“Adopten el concepto de basura cero como objetivo para toda la comunidad, todo proceso productivo y toda actividad económica; garanticen el cumplimiento del principio de precaución en el desarrollo y comercialización de nuevos productos por parte de las empresas; desarrollen sistemas de administración de residuos sólidos urbanos sostenibles, mediante la separación de estos residuos por parte de toda la comunidad; la erradicación de contenedores de basura comunes para reemplazarlos por sistemas de separación diferenciada; la creación de centros de reciclaje a nivel local; la implementación de políticas públicas de educación y concientización para reducir la producción de residuos; la creación e implementación de leyes de residuos sólidos urbanos que involucren a las empresas y las haga responsables del tratamiento de los mismos”, fue la declaración del Congreso Latinoamericano de Jóvenes en el marco de la Cumbre Río+20 celebrada el año pasado y a la que Zárate adhirió como miembro activo de la Red Mercociudades.
Pasado ya un año nada de estos mecanismos y gestiones se han desarrollado a nivel local, la política medioambiental en la ciudad no es clara ni planificada. Como ejemplo hay dos situaciones que los vecinos denuncian.
Denuncias
Por un lado, se siguen acumulando todo tipo de desechos en el basural que se halla en el Parque de la Cruz, ubicado detrás del club Belgrano en las calles Urquiza y Maipú, hasta el barrio Villa Angus Sur.
Allí, los murales que se pintaron en la cruzada medioambiental de enero de este año interpelan a cada uno de los vecinos que pasa por la zona y pone en evidencia la falta de conciencia en los vecinos y una profunda desidia del Estado municipal en sanear este hermoso lugar con rica naturaleza y, por sobre todas las cosas, de protegerlo. Además cualquier especialista que pueda pasar por el lugar se dará cuenta de que los zarateños tiran toda clase de residuos, que no hay un plan de acción en torno a los RSU y que la consigna de separación en origen de los desechos no existe como proyecto.
Otra de las situaciones es la falta de recolección de ramas en la ciudad. A raíz de esto, muchos jóvenes ofrecen un servicio precario de recolección de ramas que luego se encargan de llevarlas a lugares como el Parque de la Cruz para amontonarlas allí; o en su defecto en un baldío cercano, al costado de una calle o ruta o un predio público.
Una vez en el lugar, los mismos chicos son quienes se encargan de quemarlas junto con la basura que se generan en los basurales y microbasurales clandestinos. O sea que gestionan en paralelo al municipio todo un proceso de recolección y manejo de ramas que ofrecen a los vecinos sin ningún tipo de control. De hecho, además de las ramas, hay personas que queman la basura todos los días porque no hay un mantenimiento del lugar, entonces la basura se acumula y todos los vecinos terminan inhalando ese aire tóxico,
En el mismo sentido, muchas empresas de volquetes tiran basura en lugares no permitidos de la ciudad.
Tampoco hay un programa de reciclaje y los basurales y los micro-basurales proliferan por toda la ciudad.
Por todo esto, a un año de la cumbre de Río+20, y de
adherirse Zárate a este encuentro internacional, no se ha hecho nada a nivel local y en función de estrechar vínculos con otros organismos.
Luego de un año sólo resta recuperar las palabras de Greenpeace y de otras entidades ambientalistas que advirtieron que, viendo el documento final arribado, se demuestra nuevamente que los gobiernos fallan una y otra vez en comprometerse a resolver los problemas ambientales, sociales y de equidad de cualquier sociedad latinoamericana.








