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  • Eva Perón: un feminismo intuitivo y visceral

    7/5/2019
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    Se cumplen hoy cien años del nacimiento de quien alcanzó fama mundial como «Evita». Los historiadores aún debaten el lugar donde nació: algunos dicen que fue en la estancia La Unión, a veinte kilómetros de Los Toldos (Partido de General Viamonte), otros que fue en la ciudad de Junín. Lo cierto es que se cumplen cien años de aquel día en que Juana Ibarguren la dio a luz asistida por una comadrona aborigen llamada Juana Rawson de Guayquil.
    Eva Duarte vivió en Junín hasta los quince años, cuando decidió mudarse a Buenos Aires para convertirse en actriz. Sin recursos ni educación, lo consiguió. Adquirió cierto renombre siendo tapa de revistas y protagonizando programas radiales. En enero de 1944 conoció a Juan Domingo Perón en un festival de la comunidad artística en beneficio de las víctimas de un terremoto que había destruido la ciudad de San Juan pocos días antes. Al mes ya vivían juntos y dos años más tarde se casaron en una ceremonia íntima.
    Para febrero de 1946, tras una campaña electoral en donde la presencia de Evita fue notable, Perón fue electo Presidente. De ahí en más se convirtió en la «Abanderada del Pueblo» y, apoyada por el movimiento obrero y popular, se lograron grandes conquistas; el voto femenino, por ejemplo, que se efectivizó en 1951.
    Evita es una figura que merece ser abordada desde diversas perspectivas. Ese solo nombre ha encendido desde hace más de medio siglo el amor o el odio apasionados de los argentinos. Son muchas las biografías que se han escrito sobre Eva Perón y casi todas la ensalzan o la denigran. La idea de que alguien pueda ser más o menos objetivo con ella, al menos en la Argentina, resulta casi irreal. Denostada como un ser demoníaco, venerada como una santa, convertida en ícono, pocas personalidades nacionales han suscitado reacciones tan encontradas. Su vida ha sido llevada al cine, a la televisión y a la comedia musical y alcanzó rápidamente dimensión simbólica. Así, la mujer real llegó a ser heroína de varias narraciones literarias y tema de numerosos ensayos y biografías.
    La historiadora Marysa Navarro, su primera biógrafa, se cansó de afirmar que Evita no fue feminista, pero que con su práctica cambió las coordenadas de la mujer, al lanzarlas a las aulas y la militancia.
    En un balance de su vida, no puede omitir un hecho anticipatorio y central: su feminismo intuitivo y visceral. Evita es una de las imágenes del siglo XX que empoderan a la mujer, más allá de las ideologías.
    En tiempos en que el feminismo era una lucha incierta de las mujeres argentinas, ya desde el año treinta, Eva fue capaz de irrumpir con estos propósitos insólitos para la época: «Nosotras estamos ausentes de los gobiernos. Estamos ausentes de los parlamentos. […]. No estamos ni en el Vaticano ni en el Kremlin. Ni en los Estados Mayores de los imperialismos. Ni en los laboratorios de energía atómica. Ni en los grandes consorcios. Ni en la masonería. Ni en las sociedades secretas. No estamos en ninguno de los grandes centros del poder mundial. Y sin embargo estuvimos siempre en la hora de la agonía y en todas las horas amargas de la humanidad. Parecería como si nuestra vocación no fuese la de crear, sino la del sacrificio», decía.
    Tal vez su mayor consecuencia política, aparte de la señalada sumisión de todo poder político al inmediato mandato de bien común y solidaridad, pasa por la creación del Partido Justicialista Rama Femenina, donde las mujeres argentinas se encontraron y analizaron su condición sin la presencia de esposos, padres, hermanos o amantes. Fue un verdadero ámbito libre en el que la mujer expresó y analizó los problemas y postergaciones y en el que, por primera vez en Iberoamérica, la mujer argentina asumió puestos profesionales y ocupó un lugar de respeto nunca alcanzado antes.
    A los 33 años, después de una agonía dolorosa, Eva murió el 26 de julio de 1952, en un Buenos Aires de lágrima y aguacero. Para muchos, si el peronismo sigue siendo significativo, ello se debe a la pasión, al corazón y al coraje de Eva. En este país desmantelado por el seudo-liberalismo mercantilista su mensaje sigue siendo permanente. Son las dos palabras que siente nuestro pueblo en esta hora decisiva: coraje y solidaridad.

    Evita fue ampliamente apoyada por el movimiento obrero y popular.