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  • Zárate homenajeó al Gral. San Martín

    20/8/2019
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    La lluvia torrencial que se desató a media mañana en la ciudad, hizo que el acto central de homenaje al Libertador General San Martín del sábado 17, tuviera que desarrollarse en el salón de actos municipal, en vez de su sitio habitual en la plazoleta de Tres de Febrero y Rivadavia donde se alza el busto del prócer.
    El acto estuvo encabezado por el Intendente Osvaldo Cáffaro, la presidente de la Asociación Sanmartiniana Dra.Virginia De Paolo y el secretario Lic.Sergio Robles acompañando con su presencia las diputadas provinciales Patricia Moyano y Sandra Paris, el presidente del HCD Ariel Ríos, funcionarios municipales, concejales, consejeros escolares, miembros de Fuerzas de Seguridad y Armadas y los abanderado, escoltas y directivos de la Escuela Nro. 1 que lleva el nombre del prócer, del Jardín de Infantes Nro. 902; del cuerpo de Boys Scouts “Alférez Thomas Page”, integrantes del Centro tradicionalista “La Zamora” , banderas de colectividades extranjeras y representantes de instituciones.
    La Banda Municipal de Música comenzó el acto interpretando el Himno nacional luego de lo cual la Dra. Virginia de Paolo evocó la trayectoria del general San Martín “este aniversario decidimos contar cómo San Martín vivió sus últimos días, en completa austeridad, acompañado por su hija, su yerno y sus nietas en Boulogne –sur-Mer, en ese exilio voluntario que emprendió conservando su lucidez hasta el final de sus días”,(ver aparte).
    Luego de un minuto de silencio los presentes entonaron a viva voz la marcha de San Lorenzo, ejecutada por la Banda Municipal y se dio por finalizado el homenaje al cumplirse 169 años del fallecimiento de San Martín.
    Una vez terminado el acto, el intendente Osvaldo Cáffaro agradeció a la presidente de la Asociación Sanmartiniana de Zárate, el haber destacado en su discurso el lado humano de San Martín, “siempre se destaca su faceta de libertador, de líder de un ejército, pero hoy se rescató su faceta más humana, la de sus últimos días junto a su familia en el exilio y la entereza con la que enfrentó la muerte”. También destacó que “hay que aprender de su historia y de su legado para mejorar nuestro presente y futuro”.

    El acto en el Salón Municipal con autoridades y vecinos.

    Recordando al libertador, palabras de homenaje

    “A comienzos de 1848, San Martín y su familia vivían en Grand Bourg cerca de París, cuando se desató el movimiento revolucionario que instauró la Segunda República, entre graves desbordes populares y sangrientas luchas callejeras. Esto motivó al Libertador a alejarse de aquel foco conflictivo y radicarse, temporalmente, en un sitio más retirado y apacible.
    Elige, pues, para esta etapa -que será la final de su vida- la ciudad de Boulogne Sur-Mer, en la costa norte francesa sobre el canal de la Mancha. La ciudad le era grata al general por ser marítima, y porque el ferrocarril les aseguraba fácil acceso a París, quizás, para las consultas médicas, cada vez más frecuentes de San Martín.
    La familia se instaló en los altos de la casa situada en la Grand Rue, 105, propiedad del abogado Alfred Gérard, director de la Biblioteca Pública de la ciudad, quien ocupaba la planta baja
    Solamente se llevó los muebles y pertenencias de su dormitorio, a su habitación de Boulogne-Sur-Mer, y que hoy se hallan resguardados en una sala de nuestro Museo Histórico Nacional, respetando la distribución que tuvieron en los altos de Gérard. Estos muebles revelan la sobriedad del ambiente en que desarrollaba su vida cotidiana, pautada por hábitos estoicos.
    Hacía mucho que no recibía visitantes. Esa ingratitud lo eximía de tener que fingir preocupación por las cosas reales.
    Tenía 72 años estaba casi ciego, y ya doblegado por los dolores intestinales. Poco a poco su salud se fue deteriorando, por el mal tiempo no podía hacer los ejercicios que le eran necesarios, había perdido el apetito y fue postrándose gradualmente ya no se lo veía ir erguido con su bastón y su chalina por la calle de la Iglesia hasta la Plaza del Municipio y comprarse algún cigarro bueno como le gustaba.
    El sabía que los achaques no venían de las cabalgatas terribles a 4000 metros de altura allá en los Andes ni de las vigilias antes de una batalla. La enfermedad venía del universo de chismes y calumnias, de la inesperada pequeñez de hombres de los que no se había dudado, al fin y al cabo, la cruel América, con su politiquería, había destrozado a sus héroes.
    Quizás lo invadían imágenes perdidas: el resplandor verde y caluroso de las selvas de Yapeyú con el portal de piedra de la iglesia jesuítica. El caserón de tejas, de la casa de Buenos Aires; donde de niño partió hacia España. O veía a aquel joven teniente coronel, en casa de los Escalada o escuchaba las risas de sus mujeres, que retornaban: su madre Gregoria, la melancólica Remedios; Rosa Campusano la de las noches triunfales de Lima; y hasta aquellas gitanas de sus primeras experiencias en sus tiempos de cadete en Murcia.
    Pero aunque sus padecimientos destruían sus fuerzas físicas y su constitución, que había sido tan robusta, respetaban su inteligencia. Conservó hasta el último instante la lucidez de su ánimo y la energía moral de que estaba dotado en alto grado.
    El día 13 agosto de aquel 1850, por la noche, fue atacado por agudos dolores de estómago y debió recurrir a una fuerte dosis de opio para amenguarlos. Como única manifestación frente al padecimiento, dijo a su hija, que lo asistía con la ternura de siempre: “es la tempestad que lleva al puerto!”, delicadeza del padre que se vale de una metáfora para expresar su sensación del inminente fin y no agravar el dolor de Mercedes.
    Al día siguiente amaneció amortecido pero, en medio de una fiebre alta, se recuperó y en la mañana del 17 de agosto, se mostró con aparente mejoría pidiendo pasar a la habitación de su hija para escuchar la lectura de los periódicos. Pero era una aparente mejoría, hacia las dos de la tarde se produjo una nueva crisis y fue recostado en el lecho de su hija.
    “Esta es la fatiga de la muerte… “ fueron sus palabras para pedir a su yerno Mariano Balcarce que lo condujera a su habitación. A las tres de la tarde expiró. Tenía 72 años.
    Así fueron los últimos días y horas de vida de nuestro Libertador. Quien nacido en un pueblito correntino y sin fortuna, alcanzó la cima del reconocimiento público e interpretó las mejores partituras del liberalismo político cuando éste fue revolucionario comando con éxito las campañas libertadoras de América del Sur.
    Y años más tarde, cuando los mitos fueron necesarios para que nuestra Patria exista, no como mero conglomerado de personas, sino cargadas de valores, de principios, de ideales, de conductas éticas, se convirtió en el Padre de la Patria.
    Desde esta Asociación Sanmartiniana, instamos hoy a los jóvenes a profundizar en la historia del General San Martín para comprender cómo una de las mayores empresas políticas de nuestro continente fue protagonizada por este general de origen humilde, que se capacitó, aprovechó las oportunidades que la historia le brindaba y avanzó con objetivos claros y un proyecto concreto.
    El confió para su empresa en los jóvenes con talento, a quienes convirtió en sus Granaderos a Caballo, les exigió disciplina, les inculcó coraje y los convirtió así en el corazón valiente de las luchas por la emancipación americana”.

    Abanderados escolares, de Scouts y del centro Zamora en el acto.
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