábamos de tocar y nos mirábamos”.

    -“En todos estos años yo siempre traté de tocar la música que me gustara, y creo que esa es la clave para un músico. Sufría mucho en algunos trabajos donde debíamos tocar el tema Guantanamera por ejemplo, ya que no me gustaba pero bueno, necesitaba el trabajo y el dinero para vivir. Aunque no es una situación recomendable para un músico, tocar temas que no le gusten”.

    -“El jazz es un género que permite aportar todo lo que somos a un tema, y el canal para hacerlo es la improvisación. Por eso me atrae tanto, ya que pese a que existe una partitura y una progresión de acordes, permite la libertad de expresarse con lo que uno está sintiendo en ese momento”.

    -“Todo músico debe tener apertura musical. Esto también es clave. Debe nutrirse de la mayor cantidad de música diversa que pueda conseguir porque siempre estamos escuchando y aprendiendo, aunque no nos demos cuenta”.

    -“Si uno tiene esa apertura mental, musical, y la técnica para expresarse, bastará con que sólo necesite estudiar un género, las variaciones musicales, las acentuaciones y la armonía para tocarlo. He tocado tango y folklore siendo argentino, claro está, pero llegué a tocar folklore canario siendo que viví allí solamente los últimos treinta años. He tocado jazz sin haber nacido en New Orleans, folklore y música popular de Israel sin haber vivido allí. Es que la música permite eso, viajar en el sentido más amplio de la palabra”.

    -“El rock me gusta tocarlo más que oírlo”.

    -“Hay que mantenerse escuchando música de calidad. Yo no sé, en realidad, qué es la música de calidad pero creo que me fui topando con ella y separando la paja del trigo a medida que uno se desarrolla en este camino. Una vez tuve una discusión con alguien a quien le gustaban los Rolling Stones, yo le daba mi opinión y mis fundamentos porque creo que es una banda prescindible. Y repito las palabras sin querer herir susceptibilidades, `son cuatros borrachos, nada más´. Entonces, enojado, me preguntó: ¿Y entonces The Beatles? Y ahí lo frené. `No, esos tocan bien. No hay que poner a todos en una misma bolsa´. En realidad no sé que es la música de calidad pero uno escucha a Queen o a Sting, y su música es diferente al resto, de otro vuelo”.