Día tras día vecinos padecen nuevos hechos delictivos que se agravan por la violencia y la metodología utilizada por los delincuentes.
El viernes pasado por la mañana, “Tecnogoma”, un local ubicado Félix Pagola al 400, fue asaltado por una pareja que se hizo pasar por clientes. Se llevaron dinero y una computadora.
También el local de telefonía celular “Claro”, ubicado en Justa Lima entre Castelli y Ameghino, fue asaltado por dos delincuentes que huyeron a pie, a plena luz del día y ante la vista de cientos de transeúntes.
Por otro lado, un grave hecho delictivo sucedió en Ameghino al 600 cuando dos delincuentes ingresaron por el fondo a la casa de un anciano de 93 años.
“Todo ocurrió el lunes pasado a las 7:30 de la mañana. Él fue al patio del fondo y dos delincuentes de 20 años aproximadamente, saltaron de la propiedad vecina, lo tomaron de sorpresa, lo golpearon y lo llevaron hacia el interior de la vivienda. Allí lo ataron, le pegaron un puntazo con un cuchillo en el pecho y hasta le cortaron apenas el cuello. Así lo mantuvieron durante tres horas, sentado, atado y desangrándose mientras revolvían toda la casa”, relató un familiar del vecino damnificado.
Según agrega, estas dos personas luego de ingresar, atar y herir al propietario, le abrieron la puerta de entrada a otro delincuente que ingresó a la casa para ayudar en el asalto.
“Revolvieron, dieron vuelta todo y hasta destrozaron objetos como el vanitory del baño, luego huyeron llevándose algunos objetos. El dentista Odobez fue quien nos avisó que estaba escuchando gritos que provenían de la casa y ahí fue que llegamos y lo vimos atado y lleno de sangre. Los delincuentes ya se habían ido”, explicó el familiar del anciano que fue trasladado al hospital para su atención médica. Actualmente, ya le dieron el alta y se encuentra al cuidado de su familia. A pesar de que hicieron la denuncia a la Comisaría Primera, aún nada ha pasado.
Este caso es uno de los tantos que suceden cotidianamente en una ciudad como Zárate que posee una fuerza policial que dice realizar “milagros económicos” para mantener su operatividad y con pocos efectivos para cubrir óptimamente las cuadrículas de patrullaje.
A su vez la Dirección de Prevención Urbana, lejos de consolidarse como fuerza y establecer empatía e inspirar confianza en la población, se encuentra a la deriva, afrontando un proceso judicial en el que dos de sus agentes están acusados de ser “partícipes primarios o necesarios” de un homicidio y también se encuentra inmersa en un mar de cuestionamientos, señalada de haber intervenido en la escena de un accidente en Barrio Fonavi y cubriendo a un funcionario municipal que atropelló y a un joven de 24 años, que luego falleció como consecuencia del impacto.








