Un día histórico para toda la comunidad religiosa del mundo, del país y también de Zárate, en los últimos días de la Cuaresma. El nuevo Papa es Francisco I, un cardenal argentino, austero, humilde y misionero.
El Cura Párroco de Nuestra Señora del Carmen, Mario Media, confiesa ante la consulta de LA VOZ que estaba mirando la televisión, siguiendo la transmisión del Vaticano.
“En el momento de la fumata blanca lo estaba siguiendo por televisión pero después se me hizo la hora de atender a gente con la que ya había arreglado previamente. De a poco me asomaba, veía como iba la cosa pero sinceramente no podía. Pero cuando me enteré de que se trataba del cardenal Bergoglio fue una enorme alegría y una gran sorpresa. Y de la misma manera se manifestó en toda la comunidad y en todo el país; que salió espontáneamente a festejarlo y a agradecer a Dios por semejante bendición”, expresó Mario Medina.
De la misma manera, aseguró, “no tengo dudas de que habrá un antes y un después en la Iglesia Universal ya que la Iglesia Católica siempre estuvo acostumbrada a tener una imagen desde Europa, con los distintos papas del continente. Ahora, al ser un papa latinoamericano esa imagen de la Iglesia católica tiene otra perspectiva. Será una nueva mirada de la Iglesia hacia el mundo. En cuanto a la Argentina, esperemos que sea para mejor y este hecho histórico ojalá ayude a que muchos más argentinos se acerquen a la Iglesia”. Sobre si tuvo alguna vez un acercamiento con Bergoglio, Mario dijo que no, que solamente lo vio una vez siendo él seminarista en la ciudad de Buenos Aires pero no tuvo más contacto con el cardenal.
“En lo particular, la Semana Santa no tendrá ninguna connotación especial aunque estas fechas para los católicos son muy particulares de por sí solas. No obstante, será algo especial seguir en Roma la Semana Santa que oficiará Francisco I; algo que será todo muy nuevo y lo seguiremos, a la distancia, con el corazón y con el espíritu. Lo que si estaremos atentos todos los sacerdotes, es en sus palabras y su espíritu; para recuperarlos en la misa y en las homilías”, subrayó Medina.
Por último se dirigió a la comunidad zarateña, “Hay que aprovechar este año de la Fe, estos últimos días de la Cuaresma y esta gracia tan especial que el Señor nos ha otorgado al elegir a un nuevo Papa, latinoamericano y argentino. Que estos signos de amor tan grande de Dios nos ayuden a abrir las puertas del corazón. Esta Pascua 2013 será un adelanto, un signo de ese amor de Dios para nosotros en función de reavivar nuestra fe y abrir las puertas de nuestro corazón”.
“Dios te bendiga, hermano”
“Desde que se conoció la elección del Cardenal Bergoglio como nuevo Papa, la gente se comunica a cada momento saludando y mostrando su alegría y su esperanza. Fue así desde que se supo la noticia, la gente comenzó a reunirse espontáneamente en los templos, orando, compartiendo alegría, algunos hasta el llanto. La voz de la gente hay que saber escucharla, no se equivoca. Los que éramos jóvenes cuando se vivió el Concilio Vaticano II, vivimos una alegría semejante, nos llenamos de esperanza de ver que el Evangelio volvía a ser proclamado con toda su “buena noticia”. Anunciar el Reino, la misión que comenzó Cristo, la retomaba la Iglesia, signo e instrumento de ese Reino. Las comunidades ya no se limitarían al culto religioso y a las liturgias de uso interno. Servirían en la convivencia fraterna, en la solidaridad efectiva y en la defensa de la vida del débil. Serían comunidades orantes y activas, empapadas de Evangelio y animadas con la alegría de la Pascua. Pero los que entonces fuimos jóvenes tuvimos que sufrir mucho, vimos que muchas manos se ocuparon de apagar aquel fuego. Hasta podíamos pensar que sólo habían quedado cenizas, pero debajo de las cenizas puede quedar una brasa que el viento que viene de lo alto puede volver a encender. Eso es lo que siento hoy, el mal no tiene la última palabra”, expresó el Cura Párroco de Nuestra Señora de Luján, Osvaldo Montferrand.
Y habló también de la Semana Santa, “nunca hubiera podido juntar la palabra Francisco con la palabra Papa, una era la negación de la otra. Pretender vivir pobre, negarse a ser cortesano, hacer una capilla en el barrio se seguía considerando no estar en lo importante. Conociendo al Cardenal Bergoglio hoy podemos unir las palabras Papa Francisco. La opción por los pobres no podremos ignorarla más. Recuerdo que el año pasado nos decía: “No negocien con la prudencia del mundo, nacida de compromisos con las riquezas, la vanidad y la soberbia. El pueblo fiel nos reclama como pastores, testigos y enviados. Hace tiempo nos pareció un sueño imaginar una Iglesia donde nos guste vivir, donde se pueda decir lo que se piensa. Una Iglesia que escuche en lugar de hablar, que reciba en lugar de juzgar, que perdone sin querer condenar. Donde se pueda ser uno mismo sin sentirse excomulgado. Yo recuerdo aquellos sueños de una Iglesia donde el más simple de los hermanos comprenda lo que se diga, donde el más sabio comprenda que no lo sabe todo. Una Iglesia donde el Espíritu se sienta invitado, porque todo no estará previsto, ni decidido, ni reglamentado con un número en el Código. Una Iglesia de la cual se diga “vean cómo se aman”.
Asimismo, Montferrand concluyó en su carta, “todo lo que hoy se está publicando de Bergoglio nos muestra que esto es posible. Me asombra que habiéndolo tenido siempre tan cerca no se lo haya valorado. Las cualidades que hoy se consideran tan claras en él, no eran tan apreciadas entre nosotros, en nuestra manera de tratarnos no se privilegiaba ni lo simple, ni lo pobre, ni la cercanía con la gente ni la distancia con los favores del gobierno. Todo lo contrario. Tengo en la mesa la carta que mando a los párrocos este año para preparar la Semana Santa. Decía; “tenemos que salir a hablarle a la gente de la ciudad ¿Nos vamos a quedar en la parroquia encerrados? Tenemos que salir de la cáscara y decirles que Jesús vive, que vive para él, para ella y decírselo con alegría. La Semana Santa es una oportunidad de desinstalar un modelo cerrado de experiencia evangelizadora que se reduce a más de lo mismo, para instalar una Iglesia de puertas abiertas, que llegue a los que no se acercan. Tendremos que comenzar un camino diferente en nuestra Iglesia, vimos el relámpago que fue la renuncia del Papa Benedicto, ahora empezamos a sentir el ruido. Un gran trabajo le espera para “reedificar la Iglesia”, como Cristo le pidió a Francisco en San Damiano. No estará solo, todo el pueblo fiel ya lo está acompañando, y se siente feliz.
Al presentarse, nos recomendó que le pidiéramos a Dios que lo bendiga. ¡Dios te bendiga, hermano!”, concluyó la carta de Osvaldo Montferrand.









