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  • Apoyo al carnicero en la última jornada del juicio: el jurado define si va preso o queda libre

    13/9/2018
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    “No podía saber quién tenía la plata, el chico se cae y ahí llego yo”, dice Daniel Oyarzún. Faltan muy pocos minutos para termine la tercera audiencia y en la sala se produce un enredado intercambio de frases. El Fiscal de Juicio José Luis Castaño le afirma al carnicero que Brian González no tenía dinero entre sus pertenencias, le pregunta si el sujeto que salta de la motocicleta segundos antes del impacto es el que le robó, a lo que “Billy” responde que no sabe, que para él son lo mismo. Castaño le dice que los agentes judiciales que trabajaron en el caso dejaron constancia sobre las pertenencias del fallecido, donde no había dinero. La discusión sube de tono y Oyarzún expresa: “No me iban a decir si tenía o no la plata, a lo mejor se la agarraron ellos”. “¿Esta es la imagen que usted tiene de la Justicia?”, replica el Fiscal, y antes de que la Jueza Liliana Dalsasso fuerce el fin de la discusión, el fiscal contrataca: “Usted no cree en la Justicia, usted elije la justicia por mano propia”.
    Así, fue el cierre de una jornada poblada de intensidades. Se puede decir que esta vez, el comienzo de la audiencia tuvo un mayor grado de puntualidad que los días anteriores. Como desde el comienzo de semana, Daniel “Billy” Oyarzún, el carnicero imputado por Homicidio Simple en la muerte de Brian González, llegó al lugar acompañado por su familia.
    Su rostro ya muestra el desgaste; sale afuera del Tribunal Oral de Campana, se agacha en la vereda, prende un cigarrillo. Habla poco. En varias oportunidades se lo ve solo, sentado y agarrándose las manos entre las rodillas. Las extensas jornadas, sumado al repaso constante una y otra vez de la secuencia de los hechos, la reproducción de los videos, son un desgaste para cualquier persona. Lo mismo sucede con la familia de la víctima, que por primera vez, al finalizar la audiencia, romperá el silencio y hablará con la prensa.
    DECLARACIONES
    El debate abrió ayer con el testimonio de Leonardo Cristian, el ingeniero mecánico de la Asesoría Pericial de San Isidro que analizó los vehículos que participaron del hecho; en una sala a media luz, el perito exhibió varias fotografías que se proyectaron sobre una de las paredes. Allí se vieron las marcas que la motocicleta dejó sobre la zona frontal del auto del imputado, que según pudo determinar, viajaba a 20 km/h más que la motocicleta. Desde el centro del frente del Peugeot 306, hacia el ángulo izquierdo, se pueden ver marcas del rodado que conducía González, de un nomenclador y, por último, de la columna del semáforo que puso fin al recorrido del vehículo. El profesional comprendió a la perfección la dinámica del juicio; con un relato técnico, pero claro y didáctico, graficó al jurado todas las hipótesis elaboradas. También aportó otro dato: el automóvil tenía realizada la Verificación Técnica Vehicular (VTV) y sus frenos funcionaban.
    El jurado popular observa con atención cada una de las palabras de los testimonios; al comienzo, la postura corporal de la mayoría es homogénea. Casi todos se cruzan de brazos. Sobre el cierre, la armonía gestual se desarma. Unos se inclinan hacia adelante, otros se recuestan sobre el respaldo. Se cruzan de piernas, o se sostienen el mentón.
    Siguieron dos testigos oculares del robo: Miguel Angel Núñez y Marcelo Reynoso. El mediodía de aquel 13 de septiembre, ambos se encontraban en la puerta de la vivienda del primero, frente a la carnicería de “Billy”. Vieron llegar la moto con los dos ocupantes, y luego ingresar al acompañante al local con fines de robo. Se escucharon gritos que pedían dinero y luego dos disparos.
    Núñez salió corriendo a buscar a su hijo que jugaba en la vereda, para ponerlo a resguardo. Reynoso, guardó su moto por temor al robo. Llegaron a ver a Marcos Alteño, quien había ingresado a robar a la carnicería, efectuar algunos disparos y a Oyarzún seguirlos por detrás.
    También aportó su testimonio Sebastián Giordanengo, un vecino de la zona que llegó a la esquina de Antártida Argentina y Echeverría varios minutos después del choque. A Brian se lo había llevado la ambulancia, Oyarzún tampoco estaba. Giordanengo, se ofreció como testigo del procedimiento de relevamiento de rastros en la zona, y aportó detalles del trabajo de los peritos de Policía Científica, del Fiscal y el instructor judicial, Claudio Giliberti, quien también fue llamado a testimoniar.
    El empleado judicial trabaja actualmente en la fiscalía de Delitos Complejos, pero hace tres años atrás, acompañaba el trabajo del Dr. Martín Zocca, a cargo de la UFI Nro. 6 de Homicidios. Giliberti brindó un relato minucioso de su tarea aquel día, tras haber sido convocado por el oficial de servicio de la Comisaría 1ra. Tanto en el lugar del choque como en la carnicería, el funcionario verificó y acompañó el trabajo de los peritos.
    Fue durante su testimonio, cuando el abogado defensor, Dr. Izquierdo, puntualizó en un tema que venía deslizando días atrás: el letrado, mencionó a Brian González, como partícipe de un hecho ocurrido en julio de 2016, donde una persona embistió con su automóvil a dos delincuentes que acababan de robarle. El error del abogado derivó en una irrupción del fiscal y en un llamado de atención de la Jueza. Por esas trampas que llevan las casualidades, había confundido a Brian González, con otra persona, de nombre Braian González, quien se encuentra imputado por “Homicidio Simple” por la muerte de Paulo “Manchuki” Giménez. Al respecto, el Fiscal Castaño aclaró que se trataba de dos personas distintas, y agregó que respecto a este caso, también se realizará un juicio por jurados en los próximos meses. Luego de un cuarto intermedio, Izquierdo debió pedir disculpas ante una seria mirada de la Jueza Dra. Dalsasso.

    Docente relató el choque
    Una auxiliar de la Escuela Nro. 5 de calle Pividal, le pidió a la docente Marisa Andrade si podía llevarla en su automóvil hacia una farmacia a comprar unos medicamentos; era cerca del mediodía y, en vez de tomar calle Rómulo Noya, Andrade decidió cambiar el recorrido. De un momento a otro, se encontraba estacionada en Echeverría y Antártida Argentina. Unas detonaciones llamaron su atención. Pensó que eran cohetes, hasta que pudo ver a una motocicleta que cruzó a la mitad la avenida y se dirigía raudamente hacia su vehículo. Uno de los ocupantes saltó, y salió rengueando. La moto voló y cayó a los pocos metros; pudo ver a un hombre que bajó del automóvil que venía detrás, que atinó a correr al sujeto que había saltado, pero luego se volvió hacia el auto. Esta secuencia sería retomada por el fiscal más adelante.

    Oyarzun respondió a las preguntas

    El carnicero no deja de mover sus pies con ansiedad; la Jueza le pregunta si quiere continuar su declaración y el imputado accede. Viste una campera negra y jeans azules. Cruza por detrás de los abogados, pasa por el frente del jurado y por segunda vez en la semana, se sienta detrás del micrófono y frente al jurado.
    “Billy” había sufrido tres delitos previamente. El primero no lo denunció, el segundo tampoco, sólo se llevaron carne sin pagar. Sobre el tercero no especificó.
    Como el primer día, Daniel Oyarzún volvió a relatar los hechos del 13 de septiembre de 2016. Impaciente, más de una vez pisó con sus palabras las preguntas del fiscal y la jueza le pidió que se tranquilizara. Luego de dar su versión sobre algunos detalles de la escena del robo, el análisis se posó sobre el momento del choque. Ahí, le inquirió sobre porqué golpeó a González, en el suelo: “Él me estaba insultando, no justifico mi actitud; son momentos de bronca, nervios donde uno no sabe lo que hace. Lo que yo hago es lo que hace cualquier persona”. “Según una perito, usted tenía plena conciencia”, le replicó el fiscal.
    Castaño afinó el lápiz, y tratando de penetrar en el pensamiento del acusado, preguntó: “Si usted siempre dijo que los siguió porque quería recuperar los suyo ¿Por qué no se fue detrás del que iba rengueando?”. “No podía saber quien tenía la plata, el chico se cae y ahí llego yo”, respondió Oyarzún, en un tenso clima de discusión, que sólo pudo poner fin la Dra. Liliana Dalsasso.

    ¿Legítima defensa, homicidio simple o exceso de legítima defensa?

    Una vez concluida la etapa de presentación de pruebas, en la jornada de hoy, las partes realizarán sus alegatos para buscar convencer a los 12 jurados que decidirán la suerte de Daniel Oyarzún, acusado de Homicidio Simple por la muerte de Brian González.
    La querella, a cargo del Dr. Ernesto Gómez que representa a la familia González, buscará que el jurado encuentre a Oyarzún, culpable del delito de homicidio simple; esto es, cuando existe la intención de una persona de matar a otra. La pena máxima, es de 25 años de prisión.
    En tanto el representante del Ministerio Público Fiscal Dr. José Luis Castaño, propondrá la figura de exceso de legítima defensa. Al respecto, el artículo 35 del Código Penal dice que “el que hubiere excedido los límites impuestos por la Ley, por la autoridad o por la necesidad, será castigado con la pena fijada para el delito por culpa o imprudencia”. Es decir que, si quien actuó con exceso en la legítima defensa mató, la pena será la del homicidio culposo. Esto tiene una pena de 1 a 5 años de prisión.
    Por su parte, el abogado defensor, Dr. Ricardo Izquierdo, buscará probar que Oyarzún actuó en legítima defensa, es decir, para repeler o evitar la agresión ilegitima de la que fue víctima. En este caso, se pedirá la absolución del imputado. El jurado dará su veredicto, pero la pena será impuesta por la Jueza.

    El padre de Brian González describió ante la prensa cómo era su hijo

    La historia de vida de Daniel “Billy” Oyarzún tomó gran difusión luego del hecho. Pero en el expediente que hoy tendrá su veredicto a través de la resolución de los jurados, se mencionan dos partes: a Oyarzún como imputado, y a Brian González, como víctima. Es entonces cuando se presenta el interrogante ¿Quién era Brian González?
    “Todo esto es un trago muy amargo para poder digerir”, dice Horacio González, padre de Brian, quien debió abandonar la sala de audiencias en varias oportunidades ante la proyección de las imágenes de su hijo. Asegura que desconocían la relación del joven con el otro delincuente que entró a robar a la carnicería, Marcos Alteño, y que aun hoy no se explica qué hacía su hijo aquel día, en ese lugar.
    Define a Brian como “un excelente pibe”. La mayoría de sus ocho hijos trabajaron con él en su taller náutico. Brian no fue la excepción. “Todos estudiaron, todos tienen su casa, su familia, su trabajo. Brian se había quedado sin trabajo, y como yo tenía taller náutico, trabajaba conmigo. Él vivía con su familia, tenía su pareja y su hijo, y se estaba haciendo su casa”, cuenta Horacio, que define al joven como “dócil” y “miedoso”. Recuerda un paseo familiar en Capital Federal, donde Brian no se alejaba de su papá por temor: “No se soltaba de mi pantalón porque se sentía más seguro conmigo”.
    A Horacio lo invade la angustia cuando habla de su nieto: “Mi nieto está hermoso, con sus ojos verdes, es igual al papá”. Y cierra: “Es un pedacito que me quedó de mi hijo”.

    Marcos Alteño está detenido

    Marcos Alteño, el sujeto que ingresó armado a robar a la carnicería de Oyarzún, fue capturado por la policía meses más tarde. Hoy, se encuentra detenido en una unidad penitenciaria, cumpliendo una condena de 6 años y 8 meses, por el robo al comerciante. Alteño, firmó un juicio abreviado.