Inicio Actualidad El Obispo Oscar Sarlinga pidió por la paz mundial

El Obispo Oscar Sarlinga pidió por la paz mundial

Monseñor Oscar Sarlinga.

En la iglesia catedral de Santa Florentina de Campana, el sábado pasado, se realizó la Misa del día de la Vigilia de oración y ayuno por la Paz, convocada por el Papa Francisco. Durante la Homilía, Monseñor Oscar Sarlinga expresó: “Oramos hoy por la Paz, en esta vigilia a que nos ha convocado el Papa Francisco, por la Paz en nuestros corazones, en los pueblos que sufren guerra y persecución, por la Paz en Siria, en Medio Oriente y en todo el mundo”.
El Obispo de la Diócesis Zárate Campana señaló que “quizá algunos puedan pensar que las guerras están lejos geográficamente de nosotros, pero sería vanidad el pensarlo. En primer lugar, hay una solidaridad en la común humanidad, en la fraternidad, son hermanos y hermanas nuestros los que sufren”. Sarlinga también recordó que en la Vigilia de Oración por la Paz, en Plaza de San Pedro, el Papa Francisco hizo referencia a cómo desde el cambio de corazón puede producirse la paz, así también a cómo puede generarse, por el contrario, el caos. Y -manifestó- “precisamente en medio de este caos, Dios pregunta a la conciencia del hombre: «¿Dónde está Abel, tu hermano?». Y Caín responde: «No sé, ¿soy yo el guardián de mi hermano?» (Gn 4,9). Esta pregunta se dirige también a nosotros, y también a nosotros nos hará bien preguntarnos: ¿Soy yo el guardián de mi hermano? Sí, tú eres el guardián de tu hermano. Ser persona humana significa ser guardianes los unos de los otros. Sin embargo, cuando se rompe la armonía, se produce una metamorfosis: el hermano que deberíamos proteger y amar se convierte en el adversario a combatir, suprimir. ¡Cuánta violencia se genera en ese momento, cuántos conflictos, cuántas guerras han jalonado nuestra historia!. Basta ver el sufrimiento de tantos hermanos y hermanas. No se trata de algo coyuntural, sino que es verdad: en cada agresión y en cada guerra hacemos renacer a Caín”. Por eso, hermanos, hermanas, la indiferencia es el primer escalón hacia abajo, hacia la caída. No consintamos en convertirnos, más no sea por indiferencia, en “Caín”; por no correr tras la paz, cada uno según su misión y la responsabilidad que le ha sido confiada. Más bien busquemos siempre la paz y corramos tras ella, como aconseja el mismo San Benito, en su Regla, capítulo IV, y lo cito aunque habrá quien, en las circunstancias presentes, pueda parecerle un simplismo: “Cumplir cotidianamente los mandamientos de Dios. Amar la castidad, no odiar a nadie, no ser celoso, no cultivar la envidia, no amar las peleas, huir de la altivez y respetar a los ancianos, amar a los jóvenes, orar por los enemigos en el amor de Cristo, en la eventualidad de un conflicto con un hermano, establecer la paz antes de la caída del sol. Y no desesperar jamás de la misericordia de Dios”.

 

Monseñor Oscar Sarlinga.
Monseñor Oscar Sarlinga.