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  • Más acá del Río: No me olvides continente

    14/2/2017
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    La última gran creciente que sufrió hace aproximadamente un año la zona del Delta, dejó un preocupante sinsabor en los isleños y un fantasma acechando el área insular. Luego de las notables pérdidas sufridas por los vecinos insulares y el certero golpe al sector productivo, hoy, los isleños –los que se quedaron- permanecen azuzados por el nivel de las aguas cada vez que el viento sopla del sudeste; o cuando hay marea en el Río de la Plata; o abren las compuertas de las represas río arriba. Es que a pesar del paso de los años, la experiencia y la resistencia, aun permanecen intentando comprender el complejo fenómeno que es la crecida, en el marco de un reclamo histórico: el dragado de los ríos, arroyos y canales.
    Un isleño se para en el extremo de su terreno; con las manos en la cintura piensa, enciende un cigarrillo y mira la serpiente marrón que se esparce entre las islas del Delta. La sudestada lo preocupa, y las decisiones inconsultas de río arriba también. Dragar un curso de agua es lo más parecido a un by-pass en el cuerpo humano y se trata justamente de desbloquear las arterias de este gran pulmón que es nuestro Delta. Para situarnos en el tiempo, el último dragado de la zona data de los años ochenta.
    En la zona de Campana, quienes conocen el mapa y el territorio, saben acerca de la curva que hay que tomar al ingresar por el canal Alem o el río Carabelas desde sus hermanos mayores -el Paraná de las Palmas y el Paraná Guazú respectivamente- dado que la lógica de la línea recta, en este caso, equivaldría lisa y llanamente a quedarse encallado.
    El punto, es que la draga no solo implicaría un mejor drenaje de las aguas ante el perpetuo temor de la creciente, sino principalmente la garantía de paso cuando el agua está baja por demás. Los niños y niñas que aún cuentan con el servicio de lancha como transporte escolar, anualmente pierden casi la mitad del período lectivo entre mal tiempo, neblina y agua baja.
    Durante el año pasado, en el sector insular de Zárate se vivió el mismo y angustioso escenario. Primero fue la crecida del río y a partir de agosto la bajante; lo cierto es que durante todo el 2016 los alumnos de la Escuela Primaria Nro. 32 de Isla Botija no tuvieron clases. El problema, tal como informó este medio en su momento, no era una cuestión educativa o docente, tampoco de infraestructura del establecimiento, sino que desde la última inundación los sedimentos arrastrados por el río se alojaron en la boca de acceso al arroyo La Botija, y cuando hay bajante del río las embarcaciones no pueden ingresar a las escuelas. Desde el Consejo Escolar se gestionó la actividad de un arenero que remueva los sedimentos, pero advirtieron que los mismos habían convertido en tosca al endurecerse.
    Si bien el Concejo Deliberante de Zárate aprobó una Resolución dirigida a la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires, al Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de la Provincia de Buenos Aires y a la Dirección Provincial de Islas y Desarrollo Turístico Sustentable solicitando dragado y mantenimiento del canal de ingreso a establecimientos educativos de Isla Botija, hasta el momento, nadie del gobierno de María Eugenia Vidal ha recogido el guante.
    Además de los bancos de barro y arena que impiden el paso, describen los vecinos insulares de Campana, existe el problema constante de troncos clavados en los lugares de siempre que -similar a un bache en continente- “parece inconcebible que ya sepamos de antemano donde se encuentran para esquivarlos. Ni hablar de la cantidad de residuos de la industria forestal que suben y bajan mansamente por los afluentes del Paraná requiriendo cualquier navegante de un quinto sentido para surcar las aguas y no morir en el intento”.
    Para el 2016 el dragado del Canal Alem era una certeza que el municipio de Campana comunicaba abiertamente. En este sentido, los vecinos insulares sostienen: “Al año de estar con el agua al cuello, no solo no llegó draga alguna sino que tampoco se trabajó en un plan de contingencia ante un nuevo desastre ‘natural’. Por ejemplo, seguimos sin un centro de evacuados o una lancha para atender emergencias. La suerte quedará nuevamente echada a una esporádica reacción caritativa cuando envíen algún cargamento de agua y fideos desde La Plata. Esperemos que la cercanía de los comicios electorales del 2017 apure este pedido y espabile a nuestros funcionarios antes que el agua, otra vez, nos gane de mano”.

     

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