Caminar por las veredas de la ciudad resulta cada vez más dificultoso. A pesar del gran tránsito de peatones, por el centro de la Ciudad -aunque también la situación se repite en los barrios-, las condiciones de las veredas son cada vez más precarias, sin que se perciban controles municipales para sancionar a los propietarios por no mantener en buen estado un espacio público que se transita permanentemente.
Las quejas de los vecinos-transeúntes son múltiples y variadas y se escuchan a diario por la calle. Se usan todo tipo de baldosas sin uniformidad o consignas para que sean seguras de caminar, especialmente los días de lluvia. Las mismas baldosas muchas veces están mal pegadas por lo que son riesgosas; en muchas faltan de pedazos; o tienen las tapas de agua hundidas; sobresalen pedazos de caños, raíces de árboles que “levantan” las baldosas hasta hacerlas desaparecer.
En síntesis, caminar por veredas en estas condiciones es una carrera de obstáculos. Basta con preguntarle a los vecinos que tienen algún relato de accidentes que le ocurrieron, con suerte, leve. Muchas veces no pasa de un corte o un raspón.
Esperemos que en la frescura del comienzo de la gestión municipal haya algún funcionario que verifique el estado de las aceras y trate de unificar criterios para prevenir accidentes y hacer sentir al infractor que existen los controles y que cuidar las veredas es proteger a sus vecinos.








