
El Gobierno nacional tiene por delante una serie de pasos cruciales para que a fin de año comience la construcción de la cuarta central nuclear, Atucha III, con financiamiento de China.
Luego de la firma del contrato comercial a comienzos de la semana pasada, antes del viaje presidencial al gigante asiático, los países deben avanzar con el contrato financiero, que definirá bajo qué condiciones una serie de bancos chinos van a fondear el proyecto.
A la vez, hay un proceso administrativo interno del Estado nacional que obliga a presentar todos los detalles de la central, al tiempo que ya comenzó el análisis de impacto ambiental y el estudio de suelo para obtener de parte de la Autoridad Regulatorio Nuclear argentina la autorización para la construcción. Asimismo, la CNEA debe cerrar un acuerdo de transferencia de tecnología de parte de China.
Cabe señalar que respecto a lo que es el terreno donde se instalará la nueva planta, ya está todo definido y a disposición del gobierno nacional, quien a partir de un decreto municipal y una ratificación del Concejo Deliberante expropió, en el año 2015, los terrenos donde se ubicaría la nueva central. Tal medida gubernamental con carácter de “expropiación de interés público”, al tratarse de una nueva planta de energía, faculta a la empresa Nucleoeléctrica Argentina, como administradora, a promover los respectivos juicios de expropiación y tomar posesión de los bienes expropiados.
El financiamiento de los gastos de la expropiación será atendido dentro del presupuesto destinado por la empresa para el proyecto de la cuarta central nuclear.
Respecto al proyecto, se tratará de la inversión más ambiciosa del país asiático en territorio nacional, por un monto de 8.300 millones de dólares.
La central contará con un reactor de tipo Hualong, de diseño chino, que utiliza uranio enriquecido como combustible y agua liviana como refrigerante y moderador. Es una tecnología poco conocida por Argentina, a diferencia de las centrales tipo CANDU.
El proyecto de la cuarta central nuclear está en carpeta desde hace diez años. En 2014 y 2015 se firmaron acuerdos para la construcción de dos centrales nucleares de potencia. La idea era que la primera central a construir fuera de tipo CANDU, en donde la industria nuclear nacional tiene experiencia a partir de la central Embalse.
Además, habría otra central con un reactor nuclear de tecnología de uranio enriquecido y agua liviana de diseño chino. Para el país asiático, ingresar a América latina a través de la venta a la Argentina, primer país de la región en desarrollo nuclear, con un reactor de diseño propio, representa una oportunidad muy importante como estrategia global.
En cuanto al aspecto financiero, el proyecto tiene un costo completo de 8300 millones de dólares, de los cuales se busca que China financie la totalidad, a diferencia del proyecto inicial, que apuntaba a un fondeo del 85 por ciento del presupuesto.
De todas maneras, uno de los pasos más importantes que resta concretar es el contrato financiero, en donde se definirá qué bancos chinos participan de la operación, las tasas de repago y el plazo de gracia, que se espera que abarque a todo el período de construcción de la central.








