Durante las guerras de la independencia se libraron en territorio rioplatense algunos combates contra las fuerzas contrarrevolucionarias provenientes de Montevideo. Entre ellos cabe recordar el ocurrido en San Lorenzo, el 3 de febrero de 1813. Se trató del bautismo de fuego del regimiento de granaderos que dirigió su propio jefe, José de San Martín, donde se derrotó a una fuerza de marinos comandada por el capitán Juan Antonio de Zabala. Por su actuación destacada en aquel combate se ascendió a alférez al joven granadero Ángel Pacheco. Precisamente fue este oficial quien sería protagonista, meses después, de otra confrontación armada en tierras del actual Partido de Zárate.
El 21 de agosto de aquel año, 150 marinos de Montevideo desembarcaron en el puerto de Zárate y luego de sostener algunos tiros de fusilería con las fuerzas micilianas asentadas en el lugar se retiraron a las embarcaciones permaneciendo frente al puerto. El día 23 un intento de saqueo se vio frustrado gracias a la presencia del alférez Pacheco, quien había llegado a Zárate al frente de unos 30 granaderos a caballo. Con la participación de paisanos y milicianos Pacheco logró rechazar a las fuerzas enemigas en las inmediaciones del arroyo Las Palmas. Este combate conocido con el nombre de El Palmar o Rincón de Zárate fue librado el 23 de agosto de 1813, es decir hace doscientos años, y en él se logró poner en fuga a los realistas que bajo el mando del capitán Zabala (el mismo que fuera derrotado en San Lorenzo) venían arreando hacia las riberas un lote de 500 ovejas propiedad de los hacendados de la zona.
“La población de Zárate ligada a la gesta por la independencia”
“El Rincon de Zárate, el 22 de agosto de 1813, iniciaba el día bajo los más tristes presagios. Paisanos próximos a las lomadas del río Luján y arroyo de la Cruz, traían la infausta noticia: varios barcos , en penosa navegación por el impulso de la corriente , se venían acercando a la costa.
Algunos aseguraban haberlos visto detenidos en la Vuelta del Este del Paraná de las Palmas. Los informes, contradictorios algunas veces, comenzaron a circular con rapidez por la comarca. Los labradores arriaban el ganado tierra adentro y el humilde villorrios se aprestaba, dentro de su pobreza de recursos, a defenderse de un nuevo atropello. Al promediar la tarde renació la calma. La llegada a la población del alférez Angel Pacheco, con fuerzas de Granaderos a Caballo procedente de Las Conchas, quien seguramente vio pasar las embarcaciones realistas o recibió órdenes expresas del Gobierno, dio a los pobladores la tranquilidad necesaria.
Al día siguiente, 23 de agosto de 1813, en los campos de José Antonio de Otálora, conocidos por Las Palmas, y a proximidades de la aguada del mismo nombre, el alférez Pacheco salió al encuentro de fuerzas realistas que habían desembarcado y comandaba el capitán Juan Antonio Zabala, el mismo oficial que el 3 de febrero fuera vencido en San Lorenzo, y que años después, en Mendoza, pidiera protección a San Martín.
El suceso lo comunicó el capitán Francisco de Luzuriaga a San Martín en nota fechada en Baradero el 31 de agosto, de la que transcribimos…”el alférez Angel Pacheco a la cabeza de una corta fuerza de granaderos a caballo, chocó y rechazó en una carga franca y limpia, a los marinos que desembarcaban a la altura de Zárate, y bajo las órdenes del capitán Zabala arreaban hacia la costa a un considerable número de ganado”. Las fuerzas de Pacheco se componían de 52 soldados, y cooperaron en su accionar pobladores del paraje, y milicias de la comarca.
La pequeña población del Rincón de Zárate, debido a la oportuna llegada de las fuerzas de Pacheco, se salvó de ser víctima nuevamente, de otro saqueo por parte de los realistas.
Fue una época cruenta de sacrificios y sinsabores para los pocos pobladores que afrontaron con valor y estoicismo los reiterados robos y excesos de los hostiles invasores. La población de Zárate ha quedado así ligada, por imperio de circunstancias luctuosas y difíciles, a la historia de nuestra gesta por la independencia”.
“Historia de Zárate 1689 – 1909”
Su gloria, fue haber sido soldado de San Martín
El 22 de noviembre de 1812, a los 17 años Angel Pacheco se incorpora como cadete al recientemente creado Regimiento de Granaderos a Caballo a cuyo mando estaba el Coronel José de San Martín. Allí comienza la historia patriótica de Angel Pacheco un joven porteño, de buena familia, que había tendido una esmerada educación en el Colegio de San Carlos.
Y tuvo el mejor instructor en la guerra por la Independencia nacional, el general San Martín recientemente llegado a su tierra natal, luego de una larga trayectoria militar en España.
Incorporado al Regimiento, pronto entró en acción. En la víspera del combate de San Lorenzo (3 de febrero de 1813) se desempeñó como sagaz observador sobre la escuadra realista aportando preciosos detalles a San Martín.
Meses después, su eficiente y heroica actuación lo hizo acreedor de un ascenso en su carrera militar: de portaestandarte a Alférez del primer escuadrón, el 26 de febrero de 1813.
Pacheco permaneció en el Convento de San Carlos en San Lorenzo custodiando las costas con un piquete de 40 hombres. Meses después, al frente de esa legión rechazó el desembarco de las fuerzas de la flotilla española en el puerto de Zárate, donde junto con los pobladores del lugar evitó el saqueo del pequeño rancherío y el arriado de ganado que era el objetivo de los españoles para abastecer la plaza sitiada de Montevideo..
En noviembre de ese año fue enviado al Ejército del Norte por entonces al mando del general Belgrano, ascendiendo a Teniente el 4 de diciembre y cubriendo la retirada del derrotado Ejército de Vilcapugio y Ayohuma. Asistió a las acciones de Mayo, Puesto del Marqués, Venta y Media, Sipe Sipe, recibiendo una gran herida de bala en el brazo.
Al año siguiente, desde La Rioja, Pacheco marchó a Mendoza para incorporarse al Ejército de Los Andes al mando del General San Martín.
En el cruce de Los Andes marchó en la escolta de Necochea, y peleó en la batalla de Chacabuco (el 17 de febrero de 1817) habiendo sido comisionado para traer a Buenos Aires los trofeos de la misma. Fue ascendido a Capitán, poco después a Sargento Mayor.
Marchó después, a la campaña de Talcahuano y más tarde, participó en la definitiva acción de Maipú, que liberó definitivamente a Chile del poder español.
Más adelante, y ya con Rosas como Gobernador de Buenos Aires y Jefe de la Confederación Argentina, Pacheco se enroló en las filas del federalismo, intervino en la lucha contra los unitarios. Combatió contra Lavalle, Paz, Lamadrid, el General Rivera, expedicionó contra los indios y estableció los Fuertes de Bragado y 25 de Mayo.
En 1851, al levantarse Urquiza contra Rosas, fue nombrado comandante en jefe de las fuerzas federales. Sin embargo el General Angel Pacheco no participó en la batalla de Caseros, no coincidiendo los historiadores en las posibles causas que llevaron al general rosista a no hacerlo.
La historia familiar
El General Pacheco era amigo de Juan Manuel de Rosas desde su juventud. Dice de él Ernesto Quesada “…con Rosas en sus mocedades había estrechado una íntima y cordialísima amistad, tuteándose recíprocamente; pero cuando Rosas ascendió al Poder, Pacheco jamás volvió a tutearlo ni en su correspondencia, ni en su trato y siempre lo llamaba Señor Gobernador (…) no quiso ser político, ni antes ni durante, ni después de Rosas. (..). Su timbre de honor, su gloria, era haber sido soldado de San Martin: no quería aspirar a otra. Nació con vocación militar y con ella murió, sin haber claudicado una sola vez en su vida”.
En 1822 contrajo matrimonio con Dolores Reynoso. El matrimonio tuvo nueve hijos: Angel, José, Julio, Román, María Elvira, Agueda, Dolores, Eduardo y Pablo.
Su bisnieto Vicente Quesada Pacheco (nieto de Roman Pacheco Reynoso) y su esposa María Lucila Urquiza Anchorena fueron los propietarios de la estancia Las Palmas en el partido de Zárate.
El General Pacheco, falleció en El Talar el 25 de septiembre de 1869. En el acto del sepelio de sus restos, hablaron entre otros, el poeta Guido y Spano y el Gral Bartolomé Mitre.
El General Ángel Pacheco fue propietario de la estancia “El Talar”, que dio origen a la localidad de Pacheco, en el Partido de Tigre. En 1842, Ángel Pacheco mejora el antiguo y pequeño casco, transformándolo en una estancia-fortín, con un mirador y unas galerías sostenidas por gruesas columnas; fue una típica morada sin lujos del siglo XIX, jinetes con mensajes y mercaderías, rodeado de sauces y achiras, el alboroto de los perros y de vez en cuando un poco de guitarra en el fogón de los peones.
Al morir el General Pacheco en 1869, se hace la sucesión y se nombra albacea a su esposa Dolores Reynoso. Su hijo mayor José Felipe Pacheco Reynoso, recibe en herencia el casco y parte de las tierras de la estancia “El Talar”; otra parte de estas tierras se reparten entre algunos de sus otros hijos; su hijo Román hereda la fracción que hoy ocupa la localidad de General Pacheco. Su hija María Elvira, casada con Torcuato de Alvear, recibe en herencia la parte de las tierras que hoy conforman la localidad de Don Torcuato, y por su parte su hija Agueda, hereda otra de las partes de la estancia.








