Trayendo a la memoria algunos espectáculos relacionados con el tango que se llevaron a cabo en el Anfiteatro “Homero Expósito” (hoy denominado también Virgilio Expósito) durante la primera mitad de la década del ’90, recordaré a uno que fue inédito e irrepetible que se concretó en 1991. En el comienzo de aquel año, una Comisión de tango de aquel entonces, respaldada por la Municipalidad, y la Dirección Municipal de Cultura a mi cargo, nos propusimos el objetivo de organizar otro festival de tangos en el mes de marzo, como había ocurrido en el ’88 y en el ‘89. Pero, también se pensó que era fundamental que, como en otros festivales realizados en distintas zonas del país, el nuestro tenía que tener su concurso de cantores.
Existía, además, entre los apasionados tangueros, que habían trabajado en los otros proyectos, una interesante idea, difícil de concretar pero no imposible: realizar un homenaje a los desaparecidos maestros de Zárate y Campana, el bandoneonista Armando Pontier y el violinista Enrique Mario Francini, recreando la orquesta que ambos habían conformado entre el año 1945 y el año 1955. Una de las mejores orquestas que tuvo el género, según la indiscutible opinión del pianista, compositor y director Atilio Stampone.
Los miembros de la Comisión organizadora, con la participación personal del Intendente Arrighi y la especial intervención del pianista y compositor campanense Héctor ‘Chupita’ Stamponi, activo aún para esa época, juntamente con la Dirección de Cultura, trabajamos afanosamente para obtener los recursos necesarios para financiar este nuevo objetivo, y, por supuesto, reunir a quienes podían facilitar datos para concretar la formación de la agrupación orquestal con el mismo estilo de aquella de la década del ’40. Y la responsabilidad de llevar a cabo tan ambicioso proyecto recayó sobre uno de los integrantes de aquella formación que aún seguía en actividad, el bandoneonista Nicolás Paracino, que había formado parte de la orquesta desde sus comienzos y que después siguió con la que dirigió solo Pontier. El músico, que conocía, como nadie, la trayectoria de la agrupación, gustoso se abocó a la tarea de buscar los arreglos musicales y a los músicos que reemplazasen a los originales, y, muy especialmente, a quien fuese un digno ejecutante de violín, capaz de emular al virtuoso Enrique Mario Francini. El mismo Paracino reemplazaría al codirector del conjunto, el zarateño Armando Pontier. El otro integrante convocado para este proyecto fue uno de los cantores de la inolvidable dupla: Alberto Podestá.
Paralelamente a las tareas para la concreción del ambicioso objetivo, el maestro Virgilio Expósito se dedicó a la preparación del certamen de cantores (voces masculinas y voces femeninas) elaborando un minucioso reglamento.
Los músicos seleccionados, con la dirección de Paracino, se reunieron durante varias semanas en la sala de ensayos de la Asociación del Profesorado Orquestal (APO), ubicada en Sarmiento 1676 de Capital Federal, para ajustar la sonoridad de la orquesta de los recordados maestros.
Y el 23 de marzo de 1991, el imaginario telón del anfiteatro volvió a levantarse para que Antonio Carrizo, Oscar Izurieta y Mario Montanari dieran paso a: Luis Tedesco con su conjunto; a los ya conocidos Amado, Di Rino y Etulain (esta vez con Faina y Pinedo); a los vocalistas locales Francisco Brito y Luis Vernet (Monopoli); al conjunto Folklórico Municipal, dirigido por Griselda y Jacinto Cesario, en su primera coreografía tanguera; al “Trío 90” de la Ciudad de Olavarría; al poeta Héctor Negro; a los cantores de la orquesta de Pontier, Roberto Florio y Luis Correa; a la última ronda del certamen de cantantes, y al esperado gran final: la impecable actuación de la recreada orquesta de Francini y Pontier con la voz de Podestá que, con los primeros acordes, hizo vibrar los corazones de aquellos que habían bailado al compás de tan inconfundible estilo. “Parecía que tenía a Francini y a Pontier detrás de mí”, fue el comentario posterior de Alberto Podestá.
Aquella culminación, como se suele decir: “a toda Orquesta”, quedó grabada en el recuerdo de los aficionados al tango y en un video, y el comentario de ese acontecimiento sin precedente se prolongó durante varias semanas en Zárate, Campana y en la misma Capital Federal.
Lamentablemente aquella formación orquestal, que sonaba casi como la original, no tuvo la oportunidad de volver a presentarse en público, a pesar de los intentos que se hicieron para procurar alguna actuación en algún canal de televisión capitalino.
La recreada orquesta de Francini – Pontier tuvo en aquella noche estival, en el Anfiteatro “Homero Expósito”, su debut y despedida.








