La primavera ya está con nosotros, con su clima inestable (típico de esta estación del año) y sus plantas con flores multicolores y perfumadas, que vitalizan esta transición hacia temperaturas más benignas. Así lo expresa una de las plantas más espectaculares que hay: la glicina. Un poco antigua para algunos, pero eterna como los clásicos del arte.
Estas plantas tienen flores que se ven a la distancia, tan pintorescas que parecen surgir de un cuadro impresionista de Claude Monet.
Pero conozcamos un poco de ellas, científicamente. La glicina pertenece a la familia de las leguminosas y es originaria de América del Norte, China y Japón. Su nombre científico es Wisteria, y se lo debe al americano Gaspar Wistar, médico y anatomista en cuyo honor se la bautizó. Su tronco es leñoso, grueso, poderoso y retorcido y sus hojas son caducas. Algunas de las variedades más conocidas son la wisteria sinensis (que se usa para hacer bonsais), wisteria floribunda, wisteria venusta, wisteria caroline y wisteria alba (de flores blancas). De sus ramas cuelgan racimos de flores perfumadas, lilas, violáceas o blancas, dependiendo de la variedad. Es proterante, ya que florece sobre las ramas desnudas y atrae muchas abejas y demás insectos polinizadores, muy beneficiosos para el jardín.
Por su carácter ornamental y trepador, son ideales para pérgolas, rejas y paredes, aunque en este último caso, se sugiere que dichas paredes no sean las de una casa, ya que sus ramas y raíces son muy poderosas y pueden destruir las estructuras.Tolera el pleno sol y hasta la semisombra y necesita un riego frecuente desde la primavera hasta el verano, cuando se encuentra en plena floración. ¿El suelo? Para que la planta esté en todo su esplendor tiene que tener abundante materia orgánica, y drenar bien, sin encharcar. Si tiene espacio suficiente puede llegar hasta los 30 mts y vivir muchos años. Soporta heladas, pero ojo con las extremas, que le hacen perder sus botones florales.
Hay que abonarla a fines del invierno, justo antes de que empiece a florecer, y se debe asegurarse de darle acidez al suelo, así evitar la clorosis férrica (a la que es propensa) causada por el exceso de cal en el agua de riego o en el suelo.
También podarla a fines del otoño o principios del invierno, cuando termina la floración, ya que de esta forma se favorece su crecimiento y se evita que se meta debajo de tejas y demás lugares complicados. Durante la primavera y el verano hay que cortarle las flores que ya florecieron y se marchitaron, así la planta no pierde energía.
Se multiplica por esqueje o acodo aéreo, y por semilla en otoño o primavera. No obstante, por semilla tarda en florecer, como cualquier otra planta (salvo las herbáceas).
Pero, estas bellas glicinas son también de temer. Ojo!!! que toda la planta es venenosa, en especial las semillas y las vainas, que pueden ser ingeridas por niños y mascotas.
NUESTRA GLICINA MAS FAMOSA
Ya está en flor, aunque los racimos liláceos no alcanzan todavía a cubrir toda la glorieta, su presencia se hace notar con su perfume embriagador que inunda el patio de la sede del Museo Histórico de Zárate en la Quinta Jovita, que fuera la vivienda familiar de los Pérez de la Torre.
Es sin duda centenaria, su rugoso y retorcido tronco lo demuestra pero sigue tan joven, floreciendo en esplendor como cuando la familia y sus invitados se sentaban a conversar debajo de esa glorieta que fuera testigo de invitados notables. Por allí pasó Domingo Faustino Sarmiento, amigo de los propietarios, cuando estaba en Zárate controlando la construcción del Arsenal de Artillería de Marina y visitaba la casa. O también el gran escritor Jorge Luis Borges, emparentado con los Pérez de la Torre por su antepasado común, el general Estanislao Soler. Según reza el cartel de señalización, Borges visitó La Jovita en 1967 en oportunidad de ofrecer una conferencia en Zárate y se abrazó a ella, ¡qué imagen impagable!, aunque no hay registro fotográfico de esa escena. Eran otros tiempos….
Realmente vecinos, no se pierdan la oportunidad de ustedes también admirar a esta glicina centenaria, apreciar su belleza, su rareza e imaginar en ese patio historias pasadas de la ciudad.








