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  • Juan de Dios González recibió sus 100 años con una afectuosa celebración

    11/3/2019
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    Su familia, amigos y vecinos le dicen “el nono”, aunque el 8 de marzo de 1919 haya recibido el nombre de Juan de Dios González; el pasado jueves, el vecino celebró en un emotivo encuentro, sus 100 años en medio de un cálido festejo lleno de amor y ternura junto a quienes lo rodean.
    Fue el pueblo de Larroque, en Entre Ríos, el que vio a nacer hace un siglo al nono Juan de Dios, quien tiempo después se mudó a Villa Paranacito, también en la vecina provincia mesopotámica. Junto a Petrona, su compañera de toda la vida, formó su familia y tuvo dos hijos: Juan Carlos y Alicia, con quien vive en su casa de la calle Marimón desde hace aproximadamente diez años.
    Juan de Dios es un hombre silencioso, callado y serio, algo que, quizás, le legó su pasado montaraz; pero esa parquedad, que según cuentan lo acompañó toda su vida, se escurre como agua entre los dedos cuando ante él aparecen sus tataranietos, Isabella y Mateo, a quienes les regala entre juegos, una delicada y amorosa sonrisa llena de vitalidad.
    Todas las mañanas, antes de partir hacia su trabajo, Alicia le prepara el mate y, como dicen todos los que lo conocen, “Juan se las arregla solito”. De todos modos, en lo cotidiano también lo acompañan y asisten su nieta Claudia y su bisnieta Giuliana.
    A Juan se empañan los ojos y se emociona; toda su prole, vecinos y amigos lo abrazan y se reúnen junto a él para que el fotógrafo de LA VOZ inmortalice en un destello el instante en el que todos acercan su corazón para sonreír junto al nono y dedicarle su afecto.
    Sobre la mesa, acompañan la celebración tres tortas, dos de ellas obsequiadas por las panaderías las confiterías Rex y Aranjuez; la otra, fue un presente del ex diputado provincial, Marcelo Torres, quien también se acercó a saludar y compartir un momento.
    Juan de Dios goza de lo que para nosotros será una anhelada independencia; se viste solo, camina, mira televisión y, lo que sorprende a todos, lee diarios y revistas sin la necesidad de anteojos gracias a su visión intacta.
    Alicia, cuenta que la vida del hombre no ha sido fácil; desde muy joven, al mudarse a Villa Paranacito, en la zona de islas, le tocó trabajar en tareas de gran esfuerzo físico para llevar día a día el pan a su casa. Sus labores en el monte incluían desde derribar arboles con hacha o sierras, hasta realizar zanjeos de más de dos metros de profundidad solo con palas.
    Su corazón viste los colores celeste y blanco, no solo por ser argentino, sino porque allí abriga su amor por Racing Club de Avellaneda; según cuentan, en su juventud el nono fue un apasionado jugador de futbol, tal vez, llevando en el pecho los tonos de la Guardia Imperial. Sin duda, se habrá enorgullecido de aquel equipo campeón de la Copa Libertadores y la Intercontinental, que supieron llevar a la gloria Basile, Perfumo y el “Chango” Cárdenas en 1967.
    “Es un momento muy emocionante”, expresa Alicia, “soy la que lucha todos los días junto a mi hija y mi nieta, yo voy a trabajar y él se queda solito, cuando me voy le pido a todos los santos que lo iluminen y lo cuiden”. Tal vez la alimentación, la vida sana, o su tranquilo fluir como los ríos que envuelven la tierra que lo vio nacer, sean el secreto de su larga vida; pero sin duda, la calidez del amor y el cariño de todos quienes se acercan a compartir el festejo con el nono, es a simple vista el más importante combustible de todos los días.

    Familiares y amigos participaron del festejo. Su hija Alicia, su bis nieta Giuliana y sus tataranietos Isabella y Mateo.