Como cada 7 de agosto feligreses católicos se acercarán ayer a la ermita de San Cayetano, ubicada en la avenida Anta y Estrada, para venerar al patrono del pan y el trabajo.
La celebración comenzó con el rezo del Santo Rosario, contó con procesión y la misa oficiada por monseñor Ariel Pérez.
Cerca de las 17 horas se concentraron los devotos para rezar. Se fue sumando gente para la realización de la tradicional procesión por las calles del barrio para luego dar lugar a la celebración de la misa central.
Por primera vez la festividad de San Cayetano estuvo cercana a una elección –las primarias que se llevarán a cabo el próximo domingo-, sumado a las renovadas energías de la Iglesia después de la elección de un Papa argentino, Francisco. Ambas cuestiones estuvieron presentes en las intenciones por las que se rezó ayer en la tarde.
No tan nutrido como otros años, el grupo de vecinos se acercó hasta el lugar para agradecer y pedir distintas intenciones particulares al santo de la providencia.
Hubo una intención por la cual se unieron las voces de todos los fieles presentes, la petición por unidad, tolerancia en el mundo y la recuperación de valores perdidos para vivir con esperanza y construir una Patria de hermanos como hijos de Dios. Ese fue el mensaje que este año se puso en oración.
Las condiciones meteorológicas acompañaron la jornada para que los fieles se acercaran aunque con el caer de la tarde fue bajando la temperatura desafiando a los feligreses presentes en la avenida que nuevamente se transformó en el escenario de esta celebración religiosa a la que se aceraron para agradecer por conservar su empleo, rezar para dejar de ser desocupados, cumplir alguna promesa realizada al santo o pedir por un familiar, amigo o conocido.
Al finalizar la eucaristía, los presentes se acercaron hasta la figura del patrono
Gaetano di Thiene -San Cayetano- fue un presbítero italiano que nació en Vicenza en el seno de una familia de nobles. Sin embargo, abandonó el ambiente familiar y dedicó su vida a la atención de los enfermos y desvalidos.
Murió a los 77 años, el 7 de agosto de 1547.
Fue canonizado en 1671 después que una comisión eclesiástica comprobara numerosos milagros entre quienes lo invocaron para pedir sanaciones, alimentos y trabajo.









