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La vuelta del teatro: la ilusión tras la crisis

*Por Julio Belando

El pasado viernes volvieron las actividades escénicas a las salas de la Ciudad de Buenos Aires, tras la firma de la resolución nacional que exceptúa a las mismas de las prohibiciones comprendidas en el decreto presidencial del pasado 11 de abril, que prorrogó el aislamiento social, preventivo y obligatorio. Una buena noticia para los integrantes de la familia del espectáculo que viene muy castigada desde hace 15 meses, fecha en la que se declaró la primera cuarentena. Una buena noticia que genera grandes ilusiones y no pocas expectativas en tiempos aciagos para el arte.
Salvo por un pequeño respiro que permitió el “veranito” pasado, apenas un suspiro, un alivio más que nada simbólico, y que no logró recuperar ni el 20 por ciento de la caída que venía experimentando la actividad, las artes escénicas siguen transitando la peor crisis de toda su historia. Revertir esa tendencia, recuperar el público y volver a una “cierta normalidad”, no será una tarea fácil. En esa ardua tarea están empeñados los empresarios, músicos, actores y artistas en general, porque en ello les va la vida y el trabajo a miles de familias que – que podrían parecer pocas, pero no lo son-, viven del arte a nivel profesional e independiente.
En esta segunda vuelta, llegaron a tiempo para levantar presurosos el telón, algunos de los grandes títulos que supieron ostentar la temporada estival las salas porteñas como la remozada “Brujas”, en su edición 30º aniversario; “El Acompañamiento”, con Luis Brandoni; “Tres empanadas”, con Flavio Mendoza, Flor de la V y Juan Pablo Geretto, o la multipremiada “El equilibrista”, con Mauricio Dayub, y no muchos más. La mayoría necesita tiempos de ensayos, preparación, lanzamiento y marketing antes de volver. El teatro no es soplar y hacer botellas, no es un negocio que levantas las persianas y sale andando; es un mecanismo mucho más complejo. Y más complejo aún es si hablamos del sector independiente de la cultura teatral.
EL DRAMA DEL TEATRO INDEPENDIENTE
La Argentina tiene registrado un total de 1591 salas teatrales en todo su territorio, 300 de ellas solamente en la ciudad de Buenos Aires, donde se concentra la mayor parte de la actividad netamente profesional o comercial, siendo una de las tres capitales del mundo teatral – junto con Nueva York y Londres – en que la industria cultural mueve millones de pesos y genera miles de puestos de trabajo. Pero, por otro lado, hay que decir que la mayoría de esas salas pertenecen al circuito llamado independiente, donde diferentes grupos de artistas se reúnen en torno a un proyecto o una propuesta artística más bien con fines estéticos sin ninguno o escaso rendimiento lucrativo. Esas salas que se sostienen a puro pulmón y pasión, son las que hoy están en serio peligro de extinción.
Las salas independientes en Capital son alrededor de 200 y se distribuyen en la mayoría de los barrios porteños, muchas en Palermo, pero las hay en casi todos, y en general, se constituyen en el centro neurálgico del lugar, en torno al cual se mueve la vida social y cultural local, con sus bares, restaurantes y otros lugares de esparcimiento. Son una pata importante del entramado cultural de la ciudad que venía creciendo enormemente en los últimos 15 años y que hoy ven peligrar su futuro.
Los meses del verano tuvieron un respiro con la primera apertura, pero esos ingresos no alcanzaron siquiera para compensar los gastos derivados de la adecuación a los protocolos de prevención del Covid, incluyendo los caros sistemas de aireación que tuvieron que comprar porque se trata de espacios cerrados y de dimensiones mucho más reducidas que los teatros comerciales.
Claudio Tolcachir, responsable de Timbre 4 ha declarado ” que la situación de asfixia es muy grande, lo cual hace inevitable que muchas salas hayan cerrado y que otras estén por hacerlo”. Estos pequeños espacios no pudieron pagar sus costos con un aforo del 30 % durante el verano ni tampoco pagarle al personal, por lo cual se hace necesario un mayor apoyo por parte del Estado.
El Ministerio de Cultura anunció en abril un fondo de $ 50 millones para mitigar el impacto en la industria. El mismo serviría para compensar a los dueños de los predios por las funciones que debieron ser suspendidas a partir del último cierre decretado el pasado 11 de abril, pero aún nadie ha visto un centavo de este programa “Impulsar Cultura”.
De todas maneras, ninguna ayuda será suficiente para reparar el daño. El teatro es una actividad que, básicamente, se sostiene trabajando, o sea que abrir las salas es imperioso y habilitar un mayor aforo también. Ya se ha demostrado en todo el mundo que, con los protocolos pertinentes, los teatros son lugares más que seguros; y también durante el verano quedó en evidencia la avidez del público por acceder nuevamente al espectáculo en vivo.
Esperemos que esta nueva reapertura perdure en el tiempo, que la pandemia le dé un respiro a la industria cultural, pero no sólo en CABA sino que se extienda al resto del país, donde también hay mucha gente esperándolo.