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  • «Mi meta más grande para el intercambio, era hacer algo para la comunidad»

    20/4/2019
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    Hace aproximadamente nueve meses, Annika Gagnon llegó al país luego de tomar su vuelo en Alaska, Estados Unidos; la joven de 16 años, forma parte del programa de intercambio del Rotary Club, y se define como una amante de nuestro país.
    Aunque hace dos años se mudó junto a sus padres y su hermano a Palmer, Alaska, Annika creció en el oeste de Estados Unidos; con un padre cirujano y su madre bibliotecaria, al nacer su familia se encontraba en Richmond, Virginia, pero pronto se mudaron al estado de Oregon y más tarde a California, donde pasó la mayor parte de su vida.
    Los viajes, y cierto estilo de vida nómade, la llevaron a ser siempre “la chica nueva” en cada lugar, algo que le resulta agradable, pues se muestra muy sociable y dispuesta a nuevas amistades y vínculos.
    Su vida en Palmer es muy distinta a la que conoció durante su crecimiento, y radicalmente diferente a la que puede llevar aquí; durante el verano, la ciudad tiene un promedio de 22 horas de luz y durante el invierno, alrededor de 22 horas de oscuridad. Por eso, generalmente su rutina comienza alrededor de las 4.30 de la mañana para ir a natación. Desde las 7 a las 15 horas, se dedica a sus estudios en la escuela a la que asiste, y luego a otras actividades que la apasionan, como la música.
    Aunque su instrumento principal es la flauta traversa (integra un equipo musical representativo de Alaska), también sabe tocar tuba, piano y batería. Además de un fluido español, Annika también habla noruego. Al igual que su hermano de 12 años, ambos aprendieron a través de su mamá, quien vivió ocho años en el país nórdico.
    En el proceso de intercambio que coordina el Rotary Club, se requieren alrededor de tres años en los que el intercambista se prepara y se dedica a estudiar el idioma, conocer la cultura del país de destino, entre otros aspectos; durante el segundo año, se produce el intercambio propiamente dicho, y durante el tercero, se dispone a ayudar a los “outbounds”, que son los intercambistas seleccionados pero que aún no realizan su viaje. Todo este proceso lleva muchas reuniones y la elección del país es de acuerdo a la personalidad de los jóvenes.
    Según cuenta Annika, cuando le comunicaron que venía a Argentina se puso muy feliz. Aunque nunca había visitado estas tierras, tenía algunas nociones de nuestro país, gracias a un intercambista brasileño que su familia recibió tiempo atrás.
    “Estudié mucho porque me interesé mucho. Al principio mis padres no querían que viniera, porque cuando me preguntaron tenía 14 años”, contó la joven a LA VOZ. Pero con el tiempo, sus padres cambiaron de opinión y accedieron a la posibilidad. Fue entonces cuando ella comenzó a juntar dinero para solventar sus gastos, por lo que trabajó cuidando niños y en un estudio de abogados.
    El primer contraste que notó al llegar a la Argentina, fue la afectuosidad de sus habitantes:”Me llamó la atención la gente, acá es mucho más abierta. En Alaska el clima es mucho mas frío y la gente es amable, pero cerrada. Acá se dan muchos besos y abrazos”.
    En Zárate, Annika fue recibida por la familia Llado (primero por Juan y Viviana –padres-, y sus hermanas Paula, Valentina, y Amparo, y luego por Pili y Tato –padres-, y sus hermanas Pilar, Zoe, y Maitena).
    “Me encanta Argentina, con mi familia de acá comemos todos juntos, allá no tenemos tiempo para eso. Hacemos sólo una comida por día juntos, sino separados”, contó. En su estadía pudo conocer ciudades del sur como Ushuaia, El Calafate, Puerto Madryn y la provincia de Buenos Aires, en viajes realizados con otros intercambistas, y en mayo partirá en otra recorrida hacia el norte argentino.
    Aquí, se encuentra cursando el 5to año en el Colegio Estrada; también hace natación, y le agrada salir a correr por la Costanera o reunirse con su grupo de amigas. “La adolescencia acá es mucho más feliz que en Estados Unidos. El colegio allá es mucho más estricto, y acá más divertido”, señala y agrega: “Mi meta más grande para el intercambio, era hacer algo para la comunidad. También quiero tener más empatía, saber más de otras personas, otras culturas y tener un pensamiento mas grande”.
    Acompañada por su madre, Annika desarrolló un gran interés por el cuidado del medioambiente, algo que atraviesa su vida diaria y que forma parte de los proyectos que trajo para su estadía en el país.
    “Una cosa que noté en Argentina, y aquí en Zárate es que hay mucha contaminación, con todas esas fábricas cerca del río. Yo pruebo vivir sin basura, sin plástico, entonces noto mucho cuando alguien deja un papelito en el piso. Creo que el problema es de educación, entonces voy al 6to año de las primarias públicas para enseñar un poquito sobre contaminación”, explicó.
    “Yo no tengo mucho más tiempo acá y no puedo hacer un cambio enorme, pero quiero pensar la idea. Hablé con el Rotary y con Interact (el grupo de adolescentes solidarios del Rotary Club) para continuar este proyecto. Este verano voy a un curso para aprender más sobre cómo hacer proyectos como éstos y si algún día puedo volver, hacer algo mas grande”, concluyó.

    Annika Gagnon.