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  • El relato de una mujer limeña recuperada de Coronavirus: “Esta enfermedad es muy triste y se necesita el apoyo del otro”

    10/7/2020

    Acompañados por un coro de aplausos, saludos y buenos deseos, a comienzos de semana Rosa y su hijo Gastón regresaron a su vivienda en el barrio Unión de Lima, luego de superar el doloroso proceso de recuperación tras haber contraído Covid 19.

    Le dicen Rosa, pero en realidad se llama Rosario Fajardo, tiene 52 años y es la mamá de Gastón Baima –uno de sus ocho hijos-, de 31, quien se convirtió en el primer paciente internado en el Hospital Virgen del Carmen en recibir el tratamiento con plasma, lo que le permitió revertir el delicado cuadro de salud que presentaba. En la familia otros miembros también resultaron contagiados con la enfermedad; además de Rosa y Gastón, fueron afectados el esposo de la mujer (de 65 años, y quien estuvo internado en el hospital solo cuatro días), una hija y otro hijo que realizaron su recuperación en el domicilio con un diagnóstico más leve.

    Pero el caso de Gastón fue el más grave; el muchacho comenzó con un estado gripal durante el mes pasado, que derivó, en pocos días, en algunas severas dificultades respiratorias; luego de ser atendidos por los médicos el joven fue hisopado y quedó internado en el nosocomio de Zárate a la espera de los resultados. De inmediato, todos los vínculos que habían mantenido contacto con él decidieron aislarse y aguardar los análisis. Con la angustia y el temor de una madre, Rosa seguía minuto a minuto el estado de salud de su hijo, cuyo cuadro clínico empeoraba preocupantemente.

    Los estudios no daban resultados alentadores; una resonancia que le practicaron a Gastón dio cuenta de severas deficiencias en su sistema respiratorio, y los médicos decidieron pasarlo a Unidad de Terapia Intensiva. Poco antes de que eso ocurriera, llegaron los resultados del hisopado que indicaban el positivo en Covid 19. Las dificultades respiratorias de Gastón fueron complejizándose con el correr de las horas y los médicos debieron intubarlo con asistencia respiratoria mecánica, ya que sus pulmones no respondían como debían hacerlo. Mientras tanto, la familia recibía a diario el llamado del personal del nosocomio como parte del seguimiento de su estado de salud. Durante esos días, Rosa había sentido un ligero malestar, como si fuera un cuadro gripal, pero lo asoció a la situación de estrés a la que se encontraba expuesta a raíz de la salud de su hijo. En uno de esos llamados, el personal del hospital al otro lado del teléfono identificó una tos particular en la mujer, y le envió de inmediato una ambulancia para que le practicaran un hisopado que, días después, confirmó que ella también había contraído coronavirus. De inmediato, la internaron en el hospital y le suministraron una serie de antibióticos para contrarrestar la enfermedad; en comparación con su hijo, su cuadro

    era mucho más leve y, si bien presentó deficiencias respiratorias, pudo sobreponerse sin requerir el uso de respirador ni tratamiento de plasma.

    Hasta el momento, desconocen cómo se pudieron haber originado los contagios en la familia, ya que todos respetaron las medidas de bioseguridad, aunque algunos de los miembros se ven obligados a salir a la calle o estar en contacto con otras personas por cuestiones laborales.

    “Es mucho sufrimiento, es muy triste todo esto. Estamos muy agradecidos con los médicos, nos mostraron una gran humanidad y mucho amor. Nos contenían, nos llamaban todos los días”, contó Rosa a LA VOZ. Su voz desborda de emoción al hablar de sus vecinos por el gesto solidario, comunitario, de acompañamiento y amor que mostraron, no solo tras recuperar el alta, sino durante el transcurso de la enfermedad. “Ojalá que toda la gente haga eso, porque nos puede pasar a todos. Esta enfermedad es muy triste y se necesita el apoyo del otro. Los vecinos han sido solidarios siempre”, agrega.

    No es menor eso que manifiesta, y que tiene que ver con el apoyo del otro. Durante el aislamiento, al paciente le sobrevienen innumerables sensaciones de angustia, miedo, impotencia, dolor; pero sobre todo, la ausencia más grande es el calor humano de familiares, amigos, vecinos que también constituyen una parte importante de lo que uno es. “Era muy angustiante saber que mi hijo estaba delicado y que estábamos todos aislados. Los médicos me pasaban la información del parte, fueron muy solidarios y humanos. Solo el que está ahí sabe lo que es, cómo trabajan, como arriesgan su vida”, definió.

    Fue recién después de tres días de haber recibido el tratamiento de plasma, que Gastón comenzó a mostrar signos de mejoría, ya que su cuadro era realmente complicado. En sus palabras, Rosa agradece también haber podido contar con una cama para sus atenciones y se lamenta por todas aquellas personas que no pudieron superar la enfermedad.

    Hoy Gastón se repone de las secuelas que dejó el Covid 19 en su cuerpo; no solo en su organismo, como las dificultades respiratorias o la lesión provocada en la tráquea al ser intubado, sino también de la situación traumática que representa  cursar un cuadro clínico de este tipo. Cuando avance su recuperación, el joven podrá ser donante de plasma para ayudar a otras personas que se encuentran pasando la misma situación que él; su hermano, de 34 años, también será donante. Por el momento, Rosa no sabe si ella también podrá hacerlo ya que los médicos no se lo recomiendan para cuidar su salud. Por último, la mujer cerró con un mensaje para la comunidad: “Quiero decirles que se cuiden mucho, que piensen en positivo y tengan mucha fe. Que sean conscientes de la gravedad de esta enfermedad, que hay que tomar la distancia necesaria y se queden en casa; que salgan solo los que necesitan y que los que tenga que salir, que dios los proteja mucho porque no sabemos dónde está el virus”.