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La obra Atucha III está retrasada y buscan mantener el empleo de 570 obreros

Sede de la UOCRA en Zárate, ubicada en calle Rivadavia 1423.

La construcción de una nueva central nuclear en Lima es uno de los proyectos más grandes que la Argentina firmó con China en los últimos años. Contempla, precisamente, la construcción de la cuarta central nuclear en el país con una inversión del gigante asiático de 8.300 millones de dólares. Será una planta de generación eléctrica con un fuerte impacto también en la generación de empleo, pero los detalles todavía no resueltos del contrato despiertan múltiples interrogantes que no se pueden responder.
Días antes del viaje de Alberto Fernández a Beijing en febrero, donde firmó la adhesión de la Argentina a la llamada nueva “Ruta de la Seda”, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, participaba de la firma entre Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) -la empresa que gestiona las centrales nucleares en el país- y la Corporación Nuclear Nacional de China (CNNC).
Allí acordaron construir la cuarta central nuclear de la Argentina en un plazo de ocho años con una financiación china del 85%, a devolver en un plazo de 20 años y una vez que la central se hubiese puesto en marcha. La realidad económica del país hizo que de ese 85% ahora el Gobierno esté negociando el desembolso del 100%.
Si bien las negociaciones de ampliación del crédito están en marcha, no estarían cerca de concretarse. Es así que NASA y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) ya empiezan a pensar que el inicio de la obra puede retrasarse. Lo mismo sucede con la otra veintena de proyectos que la Argentina firmó con China en el último año. Todos ellos no tuvieron avances y siguen negociando etapas técnicas o de factibilidad.
Otro de los interrogantes que se plantean es si la tecnología que tendrá Atucha III es compatible con la de la Argentina, y en todo caso, en qué porcentaje se producirá la transferencia de tecnología para no tener una gran dependencia de terceros países, en este caso con China.
El funcionamiento de las plantas nucleares del país se pensó en la década del 60, y se estipuló que las centrales funcionen con uranio natural y agua pesada, por la posibilidad de acceso y generación de estos dos elementos de combustible. Así es como lo hacen Atucha I, II y Embalse, las tres centrales nucleares en el país.
Sucede que el Hualong One, el reactor nuclear elaborado por China y que será el que funcione en Atucha III, funciona con uranio enriquecido y agua liviana. Hoy, la Argentina no tiene la capacidad de generar uranio enriquecido. Si bien desde el Gobierno aseguran que eso no es un problema, la dependencia de este combustible enciende las alarmas vinculadas a la balanza comercial internacional. Pero esta dependencia enciende otras alarmas que también están relacionadas a la transferencia de tecnología por parte de China ya que, según expertos, al ser un contrato cerrado “llave en mano” dificulta la transferencia de tecnología y conocimiento.
Según anticiparon, el Gobierno analiza los mecanismos para destrabar las cuestiones de factibilidad que demoraron el proyecto y no permiten la primera llegada de dólares del financiamiento chino para empezar con la construcción de la nueva central nuclear, tal como tenían planeado hacer para comienzo del 2023. Pero la idea de un retraso ya es un hecho.

Sede de la UOCRA en Zárate, ubicada en calle Rivadavia 1423.