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José de San Martín: La trayectoria del Gestor de la emancipación sudamericana

Como cada 17 de agosto, se conmemora la muerte del General José de San Martín, prócer máximo de nuestro país. Libertador de Argentina, Chile y Perú, su figura simboliza el compromiso y el coraje en la conquista de la libertad y la independencia de los pueblos.

José de San Martín nació el 25 de febrero de 1778, en Yapeyú, Corrientes, donde su padre ejercía las funciones de teniente de gobernador. En 1781, la familia San Martín se estableció en Buenos Aires y a fines de 1783 se trasladó a España. Después de realizar estudios elementales en Málaga, se incorporó en 1789 como cadete al Regimiento de Murcia, del arma de infantería.
Mientras formó parte del ejército real combatió inicialmente en África contra los moros y después lo hizo en Europa, en guerras sostenidas con Francia, Inglaterra y Portugal. Esto determinó su participación en treinta y una acciones bélicas. Por su actuación en la batalla de Bailén, donde resultaron vencidas las tropas invasoras del emperador Napoleón I, fue ascendido al grado de teniente coronel y condecorado con medalla de oro.
Por este tiempo se vinculó a otros jóvenes americanos, residentes en la Península, que forjaban planes de independencia política para las respectivas regiones de su nacimiento. En 1811, pidió y obtuvo su retiro del ejército real, dejó España por la vía de Portugal y se trasladó a Londres, donde esperaba concretar su propósito de pasar a América. San Martín y otros rioplatenses desembarcaron el 9 de marzo de 1812 en Buenos Aires.
SU ARRIBO A BUENOS AIRES
Contribuir a la independencia de los pueblos americanos era la alta misión que lo había impulsado a retornar a la tierra de su nacimiento.
A poco de su llegada, el Triunvirato le confió la organización de un escuadrón de caballería, que en pocos meses se constituiría en la base del Regimiento de Granaderos a Caballo, que tuvo una actuación inicial defendiendo las riberas del Paraná de las incursiones de los marinos de Montevideo, que se había pronunciado contra la revolución. Poblados desprotegidos como el de Zárate, San Pedro y San Nicolás ya habían sido presa de saqueos. En ese contexto es cuando, el 3 de febrero de 1813, San Martín, al frente de 120 granaderos, obtuvo su primera victoria en tierra americana al derrotar en San Lorenzo, cerca de Rosario, a 250 infantes desembarcados de una expedición fluvial. El combate duró quince minutos y en su transcurso el jefe criollo estuvo a punto de perder la vida al quedar aprisionado por su caballo herido.
El Ejército del Norte había sido creado por el gobierno revolucionario en 1810 para afirmar su autoridad y consolidar el movimiento independentista hasta las fronteras con el Virreinato del Perú.Al mando de Manuel Belgrano, vencedor en las batallas de Tucumán y Salta, penetró en 1813 en el Alto Perú (actual Bolivia), donde sufrió los reveses de Vilcapugio y Ayohuma. Mientras las fuerzas militares derrotadas retrocedían hasta Salta para reorganizarse, el gobierno de Buenos Aires decidió socorrerlas con el envío de refuerzos al mando del coronel San Martín. Este asumió el mando del Ejército del Norte el 29 de enero de 1814, tras disponerse el relevo del general Belgrano.
El nuevo jefe, que estableció sus cuarteles en Tucumán, se dedicó a reorganizar y disciplinar el ejército que se le había confiado, para lo que se valió de sus amplios conocimientos militares. Se hallaba dedicado a tan importante tarea cuando un grave deterioro de su salud lo obligó a pedir licencia, que le fue concedida. Pasó entonces a Córdoba, donde el descanso y los cuidados médicos contribuyeron a mejorar su estado.
Mientras se hallaba en el Norte, San Martín llegó al convencimiento de que por ese solo camino no se lograría derrotar a las fuerzas del virrey del Perú que ocupaban el Alto Perú. En su concepto, era necesario abrir un segundo frente por el océano Pacífico y avanzar sobre Lima para que las tropas virreinales se retirasen a fin de acudir en defensa del territorio peruano amenazado. Mientras esto no sucediese, el Ejército del Norte y la defensa de la frontera con el Alto Perú quedarían a cargo de Martín Miguel de Güemes y sus milicias gauchas.
El 10 de agosto de 1814, el director supremo Posadas designó a San Martín gobernador intendente de la Provincia de Cuyo. Llevaba San Martín dos meses en el gobierno de Cuyo cuando cayó el régimen independentista de Chile a manos de las tropas enviadas por el virrey del Perú. Esto determinó que el Libertador replantease su plan de acción militar, lo que lo llevó a formar un ejército para cruzar la cordillera de las altas montañas a fin de liberar Chile y, conseguido esto, hacer otro tanto con el Perú. Luego que su plan fuera aprobado por el gobierno, San Martín repartió su tiempo en ejercer el gobierno civil de Cuyo y en organizar el Ejército de los Andes.
De maneras tranquilas y modales que revelaban esmerada educación, según los momentos era dicharachero y familiar, severo y parco, optimista y dispensador de ánimo para quienes lo habían perdido o vacilaban. Profundamente reservado y caluroso en sus afectos, de él dijo Mitre que “era observador sagaz y penetrante de los hombres, a los que hacía servir a sus designios según sus aptitudes”.
SU GRAN HAZAÑA: EL CRUCE DE LOS ANDES Y LA LIBERACION DE CHILE
Concluida la preparación del Ejército de los Andes, a mediados de enero de 1817 se inició el cruce de la cordillera, que parecía una misión casi imposible para una masa militar en campaña. Traspuestas las montañas, las tropas libertadoras vencieron en Chacabuco (12 de febrero), victoria que les dejó libre el camino de Santiago, la capital de la antigua Capitanía General de Chile.
Tres días después, se reunió en la mencionada ciudad una representación de hombres notables, la cual designó al Libertador para que fuera el máximo magistrado político del país. Como San Martín declinó ese honor, entonces se escogió al brigadier O’Higgins, con el título de director supremo, para regir los destinos del país hermano. Al asumir el cargo, el patriota chileno dirigió al pueblo una proclama en la que dejaba constancia de que “los hijos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, de esa nación que ha proclamado su independencia como fruto precioso de su constancia y patriotismo, acaban de recuperaros la libertad”.
Con motivo de la victoria de Chacabuco, el Cabildo de Santiago obsequió al general San Martín la suma de diez mil pesos. El héroe declinó el regalo y a la vez solicitó al ayuntamiento que lo destinara a fundar una biblioteca nacional, para que el pueblo, decía en una nota, “se ilustre en los sagrados derechos que forman la esencia de los hombres libres”. Las tropas realistas que aún permanecían en el sur de Chile fueron reforzadas desde el Perú e iniciaron un avance sobre Santiago. En la noche del 19 de marzo de 1818 lograron sorprender en Cancha Rayada al ejército unido de argentinos y chilenos, que se dispersó parcialmente. San Martín rehízo sus efectivos y el 5 de abril siguiente obtuvo un gran triunfo en la batalla de Maipú.
La victoria de Maipú tuvo enorme importancia, no sólo militar sino también política, por su gran repercusión en todo el continente, llevando esperanzas a los pueblos aún dominados y causando a la vez halagüeños augurios por sus derivaciones en la política europea.
Poco antes de concluir 1818, el Congreso de las Provincias Unidas reconoció el nuevo Estado de Chile, cuya independencia había sido declarada al comenzar el año. Con esa decisión se confirmaba uno de los fines de la campaña dirigida por San Martín: éste era un liberador de pueblos, no su dominador.
Asegurada la independencia de Chile, San Martín organizó el Ejército Libertador del Perú, integrado por argentinos y chilenos. La expedición, que partió en de agosto de 1820, y poco después anunció al pueblo peruano que había llegado la hora de su liberación.
El jefe rioplatense inició en ese lugar su campaña, coronada con su entrada en Lima el 10 de julio de 1821 y el 28 proclamó la independencia peruana en la Plaza Mayor de Lima.
San Martín ejerció funciones de gobierno con el título de Protector de la Libertad del Perú. Entre sus realizaciones cabe recordar las siguientes: creó la bandera y el himno de la nueva nación; fundó la Escuela Normal y la Biblioteca Nacional, a la que donó sus libros; decretó la libertad de los hijos de esclavos nacidos después de la declaración de la independencia y extinguió los tributos que pagaban los indígenas. Mientras continuaban las acciones militares contra las fuerzas realistas, formó la primera escuadra peruana y el ejército nacional.
Después de entrevistarse en la ciudad ecuatoriana de Guayaquil, en julio de 1822, con el Libertador del Norte, el general Simón Bolívar, San Martín prefirió abandonar el campo de su gloria con un renunciamiento ejemplar antes que claudicar en sus principios de libertador de pueblos.

Como cada 17 de agosto, se conmemora la muerte del General José de San Martín, prócer máximo de nuestro país. Libertador de Argentina, Chile y Perú, su figura simboliza el compromiso y el coraje en la conquista de la libertad y la independencia de los pueblos.

El exilio y la muerte del héroe

Estas circunstancias lo decidieron trasladarse a Europa para dar a su hija una educación esmerada. Padre e hija partieron de Buenos Aires en febrero de 1824, aunque el Libertador esperaba regresar prontamente.
Durante el tiempo que permaneció en el Viejo Mundo mantuvo contacto epistolar con amigos residentes en América, estuvo por breve lapso en Londres y después fijó su domicilio en Bruselas, además de hacer varios viajes y visitas.
Mientras su hija continuaba sus estudios en Bruselas, decidió retornar a Buenos Aires para atender sus asuntos personales, en particular los de carácter económico. Alentado por la convicción de que hallaría a sus compatriotas en paz, se embarcó a fines de 1828, pero al pasar por Río de Janeiro tuvo noticias del movimiento revolucionario iniciado en Buenos Aires por el general Juan Lavalle, su antiguo subordinado, y del posterior fusilamiento del gobernador legítimo, coronel Manuel Dorrego. Estos hechos determinaron que el Libertador decidiera no desembarcar en la capital porteña, permaneciendo a bordo del buque que lo había traído, y hacerlo en Montevideo. Hasta allí llegaron delegados del general Lavalle para ofrecerle el mando militar y político de la provincia de Buenos Aires.
Tras rechazar la proposición, San Martín escribió una carta al jefe revolucionario en la que le decía: “Sin otro derecho que el de haber sido su compañero de armas, permítame usted, general, le haga una sola reflexión, a saber: que aunque los hombres en general juzgan de lo pasado según su verdadera justicia, y de lo presente según sus intereses, en la situación en que usted se halla, una sola víctima que pueda economizar a su país le servirá de un consuelo inalterable, sea cual fuere el resultado de la contienda en que se halle usted empeñado, porque esta satisfacción no depende de los demás sino de uno mismo “.
EL LARGO OSTRACISMO
Consecuente con su principio de no involucrarse en contiendas facciosas, el 17 de abril se marchó de Montevideo para regresar a Bruselas pasando, previamente, por Inglaterra y Francia. El ostracismo que el héroe se impuso al alejarse por segunda vez de las tierras rioplatenses no tenía carácter definitivo en su sentir íntimo.
San Martín y su hija dejaron Bruselas y a fines de 1830 se instalaron en una modesta residencia de campo situada a las afueras de Paris.
El 13 de diciembre de 1832, la hija del Libertador contrajo matrimonio con Mariano Balcarce, joven porteño que residía en Europa. Poco después, San Martín adquirió su vivienda de Grand Bourg, que habitó entre1834 y 1848 con su hija, su yerno y sus nietas. Hasta allí llegarían para visitarlo compatriotas como Domingo Faustino Sarmiento y Juan Bautista Alberdi; su antiguo subordinado el general inglés Guillermo Miller y chilenos o peruanos empujados por el afán de conocer al libertador de sus respectivas patrias.
El largo ostracismo del héroe no le impidió seguir atentamente la marcha de su tierra nativa, así como sentirse vigía y custodio de la independencia americana. Por ello, no vaciló en tomar posición cuando el jefe de la flota francesa de estación en el Atlántico Sur decretó el bloqueo del puerto de Buenos Aires y del litoral perteneciente a su soberanía. Bien se daba cuenta San Martín de que ese bloqueo no era causa de un conflicto, sino consecuencia de una política agresiva y atentatoria de la soberanía americana.
San Martín podía hablar con libertad y firmeza porque su pensamiento y su acción estaban irrevocablemente unidos a quienes ponían vida, haberes y fama al servicio de la libertad de las nuevas naciones. Así lo dijo por este tiempo al escribir a su amigo Tomás Guido: “Usted sabe que yo no pertenezco a ningún partido; me equivoco, yo soy del Partido Americano”.
SU MUERTE
En 1848, debido a la agitación reinante en gran parte de Francia, San Martín dejó Grand Bourg y, acompañado por su familia, se trasladó a Boulogne-sur-Mer. Desde allí resultaría más fácil y rápido pasar a Gran Bretaña.
En Boulogne-sur-Mer, a las 3 de la tarde del 17 de agosto de 1850, falleció José de San Martín. Se hallaban a su lado su familia.
En 1880, los restos del Padre de la Patria fueron trasladados desde Francia a Buenos Aires para ser depositados en el mausoleo que al efecto se erigió en la Catedral. Figuras simbólicas que representan a la Argentina, Chile y Perú le rinden guardia permanente.
De San Martín se puede afirmar que sólo ambicionó una cosa: la libertad de América. Renunció a la gloria y envainó su sable, que nunca usó para avasallar naciones.

Hoy a las 16 habrá un acto para recordar a San Martín en la plazoleta contigua al Municipio.