Con un emotivo evento, el pasado 4 de abril el jardín de infantes “Bambi”, ubicado en Manuel de la Torre 1169 celebró su 30º aniversario junto a la comunidad educativa.
La jornada de celebración contó con una merienda compartida en el patio de la institución, donde los presentes llevaron fotografías de antaño. LA VOZ dialogó con la propietaria y fundadora, Alicia Alemán, quien inició este proyecto que el año próximo cumplirá cuatro décadas en el garage de una vivienda.
Fue en el año 1984 cuando el jardín de infantes Bambi comenzó su larga trayectoria. Su primera sede fue la casa de la madre de Alicia, en Andrade 762 ya que el edificio donde funciona actualmente se encontraba en remodelación. Meses después harían la mudanza definitiva.
“Yo era maestra, directora y portera. La otra maestra que estaba conmigo era Graciela Madueño. En mayo, para la fiesta del 25 de Mayo nos mudamos. Faltaban pisos y muchas cosas que después se fueron haciendo de a poco, a pulmón con el apoyo de mi marido y de mis hijos”, cuenta Alicia, quien es maestra normal nacional y maestra jardinera. De hecho, es también una de las maestras que participó de la fundación del Jardín 903. Según recuerda, para esa institución recorrió más de 250 hogares junto a una compañera, para reunir la matrícula.
“Soy la segunda promoción de maestras jardineras del Instituto 15 de Campana, podría haber sido de la primera pero estuve enferma y ese año trataban de buscar qué era lo que tenía. Estoy contentísima con mi vocación porque me ha dado muchísimas satisfacciones. Encontré muchas amistades, cuando empecé me ayudó mucho Rosita García de Escolandia y la Hermana Carmen del Colegio Sagrada Familia, todo lo que aprendí en ese momento se lo debo a ellas porque me fueron guiando. Al ser chiquito el jardín, en ese momento había que hacer mucho papeleo y no estaba preparada”, expresa.
De aquellos años, recuerda que los padres de alumnos acudían a realizar tareas de manera colaborativa. Limpiaban el arenero, preparaban los juegos o ponían césped como si fueran una gran familia. De hecho, fue el pedido de la propia comunidad -al conocer el trabajo que había realizado en el Jardín 903- quien la inspiró para iniciar su proyecto propio.












