Con el rosa de sus flores desplegadas a pleno, los cientos de ejemplares de palo borracho se desparraman por toda la ciudad . Estamos en febrero, es su momento del año para este espectáculo a cielo abierto, que nos ofrece la naturaleza cada año en plazas, veredas, jardines que hace disparar las cámaras de los teléfonos celulares y deleita a los vecinos observadores de la naturaleza.
El Ceiba speciosa -ése es su nombre científico- es fácilmente distinguible de los otros árboles que crecen en la Ciudad. Se lo reconoce fácilmente por sus abundantes flores, en su mayoría de color rosa, aunque existen unos pocos con flores blancas y también amarillas. Y también por otra de sus características: el verde de sus ramas y su tronco, cubierto de espinas, que desarrolla una forma redondeada, parecida a una botella, y de ahí su nombre: “palo borracho”.
Según el folklore nacional, la forma del árbol representa el cuerpo femenino y sus transformaciones reflejan los cambios que se producen en el tránsito de la juventud a la vejez.
En los inicios de la vida, el tronco es esbelto y vigoroso, y en su adultez sus formas se tornan más redondeadas y engrosadas hasta registrar grietas en algunas partes de su estructura y un crecimiento reposado en su edad madura.
Esta especie, de magníficas cualidades estéticas, provienen de diferentes regiones y, más allá de la variedad en la tonalidad de sus flores, presentan otras características que las diferencian. Originario de los bosques tropicales y subtropicales de Sudamérica, su distribución natural incluye zonas del sur de Brasil, del este y sudeste de Paraguay, y del noroeste de Argentina. Sus flores, de gran tamaño, están dispuestas en grupos poco numerosos o son solitarias y sus pétalos, de aproximadamente 10 centímetros de largo y bordes levemente ondulados.
Parte fundamental de nuestra flora autóctona, en el norte del país, algunas tribus lo llamaban directamente “mujer” o “madre pegada a la tierra”. Y según el costumbrismo folclórico, representa a un cuerpo femenino.
Pertenece a la familia de las Bombacáceas, la misma de los baobab africanos que se muestran en “El Principito” de Antoine de Saint-Exupéry.
Algunos se pueden ver en las veredas, pero en general, por su importante tamaño y desarrollo, su hábitat es en las plazas.









