Muchas han sido las personas que contribuyeron, de alguna manera y desde distintos ámbitos, a la historia del hospital zonal “Virgen del Carmen”, institución que este año celebró su 80º aniversario.
Emilse Bombini, no quería dejar de homenajear a sus padres en ese contexto, dos personas que dedicaron cincuenta años de su vida a la entidad a la que vieron crecer al ritmo de las exigencias de los tiempos.
Cuando a fines de la década del veinte se hacía necesario contar con un nuevo centro asistencial de complejidad en Zárate, acorde a una población que se expandía continuamente, Alejandro Bombini ingresó a trabajar al hospital como jardinero y su esposa, Pastora Ávalos, como enfermera.
Ambos, se desempeñaron con dedicación en cada una de sus tareas, las mismas que llevaron a cabo por cinco décadas con la misma pasión que aquel día en el que atravesaron por primera vez las puertas del nosocomio.
Emilse, la tercera de los cuatro hijos que tuvo el matrimonio, reflexionó sobre la historia de sus padres, que refleja de alguna manera, la misma que la de muchos otros que casi anónimamente aportaban a la grandeza del hospital en materia humanitaria. También habló de cómo ve el presente de la entidad, cuyos pasillos recorrió durante años, como pequeña, para estar cerca de sus padres.
“Prácticamente vivía dentro del hospital, me recorría todo”, recuerda la mujer, hoy jubilada como auxiliar docente. “Desde chica acompañaba a mi mamá a su lugar de trabajo, ahí adquirí muchos conocimientos aunque nunca seguí nada relacionado a la salud”, agregó, “era también un entretenimiento, sentía curiosidad por cada nuevo paciente, el sonido de la ambulancia, pero en parte era por estar cerca de mis papás, a veces llegaba de la escuela, saltaba el alambrado del hospital, vivíamos enfrente, y me iba a comer con ellos ahí y hasta me quedaba a dormir”. Cada uno en su especialidad, Alejandro y Pastora se dedicaron con pasión; uno manteniendo los espacios verdes de un hospital que todavía se permitía tenerlos porque la demanda no era la que se registra hoy; el otro ayudando a aquellos primeros pacientes que requerían de internación. “Lo hacían con placer”, manifestó Emilse, “nunca se quejaban”.
Al igual que sus padres, la mujer fue testigo de las transformaciones que sufrió, para bien, el edificio del hospital.
Con el transcurrir de los años la institución fue cobrando cada vez más trascendencia en la asistencia de la población, no sólo de Zárate sino en la región, y se fue profesionalizando cada vez más para adaptarse a la demanda creciente de servicios de atención de la salud pública. Si bien ya no recorre asiduamente como antes los pasillos del hospital, Emilse resalta la labor diaria de todos los que conforman la comunidad hospitalaria y sostiene que no se ha perdido el humanismo y la vocación de servicio en el lugar.









