El 11 de marzo de 2011 un triple desastre sacudió la costa este de Japón: un gran terremoto de magnitud 9, un posterior tsunami con olas gigantescas y, como consecuencia de ello y por fallos humanos, un accidente nuclear de nivel 7 (el más alto) en la central de Fukushima Daiichi.
A partir de allí varios movimientos ambientalistas y antinucleares comenzaron a surgir en varias partes del mundo; y que también tuvieron su correlato en ciudades con centrales nucleares, como Zárate.
En este contexto, nació el Movimiento Antinuclear Zárate- Campana; ya que dicho suceso obligó a replantear todas las cuestiones en torno a la limpieza y a la seguridad de este tipo de generación de energía.
“Nuestro movimiento antinuclear Zárate – Campana nació en el 2011. Un par de meses después de la catástrofe de Fukushima realizamos nuestra primera manifestación pública en la plaza central frente a la municipalidad. Comenzamos con un grupo de vecinos a responsabilizarnos del legado nuclear que se promueve en todo el país, a partir de la propaganda de la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) con las Atuchas. Así, nuestras reflexiones son contemporáneas a todo el proceso de devastación que estamos viviendo del Pacifico desde hace más de 10 años. Dentro de esa perspectiva situamos al avance del plan nuclear argentino, que desembocó hace una semana en un punto de quiebre absurdo con la incorporación del reactor Chino Hualong One”, expresaron desde la agrupación ambientalista. “Hoy el lobby nuclear sólo se sostiene por intereses geopolíticos de las principales potencias. Y frente al argumento de que la energía nuclear sería la solución al cambio climático por ser baja en emisiones de carbono, expresa que los escenarios de suba del nivel de mar y ríos presentan -por el contrario- un mayor riesgo para este tipo de energía. Por lo tanto, si alguien quiere hacer el análisis de emplazar un reactor en Argentina sin pensar en Fukushima, solo porque a Zárate no puede llegar desde el Paraná una ola de 10 metros, puede hacerlo. Nosotros en cambio intentamos indagar en cuál es la lógica que doblega nuestros instintos más elementales para proyectarnos en un camino sin retorno. En el fondo, el problema nuclear responde siempre a una subordinación política, pero se maneja desde la retórica con el análisis económico, de riesgo y de impacto como si ese poder no existiese o en todo caso pudiese acercarse a nosotros mediante los parámetros de la cordura. Ninguno de los ítems del debate así planteado tiene razón de ser. De hecho, que sea la tecnología más cara para generar electricidad, y que los proyectos sigan avanzando, devela de algún modo nuestra incapacidad de decidir por nosotros mismos. Dicho de otro modo, el día que nos emancipemos como sociedad lo nuclear dejará de existir y solo entonces la pesadilla atómica será recordada como un periodo oscurantista, que puso en jaque la civilización moderna”, evaluaron en un documento presentado a modo de balance por su década de vida.
“En el 2011 empezábamos a pelear como movimiento antinuclear para desmantelar Atucha I, evitar la extensión de su vida útil y cancelar la puesta en marcha de Atucha II. Era un momento sumamente oportuno para dar de baja con un solo golpe todo el plan nuclear argentino. No lo conseguimos, Tampoco era responsabilidad de una población incapaz de pensar por sí misma sumergida por años en la propaganda del lobby. Recordemos que Zárate lleva orgullosa, hasta el día de hoy, el símbolo del átomo en su escudo a pesar de las altas tasas de enfermedades relacionadas con el medio ambiente. Era en realidad una responsabilidad de toda la provincia de Buenos Aires intentar conquistar una ley antinuclear como la que logró la Patagonia con decenas de localidades movilizadas en simultáneo en el 2017. El reclamo del pueblo evitó la instalación del reactor nuclear Chino (“Hualong One”) en Río Negro, el cual viene hoy a parar Zárate sin generar ningún tipo de escándalo en las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos o CABA. Esta pasividad la pagaremos con el riesgo de vivir dentro del radio de un accidente nuclear. Un reactor que no se necesita para nada (y al que sólo le sacarán provecho quienes viven de un aparato del Estado, conocido como la CNEA), se instala en nuestras vidas, de nuestros hijos y nietos”, subrayaron.

Movimiento Antinuclear de la República Argentina (MARA)
“La extensión territorial del plan nuclear siempre ameritó un armado como el que tenemos hoy con el Movimiento Antinuclear de la República Argentina (o MARA), fundado en Zárate en el 2018, donde asambleas y grupos de todas las provincias afectadas comenzamos a trabajar en conjunto relacionando las luchas. Los eslabones de la cadena de la industria uranífera se entrelazan y mientras sigan existiendo las Atuchas, se seguirá promoviendo la amenaza de la minería o la posibilidad de enterrar su basura en algún lugar como la meseta patagónica. El plan nuclear existe aunque no tengamos idea. Lo sufren las comunidades del interior con los proyectos de minería uranífera (la peor de todas) en Chubut, Rio Negro, Mendoza, Catamarca, La Rioja y hasta en Jujuy, todas cateadas y entregadas por la CNEA. Lo sufren hasta en Formosa, donde fue a parar increíblemente la planta de Dioxitek, siendo el lugar más distante de toda la argentina para conectar el circuito de la extracción con el de la operación en el reactor. Están Embalse y las Atuchas operativas en Zárate, en total son tres reactores de potencia (con decenas de incidentes y denuncias de contaminación). A ello se le suma el proyecto CAREM que se puede diseminar como una peste en las poblaciones pequeñas y medianas del interior del país”.
Oposición a la instalación de la Central Atucha III
Desde el Movimiento Antinuclear Zárate-Campana también se refirieron a la posible instalación de la central nuclear Atucha III, que sería la tercera en la localidad de Lima y la cuarta en el país
“Pero el problema más grave será el Hualong One, la nueva central nuclear que busca instalarse en nuestro Partido. Desde la época de Cristina Kirchner hasta el G20 de Mauricio Macri, el Estado Chino lo propuso con insistencia como la llave de negociación de un macro acuerdo. No importaba si Argentina estaba cada vez más incapacitada financieramente, porque justamente no están buscando un puñado de miles de dólares más en su balanza comercial. Pensemos que mucho más importante para ellos es ingresar en la región y qué mejor que abrir esa puerta mediante el condicionamiento político que le garantice la supervivencia financiera a la Argentina. La base de Neuquén, los reactores y el 5G son los pilares en la geopolítica que despliega China en Argentina y alrededor del globo antes de negociar el resto. La principal amenaza que genera el cambio climático son las más de 400 centrales nucleares que al necesitar refrigeración constante, la mayoría de ellas se encuentra a orillas de ríos, mares y lagos inundables. Si el cambio climático es una realidad en marcha, tal cual lo reitera como argumento el lobby nuclear, deberían salir corriendo a intentar desmantelar centenas de reactores en lugar de proponer emplazar cada vez más. No es necesario que el agua llegue hasta el techo de un reactor para que suceda lo peor. Un reactor abandonado es un accidente y en un escenario de crisis multisistémica donde hay una variedad de frentes que atacar en simultáneo son muchas las situaciones en la que esto puede ocurrir (zona inundada, falta de mantenimiento, caída de la infraestructura energética, falta de presupuesto). Nadie es capaz de imaginar en el futuro a una población peleando por contener la enorme cantidad de material radioactivo que hemos dejado, en el caso de Zárate, acumulado a orillas de Paraná. Nosotros sí. Si las proyecciones del cambio climático se cumplen, la industria nuclear se convertirá en una sentencia de muerte para todo el planeta. Y por eso dedicamos nuestro mejor esfuerzo a intentar dejarle un mejor mañana a las generaciones que vienen”, concluyeron desde el Movimiento Antinuclear Zárate- Campana en su documento por los diez años de vida.








