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  • Una historia marcada por la violencia

    22/8/2019
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    “De lo que más hablaba, era de su hijita”, cuenta con la voz quebrada Agustín Ramírez, padre de Stella Maris. El hombre, que trabaja como empleado en un taller de chapa y pintura en Resistencia, vivió toda su vida en Chaco. Desde hace varios años se encuentra separado de la madre de la joven.
    La última vez que vio a Stella Maris fue a fines de julio, cuando ella viajó por motivo del cumpleaños de su padre. Agustín la recuerda y se le dibuja una tenue sonrisa en el rostro. En cambio, la relación con su madre era distinta. Desde hace tiempo ambas habían tomado distancia en su vínculo, a raíz de una situación de violencia que la joven habría sufrido tiempo atrás, según había contado a su entorno.
    Su relación con Carlos Entivero estaba marcada por la violencia; a comienzos de este año, Stella Maris se había visto obligada a abandonar sus estudios en el Instituto Nro. 120, donde cursaba la carrera de Educación Inicial, a raíz de los celos y la violencia ejercida por su pareja.
    En el vecindario, cuentan que era usual oír los gritos y golpes que Entivero le propinaba a su compañera. Todos estos episodios, atravesados por la idea machista y arcaica de celos, control y dependencia.
    “Terror” fue la palabra utilizada por personas de su entorno, para describir el estado en el que transcurrían los días de Stella Maris, que debía cuidar con quien hablaba, a quien miraba y hasta adónde iba, recorriendo el siniestro espiral de oscuridad que vivía con su pareja, quien en ocasiones revisaba su celular, y hasta respondía mensajes por ella. Tal es así, que de esa manera, sus compañeras de curso se enteraron que abandonaría la carrera.
    Surge entonces el interrogante, acerca de las deficiencias que presentan los Estados nacionales, provinciales y municipales, para dar respuesta a esta problemática enquistada en la sociedad, y que se atraviesa a un sinfín de mujeres a diario.
    Zárate, por su parte, aún cuenta con una gran deuda hacia sus vecinos dado que, a diferencia de localidades cercanas como Campana o Escobar, no cuenta con refugio para mujeres víctimas de violencia de género, quienes se ven obligadas a vivir con quien las violenta día a día, o en su defecto, disponer de una medida de restricción perimetral, fácilmente vulnerable para los agresores, dada su falta de control.
    A esto, se agrega que el gobierno nacional destinó al presupuesto de este año, la suma de 234,3 millones de pesos al Instituto Nacional de las Mujeres (INAM), que es el organismo encargado de la aplicación de la Ley N° 26.485 de Protección Integral a las Mujeres. Este monto equivale a $11,36 por mujer e implica una retracción del 18% con respecto al asignado en 2018.

    El miércoles, limeños marcharon por Stella Maris Ramírez.