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  • El relato de un matrimonio zarateño que regresó de un crucero por Europa, el epicentro de la pandemia

    30/3/2020

    Francisco García Alonso y su mujer, Ana María, soñaban con regresar a Europa; y desde hacía varios meses venían planificado un viaje en crucero. El plan original era cruzar el Atlántico hasta España, bajar en Málaga, hacer un breve paseo por Portugal, reingresar a España y el 14 de abril volver a la Argentina. Ese era el itinerario original y en el atardecer del 3 de marzo ambos zarateños partieron del puerto de Buenos Aires con muchas expectativas. “Era una oportunidad única para vacacionar pero también para hacer `el retorno de emigrante’; ya que en 1952 yo fui uno de los tantos inmigrantes llegados de España. Recuerdo que llegamos a Buenos Aires en barco, en el `Vapor Córdoba’, yo con un año y algo de edad, junto a mis padres y mi hermano de 8 años. Por eso queríamos realizar, simbólicamente, el camino inverso: El retorno del emigrante. Personalmente quería saber cómo era volver a España por el mar. Ese era el propósito”. La mente de Francisco García Alonso ensaya una disgresión que vence al tiempo llevada en andas por las emociones, “mis padres buscaban un nuevo horizonte, otras posibilidades laborales, y quisieron venir a la Argentina. Y nos afincamos en Zárate porque una hermana de mi abuela vivía aquí. Y ella les había comentado a mis padres que había trabajo, que estaba el frigorífico y la celulosa, y que en Zárate íbamos a tener posibilidades de desarrollo”, comenzó su charla con LA VOZ.

    El regreso del emigrante”

    La firma “Costa Cruceros” dispuso de un imponente buque con capacidad para 3 mil pasajeros y 1100 tripulantes. Y entre el pasaje, viajaba una comunidad de 950 argentinos. La primera parada la hicieron en Río de Janeiro, la segunda en Salvador de Bahía y la tercera en Maceió (Brasil). Luego de cinco días atravesaron el océano y, llegando a las Islas Canarias, el clima festivo comenzó a “enrarecerse”; cuando el capitán les comunicó, oficialmente, que el buque no iba a poder amarrar en el archipiélago. Tampoco se les permitió amarrar en Málaga ni en Barcelona en España. Entonces la tensión comenzó a aumentar y la fiesta definitivamente se transformó en inquietud y nerviosismo.

    Latinoamérica unida

    “Al clima de tensión y nerviosismo se sumó una situación determinante; que fue la interrupción de los canales de noticias. Sólo había películas para mirar en la televisión de los camarotes. A su vez, nos cobraban cinco euros la conexión diaria a internet y no teníamos modo de conectarnos vía whatsapp con nuestras familias. Pero gracias a la acción de un grupo de latinoamericanos inquietos y exhaltados se logró que nos liberaran internet para los pasajeros; pero sólo para enviar mensajes de textos. Nada de audios ni archivos multimedia”, recordó el zarateño.

    Y como sucede en situaciones de encierro, siempre hay un subgrupo que asume un liderasgo natural y se dispone con más ímpetud a reclamar y negociar benficios para su grupo de representados. Y este rol, de forma natural, lo asumió un grupo de latinoamericanos. El crucero se había transformado, literalmente, en un barco a la deriva.

    Cabildos abiertos y asambleas en cubierta

    Otro detonante de los reclamos fue cuando amarraron en el puerto de Marsella, Francia. Y al igual que el gobierno español, tampoco permitieron su amarre en tierras francesas. Sólo dejaron bajar del buque a los ciudadanos franceses. El resto de los turistas quedó cautivo en el lujoso crucero.

    “El corte de los noticieros televisivos, el cobro de la internet, el retaceo de información, la deriva del buque por el Mediterráneo buscando un puerto que aceptara su amarre y la negación del gobierno francés de dejarnos descender generaron que las reuniones pasen a ser asambleas, y luego al rango de cabildos multitudinarios en donde la gente quería saber nuestra situación y regresar a la Argentina y a otros destinos de América. Nosotros partimos el 3 de marzo, por lo tanto no estábamos muy al tanto de todo el desarrollo de la pandemia a nivel mundial”, aclaró García Alonso. Finalmente las reuniones de los latinos se dieron en los pasillos, luego en el teatro del barco y finalmente en la popa, sobre la cubierta. En tanto los extranjeros se mantenía al margen de estos cónclaves que permitieron, entre otras cosas, generar un nexo comunicativo con el capitán.

    “Finalmente nos comunican que el barco amarraría en Génova, Italia, y esto nos generó mucha preocupación porque Italia estaba siendo el epicentro de la pandemia en Europa y nadie quería bajar en Italia”.

    Repatriados

    El barco arribó al puerto de Génova el sábado 21 de marzo muy temprano. Por lo tanto toda la tripulación fue informada que viajarían del puerto al aeropuerto, ubicado a quince minutos, mediante un “cordón sanitario”; en el cual no iban a tener contacto con el exterior ni tampoco podían tocar cosas. Y así fue, viajaron en vehículos desde el puerto hasta la pista del aeropuerto. Allí subieron al avión con destino a Buenos Aires. Ante la gran cantidad de argentinos, fueron necesarios cuatro vuelos. Y Francisco y su esposa Ana María tomaron el último, el mismo sábado 21. Se trataba de un avión de la aerolínea Italiana Neos,con escala en Tenerife.

    “Siempre nos sentimos acompañados por la firma Costa Cruceros y la Federación de Entidades Españolas e Italianas. También estamos muy agradecidos a los gobiernos de Italia y Argentina que hicieron muchos esfuerzos para repatriarnos”, destacó García Alonso; quien actualmente está cumpliendo la cuarentena obligatoria junto a su esposa.

    Por último Ana María se emociona al repasar varios momentos intensos que les tocó vivir en su viaje que se transformó en travesía. “Vivimos con mucha emoción la partida del puerto de Buenos Aires, el buen recibimiento que nos hicieron en Génova pero lo más emocionante fue cuando el avión carreteó y tomó altura al salir del aeropuerto con destino a Buenos Aires. Los pasajeros aplaudían que estaban retornando a su tierra, con lágrimas en los ojos luego de tantos días de nerviosismo en el mar”.