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  • Se celebró el Día de la Virgen de Luján en Villa Massoni

    9/5/2019
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    Pétalos de flores rojas, rosas y ramilletes amarillos llovían al paso de la virgen cuando salía del templo en la procesión por el barrio. A su paso los fieles querían tocarla, le rezaban, le agradecían y le tiraban besos.
    La devoción por una creencia, por la fe, expresada públicamente. Amor y gratitud compartían los fieles por la calle Pueyrredón en una larga columna que rodeó la manzana y regresó al templo que lleva el nombre Nuestra Señora de Luján.
    Las fiestas patronales en Villa Massoni, en el día de la virgen, se vivieron como otras procesiones y festividades litúrgicas de antaño. Nada mediaba entre la virgen y las personas, sólo la devoción. “Pidamos por los que la están pasando mal, por los pobres, por los enfermos. Agradezcamos a la virgen”, eran las palabras que expresaban los colaboradores en la camioneta que guiaba la procesión.
    Encabezaba la columna el padre Agustín Villa y lo secundaban los niños y niñas de catequesis, y luego el resto de los vecinos pertenecientes a la comunidad parroquial.
    Al regreso al templo, la imagen de la virgen volvió a entrar victoriosa, aplaudida y venerada. “Viva la Virgen”, repitió tres veces el padre Agustín, cada vez con mayor énfasis.
    Finalmente la imagen quedó en la puerta del templo, acompañando a los fieles en la misa. A la salida todos pudieron tocarla y expresar sus peticiones y agradecimientos.
    Día de la Virgen del Luján
    La Iglesia católica celebra el día de la Patrona de Argentina, la Virgen de Luján. Miles de fieles se reunieron en la Basílica de Luján en su honor y es la fiesta patronal del partido bonaerense de Luján; razón por la cual se realizan numerosos festejos además de recibir a gran cantidad de peregrinos. Además se celebraron actos y misas en su honor en todo el país.
    La imagen original de la virgen mide 38 centímetros de altura, está realizada en arcilla cocida y representa a la Inmaculada Concepción. En 1630, un hacendado portugués que vivía en Santiago del Estero le pidió a un compatriota que le enviara desde Brasil una imagen de la Inmaculada Concepción de María. El amigo remitió por barco dos imágenes para que pudiera elegir, pero al transitar desde el puerto de Buenos Aires, una de las carretas que las llevaba se detuvo inexplicablemente en Zelaya, partido de Pilar, provincia de Buenos Aires. Al intentar mover la carreta los bueyes permanecían inmóviles y los vecinos de la zona quisieron conocer el contenido de los cajones y se encontraron con la imagen de la Virgen que quedó depositada a orillas del Río Luján.
    Los conductores pensaron que la carreta no avanzaba por la carga y sacaron el cajón de la Virgen y entonces los bueyes caminaron.
    Como cada vez que bajaban la caja con la Inmaculada, la carreta avanzaba, se dieron cuenta los presentes que la Virgen se quería quedar en esa orilla. La gente, no obstante, llevó la imagen de la Virgen hasta la estancia más cercana, de Rosendo de Trigueros donde quedó instalada en una ermita hasta que se le hiciera una capilla.
    Los acontecimientos ocurrieron en la zona de Pilar, donde todavía hay un vado del río Luján conocido como Pasaje de la Virgen, ubicado a 24 kilómetros de la actual Basílica.
    En ese sitio provisorio, durante los primeros años, la Virgen recibía regalos y ofrendas muy valiosos para la gente de campo, como ganado vacuno o lanar, de ahí que se la llama “La Virgen Gaucha”. Una vecina, Ana de Matos, se comprometió a mantener su culto sin importar el costo monetario y ofreció sus tierras, situadas donde hoy se alza la basílica, sobre el río Luján. Pese a la resistencia inicial de los fieles, se aceptó la propuesta y allí permanece en la actualidad.
    Uno de los protagonistas de la historia es el Negro Manuel, un esclavo que se convirtió en fiel custodio de la imagen y atendía a la gente que venía a venerarla.

    La misa se realizó en el templo de la Parroquia, luego hubo una procesión por las calles del barrio.