La Sociedad Protectora de los Pobres en la escena pública (1889-1909).
Una mirada desde la clase y el género.
Por Sergio Daniel Robles (adelanto de libro)
En poco tiempo estará a disposición del público un nuevo libro de Sergio D. Robles. En esta ocasión el tema que aborda es la tensión entre clase social y género, a través del análisis de una de las instituciones pioneras de participación femenina en la escena pública en nuestra comunidad, la Sociedad Protectora de los Pobres, entidad responsable de la creación y administración del primer Hospital con que contó la ciudad a finales del siglo XIX.
A continuación se reproduce un extracto de su Introducción:
“La Sociedad Protectora de los Pobres se había organizado a partir de un grupo de mujeres perteneciente a los sectores acomodados de la sociedad zarateña. Su tarea de beneficencia respondió a los cánones vigentes de la época, como expresión de una determinada definición de jerarquía entre hombres y mujeres, quienes actuaban de acuerdo a lo que les estaba permitido y delimitado por una sociedad patriarcal cimentada a lo largo de los siglos.
Fue en el seno de las instituciones de ese tipo donde, inicialmente, las mujeres de la élite desarrollaron un rol social activo en un espacio que podía ser percibido como prolongación del hogar, reproduciendo vínculos familiares y sociales.
El caso de Zárate se sumaba a un fenómeno que había comenzado a manifestarse por la misma época en otros pueblos del interior bonaerense. Los antecedentes y el modelo que guiaron al conjunto de acciones vinculadas al escenario público podían reconocerse en la Sociedad de Beneficencia de la ciudad de Buenos Aires, constituida en 1823, en el marco de las reformas que había impulsado Bernardino Rivadavia durante su ministerio bajo la gobernación de Martín Rodríguez.
El análisis de la trayectoria inicial de las mujeres que integraron la Sociedad Protectora de los Pobres de Zárate nos permitirá observar diversas situaciones que hacen necesario ponerlas en relieve. Una de ellas, se refiere a poder identificar, con mayor precisión, la pertenencia a los diferentes segmentos dentro de lo que hemos denominado “sectores acomodados” o “notables” de la sociedad. Ese conocimiento será posible a partir del análisis de las características del grupo de pertenencia familiar y, con ello, la extensión y los límites de la participación femenina en el escenario público. En otras palabras, su actuación deberá ser considerada dentro del contexto social en el que se movieron, siempre teniéndolas como acreedoras de una serie de ventajas vinculadas a su posición social, por ser esposas, hijas o hermanas de los personajes de notabilidad de la localidad.
En segundo lugar, y evitando caer en el peligro de anacronismos, proponemos considerar las tareas realizadas por estas mujeres no solo como un “derecho u obligación de su clase” sino como el inicio de un camino de participación pública, promoviendo consecuencias no deseadas de la acción. De este modo, intentamos poner en diálogo las perspectivas de clase y de género y evaluar sus alcances, considerando la ocupación de determinados espacios dentro del proceso ya indicado.
Desde una mirada de clase, las damas de la Sociedad Protectora vinieron a desempeñar un papel construido históricamente y asignado a las mujeres pertenecientes a las élites, y no, propiamente, por su condición de mujeres; desde una perspectiva de género, y por lo tanto, también producto de una construcción social, ellas fueron expresión cabal de un conjunto de valores y creencias acerca del comportamiento que marcaba los ámbitos entre lo femenino y lo masculino y de las relaciones establecidas entre ellos.
En ese sentido, es necesario destacar que la actitud asumida por este grupo que representaban un estilo de vida y valores burgueses, contrastaba con el activismo militante y rupturista de las organizaciones feministas que habían comenzado a aparecer en Europa, Estados Unidos y Argentina a finales del siglo XIX. Aunque la prédica de éstas últimas comenzó a manifestar su influencia en la agenda política a través de la discusión de una serie de demandas, por entonces, de carácter electoral y laboral, quienes integraron la Sociedad Protectora de los Pobres de Zárate se mostraron reacias a cualquier identificación con aquellos movimientos, como lo evidencia su rechazo a una invitación para incorporarse al Consejo Nacional de Mujeres de la ciudad de Buenos Aires, en octubre de 1901.
Si observamos este proceso a lo largo de un siglo se hace visible el camino transitado en pos de la igualdad de derechos, del reconocimiento social, de los logros alcanzados y las cuestiones pendientes.









