La Argentina firmó un contrato comercial con China en febrero del año pasado para empezar a construir una nueva central nuclear a comienzos de 2023 y durante 7 años que durará el plazo de obra.
El contrato de la obra fue firmado en febrero de 2022 por la empresa estatal Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NASA) y la Corporación Nuclear Nacional China (CNNC). Se trata de un contrato del tipo “llave en mano”, presupuestado en US$8300 millones a pagar en 20 años, contado desde el momento en que la central se ponga en funcionamiento y empiece a generar energía y plantea darle trabajo a 7 mil trabajadores, en el pico de obra. Sin embargo, la obra no ingresó en el presupuesto de este año, las relaciones comerciales con China se encuentran “enfriadas” y el propio proyecto ingresó en un mar de incertidumbres, como así también la vida de muchos trabajadores que aguardan la obra en función de los anuncios oficiales del gobierno.
“La cuarta central no está contemplada tampoco para el año entrante. Se desfinanció el proyecto. No obstante, apostamos a que la obra se termine haciendo dado que se trata de un emblema para el país y solucionaría la situación laboral de muchos compañeros. Aparate, nos permitirá seguir creciendo en oficios y en capacitación en el ámbito nuclear”, declaró Julio González, titular de la Uocra Seccional Zárate en función de la situación contractual de Atucha 3 y el convenio con China.
Por lo tanto, “suspendido” el acuerdo con China, por la política internacional del propio gobierno nacional, los cañones de Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA) apuntan a Atucha 1, ya que Atucha 2 se encuentra fuera de servicio.
Falla en Atucha II
El 9 de octubre de 2022 la Central Nuclear de Atucha 2 salió de servicio debido a una “detección de vibraciones de turbina”, según notificó la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN).
El 23 de ese mismo mes, y en una inspección dentro del reactor, se detectó una “pieza fuera de su posición original de montaje”, denominada “separador”. El mismo, consiste en un disco de acero de 160 mm de diámetro y 90 mm de alto. Se trata de uno de los cuatro soportes internos del reactor de Atucha II, que quedó “suelto en el fondo”.
La empresa Nucleeoléctrica está planificado dos caminos para resolver el problema sumamente complejo. Por un lado, una opción es abrir el reactor y soldar la pieza o, en su defecto, extraerla y seguir operando con los otros tres soportes.
De escogerse la primera opción, la salida de servicio de la central podría extenderse por más de un año. No obstante, desde NA-SA se confía en apelar exitosamente a la segunda alternativa. Para ello ya realizaron contrataciones de personal especializado proveniente del exterior. La última palabra, de todos modos, la tendrán los técnicos de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN).
Lo concreto que, pasado ya casi cuatro meses la empresa debe tomar una decisión ya que la planta está parada, sin entregar energía a la red.
Desde su nacimiento mismo, Atucha II siempre ha sido la más problemática de las tres centrales nucleoeléctricas con las que cuenta el país. Debe recordarse que el complejo comenzó a construirse en 1984, pero la obra se frenó en 1994 y recién se retomó en 2006, prácticamente con los mismos materiales. Incorporada al Sistema Interconectado Nacional (SIN) en 2014, la planta no posee los altos índices de confiabilidad que presentan Atucha I y Embalse, sino que suele registrar complicaciones operativas.
Las particularidades de su ingeniería no significan, por supuesto, que la central configure un riesgo para la seguridad general. “Sólo se traducen en recurrentes paradas imprevistas y, por lo tanto, en un menor aporte de electricidad al sistema”, aclaran técnicos de la empresa.









